Por Matías Resano
mresano@cronica.com.ar

Desde hace varios años, en los barrios de diferentes zonas del país, surgieron acciones encabezadas por vecinos y voluntarios, que se cristalizan en merenderos y comedores comunitarios, los que se convirtieron en herramientas fundamentales para paliar la crisis económica y social.

Cada uno de esos establecimientos les brinda asistencia alimentaria a centenares de niños e incluso a sus familias. Se arman en las propias casas de aquellas almas solidarias, cuyos recursos no abundan, en muchos casos no alcanzan, pero de todas formas redoblan sus esfuerzos para que ningún pibe de su zona pase hambre. Dada la difícil situación general, todo indica que pasará un largo tiempo hasta que estos lugares dejen de ser necesarios.

En la localidad bonaerense de Plátanos, David sacrificó el patio de su casa para edificar el lugar en el que funciona el merendero “Manos a la obra”, al cual concurren unos 80 niños, y por si fuera poco, suministra ayuda a unas 36 familias. Los lunes, miércoles y viernes, de 17 a 19, concurren los pequeños en busca de una merienda y de un momento de satisfacción y disfrute, del cual suelen carecer.

El merendero "Manos a la obra" de los Plátanos.

Al mismo tiempo, cuando la mercadería recaudada es suficiente, se les entrega la cena a los menores y a sus progenitores, mediante un tupper para que compartan el menú en familia, en sus humildes hogares.

No obstante, en Bosques, un amigo de David continuó su obra con otro proyecto similar y al que denominó con el mismo nombre. Allí asisten otros 15 círculos familiares. A su vez, el joven encabeza colectas de ropa que posteriormente se destina a diferentes provincias del país, en la última oportunidad se trasladaron las donaciones a escuelas rurales de Misiones.

El patio de una casa de Plátanos devino en merendero comunitario.

Por su parte, en el barrio Sol y Verde de la localidad platense de Los Hornos, Rosa Esther también abrió las puertas de su casa para que en principio acudan 120 chicos. Su merendero “Niñito de Jesús” funciona desde hace cuatro años, los miércoles y los viernes a las 17, en tanto lunes, martes y viernes se les da una cena a cada menor para que la lleven a sus domicilios.

Un admirable accionar de Rosa, que mueve cielo y tierra para obtener los alimentos que sus chicos necesitan, hasta recorre las calles recolectando cartones que luego vende, y con dichos ingresos compra lo que requiere su emprendimiento benéfico. En este sentido, la mujer dejo en claro que sufrió "mucho" en su vida. "Pasamos hambre, padecí violencia de género y cuando quedé sola a cargo de mis hijos, hice de todo para que no les falte nada y esa voluntad decidí extenderla a los nenes del barrio, porque no puedo tolerar que haya un chico sin comer”, contó.

En algunos lugares colectan ropa que luego se destina a gente que la necesita.

En Moreno, Lili es otra madre que abrió las puertas de su casa con el afán de llenarles la pancita a unos 45 pequeños, en los primeros tiempos. Luego se incrementó a 60, pero la demanda se tornó mayor y la mencionada vecina no pudo dar abasto. Al respecto, David, uno de los tantos jóvenes que se sumó a la iniciativa, señaló que “bajó la cantidad porque Lili no podía abastecer con todo".

"El merenderero funcionaba más días y hoy funciona sólo los martes. Generalmente ella se encarga de recibir donaciones de lo que nosotros conseguimos. Además realizamos ferias y varias actividades para recaudar los fondos para su abastecimiento, más que nada en lo que es leche, galletitas, y todo lo que sea necesario para ellos”, añadió.

En su caso Rosa reflejó que “se necesita de todo pero principalmente alimentos, ropa calzado, todo lo que pueda ser lo recibimos" porque no quiere "cerrar el merendero”. Un ruego que da cuenta de las urgencias que envuelven a dichos emprendimientos solidarios que desempeñan un rol esencial en los barrios más postergados.

En referencia a ello, David, de “Manos a la obra”, reconoció que “ahora viene más la familia a pedir alimentos" y relató: "Estos últimos meses mucha gente venía hasta el lugar o mandaba mensaje a nuestro contacto pidiendo un poco de alimentos. La plata que entra no les alcanza para nada a las familias. En estos meses aumentó la cantidad de gente, sobre todo en diciembre, los últimos días”.

En Moreno, el establecimiento de Lili se vio desbordado por el aumento de gente.

Rosa, de “Niñito de Jesús”, consideró que “hay mucha necesidad, algunas uno no las imagina hasta que las ve de cerca, como muchas madres solteras, con hijos discapacitados". "También recurren a nosotros los abuelos, y las mujeres que sufren violencia de género y no tienen nada de nada”.

Los testimonios ilustran el marchar de las iniciativas ideadas por voluntades que tienen pleno conocimiento de necesidades tan básicas como alimentarse y que muchos no pueden satisfacerlas, porque pasaron lo mismo. Por eso, contra viento y marea avanzan, en pos de que los pibes y sus familias al menos puedan tener un plato de comida en la mesa.

Reúnen donaciones de útiles escolares

A pesar de que resta todavía un mes para el inicio de las ciclo escolar, los miembros de “La Plata Solidaria” pusieron en marcha el “Proyecto Mochila”, que consiste en fomentar las donaciones de útiles y posteriormente con ellas armar el equipo para que al menos 1.500 niños puedan volver al colegio con todo lo necesario.

La propuesta se implementa desde hace cuatros años y según uno de sus impulsores, Pablo Pérez, “se fue agrandando en cuanto al volumen de lo recaudado". "Los útiles son muy caros y se les hace cada vez más complejo a los papás poder mandar a sus hijos con la mochila completa”, explicó.

Esta convocatoria solidaria se extiende al 20 de febrero y comprende a 40 merenderos, los cuales se encargan de transmitirle a la organización solidaria cada necesidad escolar de sus niños. En su anterior edición, el proyecto logró asistir a 1.500 chicos, pero sus mentores estiman que se superará esa cifra para el próximo ciclo lectivo.

La convocatoria solidaria se extiende al 20 de febrero y comprende a 40 merenderos que le transmiten a la organización solidaria cada necesidad escolar de sus niños.

Al respecto, Pérez dejó en claro que “la demanda va a ser mayor porque la canasta escolar aumentó un 35%”. Ese encarecimiento agrava lo que de por sí es un panorama delicado para mucha gente, puesto que “en la periferia la situación es muy compleja, hay 170 asentamientos. Hubo un crecimiento exponencial de los sectores humildes, marginados. Se trata de chicos que viven en condiciones vulnerables”, describió.

“Hay muchos incovenientes en cuanto a la niñez y la adolescencia, y hay un reclamo muy profundo de muchas comunidades de bajos recursos respecto a una jornada completa en las escuelas porque sus hijos se sienten más contenidos”, concluyó Pablo.

Los que llevan adelante el Proyecto Mochila confían en ayudar a más de 1.500 chicos.

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