¿Hitler vivió en Argentina?: lo que se sabe a 77 años de su suicidio
Desde su fallecimiento en 1945, comenzó a tomar fuerza una información que aseguraba que el genocida alemán habría escapado en submarino a América del Sur y se habría instalado en la Patagonia.
La muerte del genocida alemán Adolf Hitler data oficialmente del 30 de abril de 1945. Fue el 1º de mayo el momento en que el almirante Karl Dönitz confirmó la estremecedora noticia por la radio.
Según las versiones oficiales, Hitler se habría suicidado junto a su esposa Eva Braun, ante el avance de los Aliados y la ya inminente derrota de las Potencias del Eje, en el marco de la Segunda Guerra Mundial. El lugar físico habría sido el búnker de Berlín, en Alemania.
Los restos del führer nunca fueron vistos oficialmente, sino que fueron incinerados, lo que echó leña al fuego de las numerosas teorías conspirativas que dicen que logró escapar y vivir una vida secreta bajo otra identidad.
La considerada como una de las más sólidas, dice que Hitler no se habría quitado la vida, sino que huyó y pasó sus últimos años de vida en Argentina, más precisamente en la Patagonia; un lugar ideal por ser una tierra lejana de gran extensión y con vasto historial de amable recepción de militares y científicos nazis.
Pero no solo son especulaciones tiradas al azar, sino que al respecto hay varios libros que hablan concretamente de ello, que incluyen hasta testimonios de personas que aseguran haberlo visto por esas tierras.
En 2018, un hecho científico significativo fue considerado por muchos investigadores como el fin de esta teoría: un estudio, publicado en la revista European Journal of Internal Medicine, analizó los restos de su dentadura y cráneo del genocida alemán, y confirmó que efectivamente se había suicidado.
“Ya podemos parar todas las teorías conspirativas sobre Hitler. No se fue a Argentina en un submarino, no está escondido en una base en la Antártida ni en el lado oscuro de la Luna”, insistió Philippe Charlier, uno de los profesores a cargo del estudio.
Sin embargo, esta evidencia no sirvió para desterrar por completo a los argumentos de quienes aún hoy insisten en que Hitler se exilió en la Patagonia argentina.
We continue to work on the tiny remains of Adolf Hitler’s dental calculus... #ScienceNeverStops pic.twitter.com/m5khVuvV1Z
— Philippe Charlier (@doctroptard) June 15, 2018Para poder delinear el mapa teórico que concluye en la posibilidad de que el Führer haya vivido por lo menos la última parte de su vida en nuestro país, nos encontramos con el periodista argentino Abel Basti, quien se dedicó a recabar información para comprobar la ¿alocada? hipótesis.
Según Basti, Hitler y su esposa se instalaron en una estancia a unos 15 kilómetros de Bariloche, de donde pudo obtener dos testimonios: el de la cocinera y una mujer que nació ahí.
El autor de los libros “La segunda vida de Hitler”, “Hitler y el nuevo orden Mundial”, “El exilio de Hitler” y “Hitler en Argentina”, remarcó: “Yo lo que he trabajado se basa en testigos, personas que estuvieron con Hitler en Argentina, las cuales yo filmé para dejar el testimonio. Eso lo crucé con documentos de los servicios secretos, como del FBI y la CIA, y declaraciones públicas de funcionarios estadounidenses”.
Pero Basti no está solo, porque el estadounidense Harry Cooper, autor de “Hitler in Argentina: The Documented Truth of Hitler’s Escape from Berlin (Hitler en Argentina: la verdad documentada del escape de Hitler de Berlín) reunió en dicha producción fotografías, documentos y relatos de testigos que también afirman haber conocido a Hitler en la Argentina.
¿A quién le convenía que Hitler estuviera supuestamente vivo?Si bien los soviéticos se enteraron de la muerte de Hitler un día después, pasadas tres semanas, Stalin le dijo a un enviado norteamericano que el führer se había escapado, pero que no tenía conocimiento de a dónde se dirigía. Mientras, la versión comenzaba a ser replicada en Alemania.
Según relata el medio Infobae, se supone que la motivación de Stalin era sembrar la incertidumbre, y que las demás naciones vencedoras carecieran de las certezas que él ya tenía. De paso dejaba a su gran enemigo como un cobarde, como alguien que ante el peligro prefirió huir antes que resistir hasta el final.
Por otro lado, si Hitler estaba vivo, existía siempre la posibilidad de un regreso, por lo que no habría espacio para contemplaciones ni para medidas blandas. “La sombra del Hitler fugado le permitía convencer a los demás de aplicar sanciones duras, de ser inflexibles con Alemania y con los restos del nazismo”, explica el medio.

