Por Licenciado Aldo Ferrante 
ML 43027 

Mucho se ha escrito respecto de si las personas son o no "dueñas" de su cuerpo y si como consecuencia de ello pueden disponer o no libremente de él. La persona humana no es dueña de su organismo. Ejemplo: no puede decidir qué hacer con sus pulmones, con su corazón Y con sus glándulas endócrinas, etc.

Se podrá decir que puede donar sus órganos en vida, pero sin terminar con su propia existencia. Lo que no puede es disponer de su ser, excepto que decidiera suicidarse. El hombre solamente puede ser propietario de cosas externas a su persona, o volver hacia atrás, a los tiempos de la esclavitud en los cuales "el amo y señor" disponía de sus esclavos libremente. Creo que es mejor olvidar ese momento de la historia.

Pero vamos al tema que nos ocupa: el aborto. Si no podemos ser propietarios de nuestro cuerpo vivo, mucho menos del vulnerable producto de la concepción desde el huevo y hasta el nacimiento. Sobre este punto se afirma, con absoluto desconocimiento, que la mujer es dueña de su cuerpo y, por lo tanto, del huevo, embrión o feto que alberga durante el embarazo.

La mujer no es dueña de su cuerpo, como ya hemos visto, y mucho menos del futuro ser humano que alberga, alimenta y protege en su interior. Ese ser tiene su propia información genética y el derecho más importante: nacer y vivir. El tema de la "propiedad" es aún más complejo: ¿y la propiedad del progenitor"? Claramente, el ser concebido no puede tener su vida a merced de "propietarios" que podrán o no estar de acuerdo con abortar cuando, en realidad, no los asiste ningún derecho para disponer de la vida del Ser Humano no nato.

Se afirma que la interrupción del embarazo es lícita, dependiendo del número de semanas de la gestación, pero hay una continuidad vital desde la concepción y hacia adelante: si hay huevo, hay futuro ser humano.¿Quién puede atribuirse el derecho a discontinuar el proceso de la vida de otro ser humano? ¿Quién puede declararse propietario de esa futura persona?

Existencia y esencia

Me voy a permitir citar a Jean Paul Sartre, filósofo francés existencialista, quien decía: "La existencia precede a la esencia". Significa que el ser humano se va haciendo a sí mismo con libertad, en el devenir de la vida; pero para eso tiene que ¡existir! ¿Quién puede atribuirse la potestad de interrumpir la continuidad de la existencia humana? Sartre no creía en Dios, pero reconocía que sin existencia no podía haber futura persona.