Escalofriantes testimonios de encuentros en persona con los "Hombres de Negro"
CR脫NICA FEN脫MENOS PARANORMALES聽El primer caso documentado. Evidencia de c贸mo act煤an estos extra帽os seres extraterrestres que caminan entre los humanos.
INFORME ESPECIAL
Por Bibiana Bryson
Investigadora, escritora, historiadora y conferencista
Directora de Exociencia Argentina
paranormal@cronica.com.ar
El primer caso documentado
El ejemplo m谩s conocido de la coacci贸n mencionada efectuada por estos hombres es el de Albert K. Bender. En septiembre de 1953, en Bridgeport, Connecticut, Bender, presidente de la Agencia Internacional de Platillos Voladores, era editor de una famosa revista sobre ovnis. Este anunci贸 en uno de sus n煤meros que publicar铆a una verdad que asombrar铆a al mundo ya que dec铆a conocer el origen de los extraterrestres, as铆 como la raz贸n de sus visitas a nuestro planeta. Este ejemplar jam谩s fue publicado, ya que Albert recibi贸 supuestamente la visita de tres hombres que confirmaron sus suposiciones y a帽adieron m谩s datos escalofriantes que hicieron que enfermara y no comiera durante varios d铆as.
En el n煤mero de Space Review publicado en septiembre de 1953, Bender dio a conocer dos cosas bastante sorprendentes. En primer lugar, declar贸 que el “misterio” de los platillos voladores estaba a punto de ser solucionado. Por lo com煤n, en aquella 茅poca se cre铆a que hab铆a una sola “clave” del misterio de esas naves extraterrestres y que todo ser铆a revelado cuando se descubriera esa “clave”. Las promesas de una pr贸xima soluci贸n seguramente eran cosa de todos los d铆as para los lectores de la revista. La segunda noticia result贸 m谩s asombrosa. Bender anunciaba que el misterio de los platillos voladores de hecho ya hab铆a sido “resuelto”, pero que la soluci贸n se manten铆a oculta por 贸rdenes de “una fuente superior”. Bender declar贸: “Advertimos a quienes se dedican al trabajo en torno a los platillos voladores que obren con mucho cuidado”. Despu茅s suspendi贸 misteriosamente la publicaci贸n de Space Review y disolvi贸 la agencia.
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Los amigos de Bender y sus compa帽eros aficionados a los ovnis quedaron pasmados ante estas acciones, pero al principio Bender se neg贸 a decirles por qu茅 hab铆a tomado medidas tan radicales. Algunas semanas m谩s tarde, Bender concedi贸 una entrevista a un peri贸dico local donde afirm贸 que hab铆a recibido una advertencia enf谩tica de que dejara de publicar su revista, por parte de “tres hombres con trajes oscuros”. Posteriormente, por alguna extra帽a circunstancia, estos personajes se convirtieron en “hombres con trajes negros”. Desde el principio, muchos de los que conoc铆an a Bender no creyeron su versi贸n. Sab铆an que Space Review y la Agencia Internacional de Platillos Voladores eran operaciones precarias que siempre estaban al borde de la ruina financiera, por lo tanto, supusieron que Bender hab铆a cerrado el negocio de los platillos voladores debido a falta de dinero o de tiempo (o ambos), pero que, queriendo ocultarlo, se invent贸 la historia de los tres hombres con el pretexto para retirarse. Era una salida m谩s dram谩tica. No obstante, exist铆a una interpretaci贸n diferente del asunto. En la d茅cada de los 1950, muchas de las personas interesadas en el mundo de los ovnis supon铆an que la Fuerza A茅rea o el gobierno trataban de encubrir “la verdad” acerca de este fen贸meno. Desde este punto de vista no resultaba del todo inveros铆mil que agentes vestidos con trajes oscuros fueran enviados para tratar de callar a quienes, supuestamente, conoc铆an la “verdad”. (“La verdad est谩 ah铆 afuera”). En efecto, los comentarios hechos por el propio Bender acerca de sus misteriosos visitantes apoyaban fuertemente la noci贸n de que se trataba de agentes del gobierno de los Estados Unidos.
El segundo caso
Otro caso de amenazas de los hombres de negro, quiz谩s mucho m谩s preciso que el de Albert Bender, es el de Eduard Christiansen, quien en noviembre de 1966 hab铆a visto un ovni, pero no fue hasta el 9 de enero de 1967 cuando, en su casa de New Jersey, un hombre extra帽o llam贸 a su puerta. Dijo pertenecer a la oficina de localizaci贸n de herederos, adem谩s de afirmar que el se帽or Christiansen hab铆a heredado mucho dinero.
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De inmediato Eduard se dio cuenta de que ese hombre era extra帽o. Med铆a unos 2 metros y ten铆a unos hombros muy anchos. Llevaba un largo abrigo negro de tela muy fina y un gorro de estilo ruso que, al quit谩rselo, descubri贸 que no ten铆a cabello. Describi贸 sus ojos como saltones y sincronizados entre s铆. Dijo tambi茅n que su perro empez贸 a ladrar sin cesar cuando vio a ese extra帽o personaje. Como he mencionado antes, Christiansen tambi茅n afirm贸 que ese hombre ten铆a una voz met谩lica.
