Por Alicia Barrios 
abarrios@cronica.com.ar 
Enviada especial al Vaticano 

Conocer, reconocer y restituir son los verbos de este tiempo. Estos días de la Amazonia son los misterios dolorosos. Hay que hacerse fuerte para oír. El apostolado de la escucha. A los pueblos originarios siempre se los consideró lejanos. Hay centenares de sitios en América Latina que no abandonan las comunidades pero se acercan a la urbanización. Hay sitios que son hasta 45 y hablan 16 idiomas. Más de 35.000 habitantes. Chocan con un volcán a punto de estallar: en las ciudades los llaman los invisibles, porque padecen la discriminación.

La Amazonia es una mujer violada de la cual se quiere rescatar el amor. Están naciendo niños que desde el útero vienen con malformaciones. En las zonas de explotación minera nadie piensa en ellos. En Brasil, el gobierno insensible quiere sacar el máximo provecho. Flexibiliza la ley y elimina controles a costa de la vida de miles de personas. Hay 30% de contaminación. El 92% de la población está contaminada. Hacen falta 20 kilómetros de tierra fértil, que queda destruida, para hacer un anillo de oro. Escalofriante.

La destrucción de la Amazonia conduce a la destrucción del mundo. Si algo quiere Francisco es despertar la conciencia de todos los pueblos indígenas de la Amazonia. Viven bajo amenaza de extinción desde hace 500 años. Los misioneros fueron verdaderos servidores, pero la situación sigue siendo dramática. El Papa pidió a toda la jerarquía y la comunidad eclesiásticas prestar atención a los que no tienen voz, a los pueblos olvidados y a los pobres.

La Amazonia es decisiva para el clima del mundo. El padre Bossi, superior de los Combonianos en Brasil, dijo: "Sería un gesto muy fuerte si la Iglesia pudiera eliminar el uso del oro en sus liturgias y sacramentos". Mejor casarse con alianzas de acero quirúrgico. Cuántas vidas se pierden en la explotación del oro. El amor, la unión, no pasa por un metal precioso y mortal.