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La viralidad que destruyó un paraíso: cómo ChatGPT convirtió a esta playa en la más saturada del mundo.

Lo que parecía un reconocimiento se convirtió en una pesadilla: una playa paradisíaca de Mallorca fue destacada por ChatGPT como una de las más lindas del mundo, pero la exposición global desató una invasión turística sin control.

La inteligencia artificial ChatGPT incluyó a Caló des Moro, en la isla española de Mallorca, entre las playas más hermosas del mundo. Destacó sus aguas cristalinas, su entorno virgen y su arena blanca como cualidades únicas en el planeta. Esa mención, replicada en redes sociales, blogs de viajes y plataformas turísticas, disparó la popularidad del lugar. 

Lo que antes era un rincón secreto visitado por pocos, se convirtió en un punto de peregrinación para miles de turistas que, motivados por la curiosidad y las recomendaciones digitales, comenzaron a llegar en masa. Sin embargo, la postal de ensueño pronto comenzó a desdibujarse ante la presión de una sobreexposición que superó la capacidad natural del entorno.

 

 Una imagen de Calo Des More.
 Una imagen de Calo Des More.

Acceder a Caló des Moro no es sencillo. Se necesita realizar una caminata de al menos 40 minutos a través de senderos sin señalización clara, lo que ya representa un desafío físico para muchos. Al llegar, los visitantes se encuentran con una playa pequeña, de tan solo 20 metros de extensión, que no puede contener el volumen actual de turistas. 

Las colas para bajar son interminables y, una vez allí, resulta casi imposible encontrar un lugar para extender una toalla. La experiencia, lejos de ser paradisíaca, se vuelve caótica y frustrante. La tranquilidad que caracterizaba al sitio desapareció, sustituida por ruidos, aglomeraciones y un tránsito constante de personas que entran y salen, sin ningún control o límite.

¿Cuál fue el impacto?

El impacto no es solo visual ni logístico: también es ambiental. Durante festividades como la Nit de Sant Joan, la playa ha quedado literalmente tapizada de residuos. Botellas, envoltorios y restos de comida se acumulan sin que haya infraestructura o servicios adecuados para su recolección. A eso se suma un fenómeno más silencioso, pero igualmente grave: la pérdida progresiva de arena. 

Según especialistas locales, cada año se pierden más de 50 kilos de arena por el constante pisoteo de los turistas, lo que compromete la estabilidad de la cala a largo plazo. La erosión natural, acelerada por el turismo desmedido, amenaza con hacer desaparecer uno de los paisajes más emblemáticos del Mediterráneo.

Desde el municipio de Santanyí, la alcaldesa Maria Pons lleva más de un año alertando a las autoridades nacionales. En junio de 2024 envió un pedido formal a la Demarcación de Costas, el organismo estatal encargado de la protección del litoral, solicitando medidas urgentes para restringir el acceso o implementar un sistema de control. 
 

La respuesta fue el silencio, ni reuniones ni compromisos, mientras el deterioro avanza a pasos acelerados. Desde el gobierno local denuncian una absoluta falta de voluntad política para abordar el problema, a pesar de que la situación ha sido visibilizada incluso por medios internacionales.

La esperanza, por ahora, está puesta en un estudio impulsado por la Universidad de las Islas Baleares. Este informe, que analizará la capacidad de carga turística de Caló des Moro, servirá como base científica para definir cuántas personas puede recibir diariamente sin que el ecosistema colapse. Los resultados, que se esperan para octubre de 2025, podrían impulsar una regulación más estricta o incluso limitar el acceso al lugar. El desafío será encontrar un equilibrio entre el deseo de los visitantes por conocer el paraíso y la necesidad urgente de preservarlo para que no desaparezca por completo.

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