Por Ricardo Filighera
@Rfilighera

E n mayo de 1977, el dictador Jorge Rafael Videla llevó a cabo una visita de tres días a Venezuela, un país con enorme raigambre democrática, invitación que había sido impulsada, extrañamente, por el propio presidente Carlos Andrés Pérez y que ocasionó, en un principio, fuertes reclamos de rechazo del Congreso de esa nación y de varios sectores de la prensa y organizaciones de obreros y partidos de izquierda.

Sin embargo, Pérez llevó a cabo una tarea rigurosa y disciplinada de convencimiento a sus equipos y ministerios, al afirmar que sabía, puntualmente, la situación interna de la Argentina, y también las “características personales de Videla”. El supuesto objetivo de dicho episodio radicaba en sumar “un aliado vital para el mantenimiento de las relaciones latinoamericanas”.

Con raíces socialistas

Cabe recordar que Pérez gobernó Venezuela en el período 1974-1979. En 1975 nacionalizó la industria del hierro y al año siguiente hizo lo propio con la industria del petróleo, creando, en consecuencia, la empresa Petróleos de Venezuela SA (Pdvsa) con el propósito de proporcionar al Estado una herramienta propia para la administración de estos recursos.

Por otra parte, en 1976 se convirtió en el vicepresidente de la Internacional Socialista. Y, además, se opuso enérgicamente a la dictadura pinochetista, rompiendo relaciones diplomáticas con Santiago y recibiendo, en Venezuela, a miles de exiliados chilenos e incluso envió un avión a Washington para recoger los restos del ex canciller Orlando Letelier, asesinado por un agente de la CIA perteneciente a la DINA (la policía secreta de la dictadura militar de Augusto Pinochet).

Tratándose Pérez, precisamente, de un hombre de la democracia y con firmes convicciones sociales, resultan paradójicas e incomprensibles las acciones que desplegó para generar un encuentro de este tenor, puntualmente porque se trataba de uno de los grandes genocidas de toda la historia mundial. Insistimos, Pérez, muy probablemente, contaba con fuentes precisas, con testimonios de exiliados, con documentación privilegiada de lo que realmente estaba sucediendo en la Argentina.

Sin embargo, negó este cuadro de situación al que, muy probablemente, tuvo acceso y vaya a saber cuáles fueron las motivaciones que coadyuvaron en tan desafortunada decisión.

Llegada con sospechas

El Boeing 707 de Aerolíneas Argentinas convertido en avión presidencial arribó el martes 10 de mayo al aeropuerto internacional de Maiquetía, ubicado a orillas del mar Caribe y a escasa distancia de Caracas. En charla con un periodista argentino, comentaba Pérez: “Yo nací en el departamento de Táchira que se encuentra en plena región andina. Precisamente, allí mis padres tenían un establecimiento de campo que se llamaba ‘La Argentina’. Ustedes se darán cuenta la admiración que profeso por este país”.

La visita de Videla a Venezuela, entonces, se trataba de un sapo muy difícil de digerir para toda la comunidad política de aquel país, emparentada con la mecánica de la tolerancia y el respeto hacia la ley y la Constitución.

La comitiva argentina, una y otra vez, como trofeo de conquista, propagaba la siguiente reflexión al término de esos encuentros: “Venezuela esperaba a un dictador y encontró a un presidente”.

La primera reunión

Así dadas las cosas, la primera reunión de Videla con Pérez tuvo lugar en La Viñeta, el lugar de residencia que ocupaba el dictador y, luego, otros encuentros entre ambos se llevaron a cabo en La Casona, residencia oficial del presidente venezolano.

A todo esto, la representación argentina realizaba diversas actividades con sus respectivos pares y eran interrogados una y otra vez sobre la situación interna de nuestro país, que había tomado enorme estado público en el exterior.

De esta manera, el premio Nobel de Química, doctor Luis Federico Leloir, se reunía con la población científica de aquel país, en tanto el quíntuple campeón del mundo de Fórmula Uno, Juan Manuel Fangio, acompañado de su colega y amigo Juan Manuel Bordeu, ultimaban detalles de la carrera de Turismo Carretera que se iba a desarrollar entre Buenos Aires y Caracas en plazo cercano; Bonifacio del Carril conversaba, en tanto, con escritores venezolanos; similar función desarrollaba, entonces, el pintor Ary Brizi, y el cantor de tangos Edmundo Rivero departía con cantantes y músicos del país de aquella zona del Caribe.

“Democracia eficiente”

Luego de todas las reuniones diplomáticas se dio a conocer una declaración conjunta y ambos países coincidieron plenamente en la redacción del contenido.

En este sentido la revista Somos puntualizaba: “Hubo, sí, algunos formulismos que debieron ser cambiados, pero en esto también se impuso la visión argentina. Por ejemplo, del documento venezolano se cambió la frase ‘democracia representativa’ por la de ‘democracia eficiente’, sugerida por Argentina. En cuanto a la condena por ‘cualquier manifestación de violencia’, también se adoptó el criterio sugerido por los representantes de nuestro país. En cambio, los términos del párrafo en que ambos países reiteran el apoyo a Panamá para que le sea restituida la soberanía del canal fueron sustentados por las afirmaciones de Venezuela”.

