El avance del coronavirus en el mundo y la presencia de casos en la Argentina, instó a que el Gobierno Nacional tome de forma abrupta una medida para proteger a todos. Una semana antes de que el aislamiento social, preventivo y obligatorio estuviera vigente, los chicos debieron dejar de ir a la escuela, los maestros debieron preparar clases virtuales, las madres y padres comenzaron a trabajar a distancia, y finalmente, todos los integrantes debieron fusionar sus tareas en un mismo hogar familiar. Una situación límite que llevó a todos a tener que adaptarse a una nueva forma de vivir de la que nadie quedó exento.    

Está el encierro, la simultaneidad de las tareas, las particularidades de cada familia y cada una de las personas que la integran. en un mismo ámbito, en un mismo tiempo. Esta nueva forma, que llevó a todos a vincularse con sus responsabilidades al unísino, los sumergió en una complejidad a la que deben enfrentar día a día, sin precedentes.

Los chicos, que llevan una gran parte de este engranaje, pasaron de las clases presenciales a las virtuales, al igual que sus maestros. Pero muchos de ellos, se encontraron con las exigencias pedagógicas. además de las particularidades propias de cada familia.

Ante esta realidad, María Regina Öfele, psicopedagoga, psicóloga educacional, especialista en Juego y directora del Instituto de Investigación y Formación en Juego, alertó a través de un texto que publicó en su página de Facebook y que luego se hizo viral, cómo los chicos estaban siendo afectados por esta nueva forma de aprender. En su carta planteó la necesidad de “humanizar la continuidad pedagógica en cuarentena”.

En una entrevista exclusiva con cronica.com.ar, Öfele profundizó sobre esta idea y dio los argumentos de su observación, a raíz de las experiencias que le expresaron sus pacientes.

-¿Cómo afecta esta medida a los chicos?

-R.O: Lo que hay que tener en cuenta es que primero vino la suspensión de clases y a los pocos días la cuarentena obligatoria para todos. Entonces, fue muy de golpe y no hubo tiempo de preparar nada. En el caso de los más chiquitos, cuando viene un fin de semana largo o las vacaciones, siempre los docentes les van explicando y acá no hubo tiempo.

 

-¿Y qué pasa con los adolescentes?

-R.O: Los adolescentes lo pueden entender o racionalizar mejor, los de primaria por ahí un poco más. pero con los de jardín ya es más complicado. Y en el caso de los chicos de secundaria, hay algunos que ni llegaron a conocer a sus profesores.

 

-¿Qué le contaron sus pacientes?

-R.O: Vengo escuchando de pacientes y de padres que los abarrotan de tareas, incluso temas nuevos. y con el extremo de que en algunos colegios les piden que se pongan el uniforme y no es trasladar la escuela a la casa.

 

-Entonces, ¿qué sería “humanizar la continuidad pedagógica en cuarentena?

-R.O: Humanizar sería empezar a pensar qué es lo que le pasa a ese chico y a esa familia. La medida implicó una reoganización que se tuvo que hacer en muy poco tiempo. Esto genera mucha angustia porque hay un riesgo inminente en este enemigo invisible llamado coronavirus que genera mucho miedo y mucho temor.

 

"Los abarrotan de tareas, incluso temas nuevos. y algunos colegios les piden que se pongan el uniforme, y no es trasladar la escuela a la casa"

 

-¿Qué sucede con las familias en este contexto?

-R.O: Hay familias enteras que están en pánico o superobsesionados con el tema, otros que no y que pueden ir tomando medidas de poco, pero el chico está en medio de todo eso. Entonces. primero escuchemos qué le pasa.

 

-¿Los chicos pueden aprender estando en la casa?

-R.O: Muchas tareas vienen por la computadora o por el celular. y no todas las familias tienen tantas pantallas. Hay familias que viven en espacios muy reducidos. No tenés la opción de sacarlos a la plaza, a dar una vuelta o al cine. Todo es puertas adentro y esto no es fácil. Además, hay familias que no tienen tantos recursos, no tienen computadoras, o no tienen wifi o sólo lo tienen por un rato.

 

Es importante entender que los niños están atravesados por la situación.
Es importante entender que los niños están atravesados por la situación.

