Las caras de la crisis económica: personas que se endeudan solo para poder comer
Estas historias tienen como protagonistas a seis personas diferentes, pero con una situación dramática en común, que es recurrir a un cÃrculo interminable de préstamos, muchas veces usurarios, para satisfacer necesidades básicas.
Llegar al limite de comer de prestado y entrar en un circulo vicioso e interminable de deudas que profundiza aún más sus penurias económicas. ParecerÃa tratarse de una historia de ficción y de terror, pero es el crudo presente que se asienta cada vez más firme en los sectores humildes, que acuden a lÃneas de crédito, en su mayorÃa usurarias, para llenar una heladera que se vacÃa rápidamente.
Mirtha tiene algunas frutas dispersas, pequeños sobrantes de guisos de dÃas anteriores y algunas botellas de agua. Es lo que quedó de una de las tantas compras que realizó en supermercados cercanos a su barrio Zavaleta, la cual abonó con tarjeta de crédito por un monto total de $200.000 que debe afrontar en las próximas semanas. Por si fuera poco debe resolver un compromiso monetario de 150.000 pesos, cuyo plazo vence el miércoles. "Soy pensionada por invalidez. Cobro la mÃnima y el problema que tengo es que debo el súper desde julio y hasta ahora no lo pude pagar. Además saqué préstamo para pagar cuentas y con el propósito de que no falte la comida", contó la mujer.
Habitualmente a la jubilada le restan 100.000 pesos de sus haberes por los descuentos de la moratoria y para afrontar los empréstitos requeridos. Una muy acotada suma para llevar adelante el mes, por eso implementó el sorteo de un juego de sábanas, siendo la venta de las rifas destinada a cumplir con el pago de los 150.000 pesos. Sin embargo, sólo vendió 9 números a 5.000 pesos cada uno. Pero no alcanza y la incertidumbre se agiganta, por no saber si podrá abonar la deuda, comer e incluso renovar su deteriorado zapato ortopédico izquierdo, que debe usar por una afección motriz.
Una dura realidad que se repiteEsta desoladora historia no le pertenece exclusivamente a Mirtha, sino a tantÃsimos otros. Flavia, de Lanús, confesó: "Saque un préstamo con una piba del barrio, de 50.000 pesos porque si no me cortaban la luz. Pero me atrasé y me cobra 10.000 pesos de recargo por dÃa". En tanto, Marcelo reveló: "Pedà un préstamo para pagar el alquiler de casa porque comÃa o pagaba el alquiler y es pan para hoy y hambre para mañana ya que tengo que volver a pagar el alquiler en 15 dÃas". Por su parte, Noelia, de Lanús, contó: "Solicité un préstamo en el banco donde cobro el sueldo y lo usé más que nada para comer. Pero tengo casi un millón de pesos en deuda y cuando parece que ya pagué todo me vuelvo a endeudar".
Aldana, quien reside en la misma localidad de la zona sur, reflejó el habitual trayecto circular al que se someten aquellos que acuden a un crédito. "Me endeudé por un préstamo de dos millones pesos, que me vi obligada a pedir para pagar la luz, el gas y comer. Encima tengo las tarjetas a tope. Cobro y las pago un poco más del mÃnimo, me quedo sin un peso y entonces vuelvo a usar la tarjeta para comer", señaló la mujer, de 28 años.
Por su parte, Florencia, de 33 años, brindó otro desencadenante extremo y lapidario de los empréstitos. En su caso, afirmó: "Mi tarjeta está al rojo vivo para comprar comida. Por eso tuve que sacar un préstamo en el banco de 4 millones de pesos para el arreglo del auto de mi papá, que es jubilado. Eso me obligó a dejar de pagar la obra social de mi hermano, dado que no la podÃamos sostener, y él tiene un derivado de la leucemia. Nos dolió, pero otra opción no habÃa. Además tengo otros créditos que los utilizó para pagarme el viaje al trabajo. Son 3.620 pesos diarios".
Resulta mucho más frecuente recurrir a un prestamista en los barrios, cayendo en riesgos usurarios e ilegales, y no a entidades bancarias y agencias de crédito, ya sea por desconocimiento o por imposibilidades vinculadas a la informalidad laboral. Una razón más que aprieta cada vez más fuerte y no suelta a los más humildes, sino que los ata por el cuello y de pies y manos, gracias a un poder adquisitivo bien enterrado. En consecuencia, el horizonte se vislumbra oscuro, sin otra salida que endeudarse y endeudarse.