Un grupo de cordobeses de la promoción 1988 viajó hacia Bariloche con el fin de concretar el tan ansiado viaje de egresados, que en aquel entonces debieron postergar por razones económicas. Se trata de un grupo de amigos que se formó en la escuela y que se consolidó por la unión que los abraza desde hace 30 años.

Parece una historia de película, pero es la vida real. De los 22 egresados, 14 de ellos se subieron al avión para cumplir un sueño adolescente que se hizo esperar. Todos ex alumnos del colegio José María Paz, de la localidad de Oliva, un pueblito de 11 mil habitantes, ubicado a 92 kilómetros de la capital provincial, arribaron a la localidad sureña con las mismas ganas de los 17 años pero ya con 49 cargados en sus espaldas.

En vez de llevar alcohol, ahora cargamos primero la bolsita con los remedios" ironizó uno de los muchachos. 

"Estuvimos dos años trabajando, con venta de gallinas y hasta de comidas para juntar plata, pero cuando llegó el momento no nos alcanzó para hacer el viaje a Bariloche. Todos éramos de familias humildes. Con ese dinero que recaudamos, les pagamos las tarjetas a todas nuestras familias para la fiesta de egresados. Pero siempre nos quedó pendiente el viaje. Ahora podemos cumplir aquel sueño. De los 14, 10 no conocemos Bariloche", comentó Luis Moreno, uno de los alumnos " egresados", quien ironizó: "En vez de llevar alcohol, ahora cargamos primero la bolsita con los remedios".

Por otro lado, César Álvarez, otro integrante de la camada, quien en la actualidad es comisario mayor y director de la Zona Sur de la Policía Caminera local, explicó: "En esa época era mozo de un bar y hacía changas. Tengo seis hermanos, vengo de familia humilde y no teníamos posibilidades para pagar un viaje así".

Alejandro Inamorato, en tanto, era albañil en su adolescencia. En la actualidad es empleado municipal, sindicalista y dueño de una empresa de premoldeados. "Este es un grupo muy unido, desde hace 30 años: nos mantenemos en contacto, nos vemos, nos ayudamos, estamos cuando tenemos un problema. Nos respetamos", aclaró.

Asimismo, Jorge Lancioni indicó que "de chico, trabajaba de cadete". Para este viaje, fue quien ayudó a quienes tampoco llegaban con el dinero para cumplir la meta, según cuentan varios. El ritmo de este grupo en Bariloche no tendrá el empuje de los jóvenes que transitan igual destino.

Pero el entusiasmo es contagioso y el valor que le dan a la experiencia es enorme. "Iremos a conocer ciudades y cerros, pero también los boliches", comentó entusiasmado a los medios locales uno de los egresados.

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