La amenaza se hizo realidad. Aunque en la noche del pasado jueves el huracán Lane se redujo a categoría 2 dejó su huella en Hawaii, que no tiene respiro. Después del desastre provocado por la erupción del volcán Kalieua, este viernes llegó el tornado que provocó inundaciones y deslizamientos de tierra. En tanto, se aguardaba que tocara el archipiélago con toda su furia, mientras avanzaba con ráfagas de 195 kilómetros por hora.

Ante la llegada del peligro, viviendas y negocios se vieron en esta jornada con las ventanas y las puertas tapadas con maderas, para enfrentar el fuerte viento, mientras que sacos de arena fueron colocados para impedir la entrada de agua. Las mismas prevenciones tomaron los hoteles, que instaron a los turistas a permanecer en zonas seguras, aunque muchos desafiaron el viento y se dedicaron a disfrutar de la playa y el mar el mayor tiempo posible.

Todas estas precauciones respondieron al pedido de las autoridades de extremar los cuidados. "Es una situación muy peligrosa, por lo que se deberían evitar los traslados innecesarios", expresó el gobernador David Ige, quien había instado a la población a hacer acopio de comida y alimentos para dos semanas. Sus palabras están relacionadas con las inundaciones que ya se provocaron en algunas partes del archipiélago y el deslizamiento de tierra que tapó varios caminos.

Mientras tanto, las evacuaciones continuaron ayer en los sectores más afectados de las islas Maui y Molokai y unas 1.500 personas debieron abandonar sus hogares.

Esperan lo peor

Según calculan, el ojo del huracán tocara las islas de Oahu, Maui, Lanai y Molokai, con ráfagas de unos 120 kilómetros por hora, por lo que fue considerado como más peligroso en llegar a Hawaii desde que Iniki golpeó al archipiélago en 1992, provocando la muerte de seis personas y causando daño millonarios.