A pesar de ser un país generalmente pacífico y de buena calidad de vida, Noruega también tuvo sus momentos oscuros en su historia, con un personaje que quedó en los libros criminales locales. Se trata de Arnfinn Nesset, un enfermero que asesinó a 27 pacientes en diversos pacientes de los geriátricos donde trabajo a lo largo de dos décadas, aunque se cree que esa cifra podría elevarse a 138, número que fue confesado por el criminal, pero que la policía no pudo comprobar.

Nacido en 1936 en la ciudad de Trondelag, y la medicina fue su pasión desde joven, por lo que realizó los estudios correspondientes en una universidad local y logró graduarse como enfermero. Su pasión por "ayudar a otros" tuvo su recompensa y comenzó a trabajar en un asilo de ancianos de la localidad de Okdal, a inicios de la década de 1960.

 

Se supone que en esta época comenzaron las muertes a manos del enfermero, ya que los ancianos morían por doquier en la institución, y no había investigaciones con relación a las mismas. La policía nunca creyó que los decesos se debieron a algo intencional, sino a algo meramente natural, aunque años más tarde, Nesset confesó haber matado decenas de pacientes (se sospecha de 62 muertes), datos que nunca fueron confirmados por los investigadores.

Nesset pasó de enfermero a director de geriátrico (Archivo).

Con el paso de los años, la figura del enfermero fue creciendo y su amabilidad hizo que los ancianos confiaran en él para sus cuidados, algo que terminó siendo una trampa mortal para ellos. En 1977, Arnfinn Nesset se convirtió en el director del principal hogar para ancianos de la ciudad de Okdal, y con esto la cantidad de muertes que se le inculcan hasta hoy en día.

El geriátrico donde ocurrieron los crímenes (Archivo).

De hecho, al momento de ser interrogado, el criminal confesó haber matado a los ancianos por diversos motivos: esquizofrenia, piedad, placer o morbo fueron los actos que lo llevaron a tener el mote de "El ángel asesino".

Muerte en el geriátrico

En tanto, el modus operandi del noruego era similar, suministraba a los pacientes con Curacit (derivado del curare), un fármaco relajante muscular en grandes cantidades, lo cual llevó a la muerte de los ancianos con el paso del tiempo. Un punto a destacar es que este fármaco se vuelve cada vez más difícil de rastrear en un cadáver a medida que pasa el tiempo, con lo cual los primeros crímenes fueron difíciles de investigar.

El asesino usó Curacit para matar ancianos (Imagen ilustrativa).

En mayo de 1977 comenzó a llamar la atención la cantidad de fallecimientos que había en el establecimiento, aunque no hubo investigación al respecto hasta que en 1981 todo cambió.

Arnfinn Nesset: descubrimiento y detención

Un empleado se percató que el director había comprado una gran cantidad de Curacit, situación que lo hizo sospechar y denunciar esto ante la policía noruega. En el interrogatorio al que fue sometido, Nesset primero había dicho que la droga la compró para matar a una manada de perros que asolaba el asilo, aunque poco duró esta coartada y terminó confesando las muertes.

Los medios de Noruego siguieron los casos (Archivo).

Cuatro psiquiatras examinaron al sujeto y tras varias pruebas, confirmaron que estaba apto para enfrentar un juicio, que tuvo su comienzo en octubre de 1982. Cinco meses más tarde, y a pesar de que el asesino se declaró inocente de los cargos, los miembros del jurado lo condenaron por 22 cargos de asesinato, un cargo por intento de asesinato, cinco cargos por falsificación y malversación de fondos, basados en la apropiación de dinero de algunas víctimas.

Arfinn Nesset en el juicio que se le realizó (Archivo).

La condena fue de 21 años de prisión (máximo castigo posible de la ley local), con la posibilidad de 10 años más de prisión preventiva, condena que fue cumplida por el criminal, quien en 2004 volvió a ser libre y hoy con 85 años sigue caminando tranquilo (con otro nombre) por las calles de su Noruega natal.

En la actualidad, el criminal en las calles de Noruega (Archivo).

POR G.A.

 

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