 

-Y está además la situación de los padres…

-R.O: Es muy complejo, en las familias de más o menos recursos donde los padres o uno de los padres tiene trabajo independiente,  y el trabajo le bajó. Eso también genera mucha angustia  y todo ese temor se traslada al clima familiar.

 

-¿Y las tareas que les asignan a los chicos?

-R.O: Les llueven tareas pedagógicas como si los chicos no estuvieran en esa situación de angustia, de miedo, de incertidumbre. Me ha pasado con varios pacientes que me preguntaron: ¿Y después de esto nos vamos a morir todos? Hay familias que tienen la costumbre de tener todo el tiempo el televisor prendido o que están pendientes de las noticias, y hablan entre ellos o con los abuelos, hablan de muertos y todo eso los chicos lo escuchan. En todas las casas en general están pendientes de lo que pasa.

 

-¿Todo eso les influye?

-R.O: Ven a la mamá o al papá preocupado, de repente no ven más a la abuela, ya no ven a sus primos el domingo. Es muy difícil explicarle a un niño chiquito. Entonces. hay que explicar el por qué, con las palabras más simples posible. Porque las fantasías afloran y piensan que no pueden ver al abuelo porque está enfermo, o que se va a morir, o que ellos mismos se van a morir. Todo esto atraviesa las posibilidad de pensamiento de los chicos que están interferidos por lo que está pasando.

 

"Les llueven tareas pedagógicas como si los chicos no estuvieran en esa situación de angustia, de miedo, de incertidumbre".

 

-¿Qué tienen que hacer entonces con las tareas?

R.O: Las tareas pedagógicas son sumamente importantes de continuarlas, pero tengamos un poco de tranquilidad, de paciencia, aportemos las posibilidades de que el chico pueda explicar lo que le pasa. No es un objeto al que vas llenando de contenidos, sino que ese contenido tiene que estar atravesado por su historia. El chico tiene que poder primero deshagogarse, mostrar su preocupación.

 

-¿Qué clases de tareas no se adaptan a esta realidad?

R.O: A veces se piden que impriman cosas y no todas las familias tienen impresoras. y no pueden ir al kiosco a que se las impriman. Hay cosas que se abarrotan. Vos entrás a cualquier red social y ves propuesta, más propuesta, más propuesta, está saturado . las familias no pueden más. Los padres también están angustiados, estamos todos metidos en el medio y nadie está exento, y el padre también necesita poder decir: “en este momento no puedo”.

 

-¿Los están sobrecargando de tareas?

R.O: Pareciera que hay un temor de que hagan de menos. A algunos les dieron temas nuevos y que no se los explicaron. ¡Y quien se los va a explicar? A veces el padre está en condiciones pero no es la función del padre o de la madre, es la función del docente.

 

-¿Qué le recomienda a los docentes?

-R.O: Que puedan ofrecerse como una oreja que escucha, aunque a veces no sea así. Se les puede pedir que escriban sobre lo que les está pasando, que cuenten, acompañar desde otro lugar. Porque ahora parece que el docente tiene que llenarlos de actividades para que el chico haga algo que no tenga que ver con el ocio. Los adultos a veces tampoco sabemos qué hacer, porque el estar todo el tiempo encerrado no es fácil para nadie.

 

-¿Qué le recomienda a los padres?

-R.O: Que los mantengan protegidos de todo lo que tiene que ver con los medios de infromación. lo más que se pueda. porque ya es bastante que los adultos estemos con exceso de información. Esto en todas las edades. A los más chicos explicarles de forma simple, que sus compañeros, los otros padres y hasta los maestros, todos están en sus casas para cuidarse y cuidarnos entre todos. A los más grandes se les puede explicar un poco más. Los adolescentes, por ahí hay conceptos que tuvieron en alguna materia que pueden ir asociándolos a eso.

 

"Se les puede pedir que escriban sobre lo que les está pasando, que cuenten, acompañar desde otro lugar" 

 

-¿Y cómo deberían hacerlo?

-R.O: Que se tomen un rato por día, que cada padre lo designe en función de sus posiblidades. Puede ser media hora, una hora, no es un tiempo cronológico pero es un tiempo para que se corra de toda, que se dedique solo a su hijo. Que lo mire, lo escuche y esté disponible. Compartir un mínimo tiempo pero tampoco sobre exigirse.

