Por Gretel Ledo

La dignidad humana esta ligada al respeto hacia uno mismo, respeto hacia los demás. No dejarse humillar, degradar. Está ligada a la condición de cada uno de los sujetos, como individuos que somos.

Esto me remonta al artículo 14 bis, de la Constitución Nacional, que recordemos, fue incorporado con la reforma del 94, inicialmente planificado dentro del marco del constitucionalismo social del 49 y luego observado pero incorporado finalmente, donde habla del trabajo digno. 

Y el trabajo digno tiene algunos ítems que son inclaudicables. Están vinculados a un salario mínimo, vital y móvil, a igual retribución por igual tarea, a la participación de cada uno de los trabajadores en las ganancias de los empresarios.

¿En qué condición está hoy el mercado laboral? ¿En qué condición nos llevo este modelo económico a pensar que realmente se ha tomado nuestra carta magna en una mera tira de papeles? Como decía La Salle, con derechos formales y no sustanciales, con una ausencia de operatividad, y de contenido.

Cuando en esta República es totalmente formal, hablamos de una República fingida, y claro, de una especie de hipocresía de la clase gobernante. Hay una connivencia donde como ciudadanía no nos percatamos. En Jeremías capitulo 51, habla de una Babilonia totalmente colapsada, al borde del derrumbe institucional. Así esta hoy nuestra República.

Una República que no logra materializar en hechos concretos, ese gran virtuosismo plegado de derechos, que hoy  no llegan a verse en la vida cotidiana. El soberano es, fue y será, el pueblo. El pueblo es el verdadero guardián de la República. El pueblo es el verdadero guardián de esta República que hoy no tiene contenido y queremos tornarla en operativa. 

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