Desde el muelle del ARA San Juan
El mar trae en cada oleaje un recuerdo de ellos y un pedido constante de justicia. El homenaje será a los 44 tripulantes presentes por siempre. El juramento es que sus familias serán valientes y perseverantes como las olas que golpean la costa.
Por Valeria Carreras
Abogada de la Querella ARA San Juan
Cuando desapareció el submarino ARA San Juan, la mirada se dirigía instintivamente a aquel amado océano. En ocasiones, al amanecer, los argentinos buscábamos en el horizonte que apareciera su vela avanzando silenciosa trayéndonos a sus 44 tripulantes, pero eso no ocurrió.
Sin embargo, el mar nos trae en cada oleaje un recuerdo de ellos y un pedido constante de justicia. A tres años, giro en el tiempo y gira el faro, para contar lo que sucedió en tierra, las historias que quedaron en el muelle del ARA San Juan.
Los 44 tripulantes ya estaban en patrulla eterna y sus familias esperándolos, una señal, una novedad, una certeza, una explicación o la respuesta a una pregunta repetida al infinito: “¿Por qué?”.
Al principio, los días eran interminables y los parte de la Armada tan ambiguos que generaban esperanza y así llegaba el día siguiente y nuevamente la mentira, y otra madrugada que pasaba… conocemos la historia: meses de agonía, dormir en la Base Naval de Mar del Plata, ir a misas, marchar pidiendo que los busquen, escribir en redes que no los olviden.
Pero siguieron noches de sabanas frías de llanto en silencio, mensajes al celular de los tripulantes, que eran lanzados como una botella al mar esperando que el mensaje les llegara: "Ojalá volvieras y todo fuera como antes”, "El bebé aprendió a decir papá, mirando tu foto”, “¿Dónde estás hijo mío?” .
Los días se volvieron una tortura, versiones cruzadas, expectativas que se truncaban, y una causa judicial muy lejana, no sólo en distancia. Pero, de pronto, en medio de los sobresaltos de ese submarino que se los llevó sin dejar huellas, seguía la vida marcando el paso del tiempo al ritmo de guardapolvos, pañales y guisos.
Sin bajar los brazos, sin ayuda, en su mayoría mujeres, se encontraron a sí mismas fuertes como nunca antes, desafiantes ante los poderosos y a pesar de estar rotas por dentro se convirtieron en heroínas.
Unas luchando por sus hombres, los padres de sus hijos y otras luchando por su cría. El homenaje será a los 44 tripulantes del ARA San Juan presentes por siempre. El juramento es que esas mujeres, sus familias, serán valientes y perseverantes como las olas que golpean la costa.
JUSTICIA Y VERDAD.
Por V.C.

