Considerada durante años como un reemplazo de inferior calidad del espumante, la sidra logró en el último tiempo ganarse un lugar entre las propuestas artesanales de las barras argentinas con nuevos varietales que incluyen versiones ácidas, de diferentes dulzores y gasificación, hasta la incorporación de otras frutas como alternativa a la clásicas manzanas.

La desestacionalización de esta bebida ocurrió a paso lento pero firme, dejando atrás el consumo casi exlusivo en Navidad y Año Nuevo para pasar a pelearle canillas de expendio en los bares a un peso pesado como la cerveza artesanal.

En la actualidad, la sidra goza de un incipiente éxito, tanto en su versión artesanal como la clásica – y renovada- oferta industrial. Ya sea tirada, en porrón o en botella, el consumo local creció de tal forma que los bartenders más importantes de la coctelería ya la incorporaron a sus recetas.

En 2019 en los supermercados argentinos se vendieron 6,4 millones de litros de sidra, según datos de Nielsen. Si a esto se le suman las ventas de los comercios barriales la cifra alcanza los 14 millones de litros.

En 2020 el volumen de litros registró un incremento interanual del 30%, nada mal para una bebida que hasta hace no mucho tiempo era considerada un reemplazante de inferior calidad al champagne.

La sidra se produce en todo el mundo con diferentes ingredientes que ofrecen una amplia variedad de sabores: desde la ácida y seca a la dulce e intensa, clara o turbia, sin gas o espumosa.

La sidra de manzana es la más consumida en el mundo.

En el país ganan las preparaciones a base de manzanas cosechadas en el Alto Valle de Río Negro, las más dulces y gasificadas, así como las novedosas sidras de pera. Cabe destacar que Argentina es uno de los mayores productores de manzana, la materia prima de esta bebida alcohólica.

Los varietales del Reino Unido son generalmente secos, ácidos y ricos en taninos, mientras que los productos franceses tienden a ser más dulces y con menor contenido en alcohol. En tanto, en Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos ganan las mezclas con variedades de manzanas, por lo que sus propuestas varían en dulzor.

Competencia frutal

La sidra de manzana es la versión original y más popular. Esta fruta contiene azúcares que aportan el dulzor característico, y ácido málico y taninos que le confieren acidez.

Por otro lado, los varietales a base de peras son altos en taninos y acidez aunque estos ejemplares contienen menos ácido málico que las manzanas, lo que resulta en una bebida más dulce y delicada.

Las nuevas variedades de sidra incluyen maracuyá, frutilla y granada.

En los últimos tiempos, la introducción de sidras elaboradas con frutas exóticas viene ganando terreno con marcas suecas que sumaron sabores de maracuyá y frutilla o sidras australianas que introducen flor de saúco y granada.

¿De dónde proviene la sidra?

La mayoría de los historiadores aseguran que esta bebida alcohólica tiene su origen en los años anteriores a Cristo, en las civilizaciones de Egipto y el Imperio Bizantino para luego ser adoptada por los griegos.

A través de los siglos, el consumo de sidra se mantuvo y expandió hacia diferentes regiones. Actualmente, esta bebida se produce en varios países de Europa, entre los que se destacan España, Portugal, Francia, Italia, Alemania y Reino Unido. En América los principales productoes están en México, Argentina, Chile, Uruguay, Estados Unidos y Canadá.

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