Por Florencia Bombini
@florbombini

Bastaron dos años y siete meses para que la vida de Carlos Alberto Curi pasara por todos los estadíos posibles. Superó un cáncer de piel, afrontó una necrosis en los huesos y un tiempo después, cambió resonancias magnéticas por su foto en la cumbre del Aconcagua y del Kilimanjaro. Todo lo logró gracias a su inmenso espíritu de superación: lejos de sumergirse en la depresión tras afrontar dos enfermedades consecutivas, Alberto decidió salir adelante y comenzó a innovar en el mundo del montañismo.

El 19 de enero de 2017 culminó la expedición en Mendoza y hace unas semanas regresó de África con la satisfacción de haber escalado el monte Kilimanjaro. El próximo objetivo es llegar a la cumbre del monte Elbrús (ubicado en Rusia y considerado el más grande de Europa), en septiembre próximo.

Curi tiene 49 años, vive en Salta y dedicaba su vida, antes de este giro de 180 grados, a las peñas folklóricas, actividad con la cual continúa, aunque ahora reparte su tiempo para cumplir con sus entrenamientos.

La historia comenzó en 2014, cuando fue diagnosticado con cáncer de piel, que superó con dos intervenciones, sin necesidad de realizar quimioterapia. Sin embargo, al mes de recibir el alta, debió afrontar una necrosis, una patología producida por un infarto óseo. Esto significa que se muere el hueso, aunque luego tiene la posibilidad de regenerarse. Pero su caso fue particular, pues esta enfermedad dañó las dos rodillas y los dos tobillos en un lapso de dos años, en los que casi no pudo caminar.

En diálogo con “Crónica”, Alberto recordó que “fue todo seguido” y eso lo “afectó psicológicamente”. “No sabía si iba a volver a caminar”, reconoció y confesó que ese período vivió rodeado de “incertidumbre”, mientras se manejaba en silla de ruedas o con botas ortopédicas.

Esta enfermedad implicó que el hombre fuera operado dos veces (una en cada rodilla) y que sus pies fueran inmovilizados, en un tratamiento realizado en Buenos Aires. Tras superar esta necrosis, de la que nunca se pudo saber la causa, Alberto se propuso dar un giro en su vida. “Quería hacer algo importante para mí y pensé en escalar el Aconcagua, algo totalmente alejado de mi mundo. Nunca había hecho algo similar”, dijo, mientras su médico de cabecera le decía que si ese era su sueño, que lo hiciera. “Mi familia se asustó ante la decisión que tomé”, siguió.

De esta manera y siete meses después de recibir el alta, Alberto logró “superar esa etapa nefasta” de su vida, haciendo cumbre en el Aconcagua, el 19 de enero del año pasado.

Nuevos objetivos

Este año se propuso ascender a la cumbre del Kilimanjaro, en Tanzania, y lo logró el 11 de este mes, superando otro duro desafío, que se sumó al hecho de haber perdido el equipaje en el cambio de vuelo y “hacerlo con zapatillas urbanas y un pantalón de trekking en el medio de la nieve”.

Curi llevó su campaña de donación de médula ósea hasta la cima del Kilimanjaro.

Además, relató que “no tenía ropa” para cambiarse cuando llovió cuatro días y hacía mucho frío. “El guía me prestó los bastones para poder realizar la expedición”, siguió, antes de afirmar que la experiencia fue “única” porque pasaron “por distintos tipos de clima, de flora y fauna y eso hace que sea una montaña hermosa”. Alberto estuvo acompañado por otros tres argentinos, que también pudieron hacer cumbre. “Quiero hacer la montaña más alta de cada continente”, cerró el hombre que ahora se entrena todas las semanas para seguir superando desafíos, hasta que sus rodillas se lo permitan. “No sé hasta cuándo responderán”, explicó Alberto, quien dejó atrás este duro golpe que le puso la vida de afrontar dos enfermedades consecutivas y no saber si podía volver a caminar, para abocarse al montañismo y, a los 49 años, descubrir un nuevo mundo.