Apenas unos días antes de ingresar a un centro de rehabilitación por problemas de adicción a las drogas, ingirió una dosis de metanfetamina que le provocó una alucinación. En concreto, distorsionó su percepción de la realidad y su relación con Dios.

"Pensé que todos los que habían muerto estaban atrapados en sus tumbas, que Dios estaba solo en el cielo, y que yo tenía que sacrificar algo importante para poder liberar a todos en el mundo en favor de Dios",  confesó Muthart.

La joven confesó que "La droga hizo que el mundo se volviera más oscuro, tomó todo aquello en lo que creía y lo distorsionó para obligarme a sacarme los ojos".

"Daba miedo, no entendía lo que Dios quería de mí, pero me hacía sentir que debía ser yo quien lo hiciera. Y me alegré de hacerlo, porque siempre tuve un gran corazón y nadie me devolvió ese amor", recordó conmovida.