Joan Fernández tenía apenas cinco meses cuando un paro cardiorrespiratorio le provocó una parálisis cerebral, mientras su mamá le daba un baño en su casa de Bahía Blanca. En la actualidad, casi cinco años después, los padres del pequeño luchan para conseguirle a su hijo una mejor calidad de vida a través de un implante de células madres autólogas, cuyo costo es de 100 mil pesos.

El tratamiento, que se llevará a cabo el próximo miércoles 17 de octubre, es imposible de afrontar por los familiares del pequeño. Germán, su papá, trabaja en Universidad Tecnológica Nacional, mientras que Wendy, su mamá, es enfermera. Y si bien la obra social de la UTN cubre la importante cantidad de medicación que requiere el pequeño, no contempla este tratamiento innovador, que consiste en extraer médula ósea del hueso de la cadera, el cual, luego de un procedimiento de centrifugado, vuelve a implantarse.

"Se practica en el quirófano con una sedación, y no requiere afortunadamente mucha internación", explicó Germán, quien evocó lo difícil que resultó, durante los primeros meses, peregrinar de hospital en hospital. Por el momento, el niño se alimenta a través de un botón gástrico, no puede caminar ni sentarse solo, ingiere medicación neurológica y padece "descargas cerebrales".

A su vez, como consecuencia de su parálisis, también sufre espasticidad, es decir, rigidez en sus músculos cuando se muestra ansioso por hacer algo. Más allá de frecuentes internaciones, Joan concurre a kinesiología, fonaudiología de deglución y del lenguaje, terapia ocupacional, estimulación visual y terapia asistida con perros.

Sus ganas de crecer parecen más fuertes que cualquier impedimento u obstáculo que le pone la vida: "Este año comenzó a asistir al Jardín de Infantes Nº 903 y se muestra contento con la interacción con sus pares", señaló su progenitor. "A su manera interactúa, se ríe, emite sonidos. Nosotros lo conocemos y lo entendemos", explicó el papá, para agregar que ni él ni su esposa se victimizan ni lamentan con la situación.

"Es esto lo que nos ha tocado y lo aceptamos. Otros, seguramente, tendrán que afrontar cosas más difíciles aún", reflexionó. Mientras tanto los vecinos de Bahía Blanca, su localidad natal, comenzaron a organizar eventos solidarios con el fin de generar fondos y colaborar con la causa.

Además, distribuyeron urnas por toda la ciudad y crearon una cuenta bancaria para que quienes estén interesados en ayudar, puedan aportar su granito de arena. "Nos alienta saber que el tratamiento a realizarse le permitirá a mi hijo mejorar su calidad de vida y, en especial, luchar contra su espasticidad. Es muy frustrante ver su intención de hacer cosas, de jugar, y que no pueda hacerlo", sostuvo el papá.

Y agregó: "Entro muy temprano a mi trabajo, y antes le doy la medicación. Luego comienza todas sus terapias, tarea que repartimos con su mamá".