 

-Esta realidad nos afecta a todos…

-R.O: Estamos todos atravesados por una situación que no es sólo nuestra sino que es mundial. Tampoco podemos pensar en irnos a otro país. Estamos todos metidos en esto y no sabemos cuánto va durar. Hay momentos en que los padres no están disponibles para sus hijos. y tampoco tienen por qué estar siempre disponibles para sus hijos.

 

-¿Cómo manifiestan su preocupación los más pequeños?

-R.O: Los más chiquitos que no pueden hablar y decir lo que les pasa, por ahí lloran, se angustian. Por ahí están más demandantes, no quieren comer o les cuesta dormirse, son todas cuestiones que pueden aparecer. Y en los más grandes también, pueden aparecer enojos.

 

 

"No hay que confundir la pantalla con el aula", María Regina Öfele. Foto: (gentileza El Litoral)

 

-¿Cuáles son las exigencias de los colegios?

-R.O: Algunos exigen que los chicos estén durante todo el horario escolar frente a la pantalla. Estamos dando mensajes contradictorios porque veníamos diciéndoles que estén menos tiempo en las computadoras. El padre también puede decirle a su hijo: "bueno, es demasiado, ya está". Tiene que bajar las exigencias y observar a su hijo. Y si es necesario comunicarse con el colegio, en las aulas los chicos tienen tiempos muy diferentes de aprendizaje. Hay chicos que necesitan más tiempo el acompañamiento del docente o de un par que hoy no está.

 

-¿El aula virtual es una nueva forma de aprender?

-R.O: Se genera una forma de aprender que es muy diferente y a la que los chicos también deben acostumbrarse. Y una evaluación se puede hacer hasta ahí, aunque no podés hacer una evaluación tradicional. No se puede evaluar sólo desde lo pedagógico o cognitivo. Que esto también sirva cuando volvamos a las escuelas para que los docentes puedan reacomodar un montón de otras cosas.

 

-¿El docente también puede aprender de esta nueva forma?

-R.O: Para el docente también es un aprendizaje pasar a lo virtual. Muchos se confundieron y creyeron que lo virtual es pasar el aula a una pantalla, entonces pasan 40 minutos todo el tiempo activos y no es así. Tienen que preparase para dar clases virtualmente.

 

"En el aula virtual se genera una forma de aprender que es muy diferente y a la que los chicos también deben acostumbrarse".

 

-¿Entonces, qué tipo de tareas tiene que pedir el docente?

-R.O: Actividades acordes a los contenidos que planificaron y demás pero no siempre se adaptan a los formatos. Hay que buscarle una vuelta atractiva también. Hoy los chicos tienen una habilidad con lo virtual que de repente los más grandes no tenemos. tenés que poder hablar el mismo idioma. Para que el docente pueda generar la curiosidad. Esto también es un aprendizaje para el docente.

 

-¿Qué no tienen que dejar de lado?

-R.O: Lo emocional que están atravesando, que es muy importante en este momento. Hay familias muy angustiadas, hay familias que por ahí vivieron situaciones muy complejas anteriormente y esto les genera actualizar muchos sentimientos complicados.

 

-¿Eso sería humanizar la continuidad pedagógica?

-R.O: Tiene que ver con eso, porque lo pedagógico lo puede recuperar en cualquier momento, lo humano no. Tenemos que trabajar sobre eso, sin correr lo pedagógico pero dar más lugar a lo que le pasa. Los chicos son seres humanos, son sujetos y no son objetos. Y todos estamos atravesados por esto.

 

-También los docentes…

-R.O: El docente puede decirles que le cuenten cómo les está costando la cuarentena, porque los docentes también lo están padeciendo. y hay muchos docentes que también tienen hijos. Tenemos que bajar en las exigencias y tenemos que tener en cuenta qué es lo que vamos a exigir y qué es lo que vamos a pedir. Que los padres tampoco se abataten y que puedan llevar todo esto con amorosidad, esto es entre todos. Tiene que ser un trabajo en equipo donde todos tienen que acompañar. No hay que confundir la pantalla con el aula, hay que encontrarle la vuelta.

 

 

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