Tal como había sido previsto, los periodistas venezolanos acudieron a La Viñeta para cubrir la conferencia que el dictador argentino iba a desarrollar, en derredor de un clima que un principio se le iba a presentar bastante adverso a Videla.

Sin embargo, luego de un comienzo de críticas, sospechas y territorios oscuros en la temática abordada, Videla dejó su vestimenta de lobo y se colocó la de un apacible corderito, tratando, una y otra vez, de generar empatía con el sector menos doméstico de la prensa venezolana allí reunida.

Con total sarcasmo e ironía, como un verdadero encantador de serpientes, Videla se refirió al tema de desaparecidos en la Argentina y brindó, ante miradas complacientes y otras disconformes, una realidad que, a la luz de los años transcurridos, sigue generando escozor, impotencia y pánico, a la vez.

Desaparecidos

Pero reparemos, puntualmente, en las argumentaciones que el dictador dio en aquel entonces como una manera de lavar la trágica e interminable noche que los argentinos estábamos viviendo por esos días. “El gobierno argentino acepta esta reflexión de la Iglesia que, por otra parte, responde a una realidad.

Que en nuestro país han desaparecido personas, es una tristísima realidad que objetivamente debemos reconocer. Tal vez lo difícil sea explicar el porqué y por vía de quién esas personas han desaparecido. Y doy el caso de cinco o seis alternativas que pueden caber. Es decir que las personas de marras hayan desaparecido porque pasaron a la clandestinidad.

Hay hechos evidentes que prueban que esto ha ocurrido anteriormente, ya que en una conferencia de prensa realizada en un país europeo aparecieron enjuiciando a nuestro país personas que ya no son argentinas pero que se hacían pasar como víctimas de haber sido secuestradas o desaparecidas. Otra alternativa es que, por una falta de lealtad a las organizaciones subversivas, estas personas hayan sido eliminados por sus propios camaradas.

La tercera alternativa puede ser un problema de conciencia del hombre que entró en un camino sin regreso, y que luego se autosecuestra para desaparecer del escenario político. Otra alternativa es esta misma circunstancia, que lleva al hombre al terreno de la desesperación y se suicida sin tener más noticias de él. Y acepto la quinta circunstancia: exceso de la represión de las fuerzas del orden.

¿Cuál de esas cinco es de aplicación en cada caso? Casi les diría que es imposible dar respuesta a esto. Todos estos hechos son dolorosos y todos repudiados en el contexto de una situación gravísima que la Argentina está viviendo. En la escala de una guerra interna, estos hechos que motivaron la pregunta y esta declaración no son justificados, pero pueden ser comprensibles como parte de un mal mayor planteado en esta situación que vive nuestro país y de la que, por fortuna, ya estamos saliendo”.

La gran lección

La experiencia de la historia de manera ineludible y contundente pone su sello y marca. Que un país democrático, con un presidente surgido del voto popular, afianzado a las raíces más profundas del debate, de las instituciones y el respeto a la libertad y a los derechos humanos haya recibido en calidad de invitado especial a uno de los genocidas más atroces de la historia de la humanidad forma parte, seguramente, de un territorio marcado por la historia, aunque intrínsecamente se encuentra vinculado a la conciencia, el espíritu solidario y al valor de la verdadera identidad de los pueblos. La gran lección que no se debe reiterar nunca más.

El infierno

En declaraciones al diario O Globo de Brasil, Videla puntualizó por aquellos días: “Es preciso comprender que la etapa militar es apenas uno de los aspectos de la lucha; actuamos también en los campos económico, social y cultural, porque estamos convencidos de que el combate contra la subversión es ante todo político y, por lo tanto, exige un tratamiento global”.

Peor, imposible

Cuando José Alfredo Martínez de Hoz entregó su cartera al nuevo ministro de Economía, Lorenzo Sigaut, etapa en la que se encontraba otro dictador en el poder, Roberto Eduardo Viola, el país atravesaba un grado enorme de desocupación, empresas nacionales cerradas por doquier, escasísima producción local, productos extranjeros de baja calidad que se comercializaban a precios ínfimos y trabajadores y comisiones internas de obreros desaparecidos.

Un encuentro imprevisto con Terence Todman

Fue la reunión que se llevó a cabo fuera de agenda. El subsecretario de Estado para los Asuntos Latinoamericanos, Terence Todman, se encontraba realizando una gira por Latinoamérica con destino inmediato hacia Brasil. Debido a unos desperfectos que tuvo el avión que lo trasladaba, debió quedarse unos días más en Caracas.

Entonces, Videla aprovechó dicha circunstancia para generar una reunión urgente con Todman, de la que también participó el ministro de Defensa e interino de Relaciones Exteriores, brigadier Klix. El encuentro duró alrededor de 30 minutos. Videla, una y otra vez, trató de convencer a Todman de aquel famoso apotegma propagandista del régimen por el que se afirmaba que “los argentinos somos derechos y humanos”.

En tanto, el funcionario del país del norte dejó establecido cuál era la política de Jimmy Carter, el presidente de Estados Unidos por ese entonces y la del Congreso norteamericano. “Hay una campaña en contra nuestra y no se ajusta a la realidad”, subrayaba una y otra vez Videla ante la mirada impasible de Todman.

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