Christiansen invit贸 a ese hombre a tomar asiento y le ofreci贸 algo de beber, cosa que 茅l rechaz贸. No obstante, Eduard explic贸 c贸mo ese hombre le dijo que en 10 minutos necesitar铆a beber un vaso de agua. Durante la entrevista, Christiansen pudo percatarse de que el rostro de su invitado se iba tornando m谩s y m谩s rojo, hasta que acab贸 pidiendo el vaso de agua, el cual bebi贸 de un trago junto con una p铆ldora amarilla. Esto pareci贸 devolverlo a su estado normal. Al marcharse, la mujer de Eduard se par贸 a observarlo atentamente. Pudo ver c贸mo al salir levantaba su mano derecha cuando, de repente, de entre las sombras emergi贸 un Cadillac negro del a帽o 1963 con las luces apagadas. La mujer de Christiansen dijo que se subi贸 al coche y se fue. Parece ser que no hubo amenaza alguna. No obstante, el matrimonio conoc铆a la historia de los hombres de negro y supuso que su avistamiento fue la causa de la visita, por lo que decidieron mantener ese encuentro en secreto durante un tiempo.
Herbert Hopkins
Fue en Maine, Estados Unidos, en septiembre de 1976, cuando el doctor Herbert Hopkins, de 58 a帽os, someti贸 a una regresi贸n hipn贸tica a los implicados en una abducci贸n OVNI, grabando magnetof贸nicamente sus testimonios y conservando unas monedas como prueba de los hechos.
Una noche en la que se encontraba solo en casa, recibe la llamada de un hombre que se identifica como el vicepresidente de la organizaci贸n de investigaciones ufol贸gicas de Nueva Jersey, solicitando una entrevista para discutir sobre el caso que llevan entre manos, que Hopkins acept贸.
La primera sorpresa surge cuando, al ir a encender la luz de la puerta de la casa para que la "visita" la encuentre m谩s f谩cilmente desde el estacionamiento, 茅sta se encuentra ya subiendo los escalones. M谩s tarde Hopkins comentar铆a que "no vi ning煤n coche, pero aunque el 'visitante' lo hubiera tenido, era imposible que llegara a mi casa con tanta rapidez desde el tel茅fono m谩s cercano". Y agrega: “Vest铆a con un traje completamente negro, perfectamente planchado, con la raya del pantal贸n tambi茅n perfecta, con sombrero y zapatos tambi茅n negros, pero la camisa era de un blanco inmaculado. Por su aspecto cre铆a que era el empleado de una funeraria. Sin sombrero vi que era completamente calvo y que no ten铆a ni cejas ni pesta帽as. Su palidez era cadav茅rica, y durante la conversaci贸n se frot贸 los labios, que eran de color rojo brillante, con los guantes, llev谩ndose con ellos el color, igual que si los llevase pintados".
Tras esto, y sin saber por qu茅, Hopkins contin煤a narrando la experiencia de sus pacientes y, al acabar, el "visitante" le pide que le deje una de las monedas relacionadas con el caso. 脡ste la toma entre sus dedos y le dice al doctor que mire atentamente a la moneda y no a 茅l. Poco a poco, la moneda se va haciendo cada vez m谩s borrosa hasta desaparecer por completo. En ese momento el "visitante" le dice: "Ni usted ni nadie m谩s en este planeta volver谩 a ver la moneda otra vez", recomend谩ndole a su vez que borre las cintas y abandone la investigaci贸n.
Tras charlar un rato m谩s sobre temas ufol贸gicos, Hopkins advierte que el visitante habla cada vez m谩s despacio, hasta que advierte: "Mi energ铆a se acaba, debo irme", se levant贸 y se fue vacilante hacia la puerta, bajando los pelda帽os de uno en uno y de manera poco segura.
Al poco tiempo Hopkins ve por la ventana un destello luminoso, una luz blanco-azulada totalmente distinta a la de los faros de un coche y, aunque ni lo vio ni lo oy贸, en aquel momento supuso que se trataba del coche del extra帽o, que se alejaba.
M谩s tarde, cuando regresaron su mujer y su hijo, fueron a examinar el camino, encontrando se帽ales en el medio de la calzada y que no pod铆an pertenecer a un coche. Al d铆a siguiente, las marcas ya no estaban. Alarmado por el incidente, el doctor intenta localizar la "organizaci贸n de investigaciones ufol贸gicas" de Nueva Jersey a la que el "visitante" dec铆a pertenecer, llegando al resultado de que tal instituci贸n no exist铆a. M谩s tarde y tras un extra帽o incidente sufrido por su hijo y su nuera el doctor Hopkins decidi贸 borrar las cintas y abandonar la investigaci贸n.
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