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@gaston_monjes

Cuando parte de una sociedad está sedienta de venganza -no de justicia-, se relame ante cada voz gubernamental que respalda lo que se dio en llamar como la nueva "doctrina" en materia policial, que se acerca a la mano dura que algunos tanto esperan. Celebrar el crimen de una persona, aunque sea un ladrón, es repudiable y hasta peligroso, porque si se justifica que quien sale dispuesto a matar debe saber que puede morir, se entra en un juego en el que el estado de derecho no debe caer y en el que todos salimos perdiendo.

El gobierno está decidido a cambiar lo que sea con tal de diferenciarse del kirchnerismo. Y en esa carrera, a veces, parece que no importan las posibles consecuencias. "Las fuerzas no son, como ocurrió durante muchos años, las principales culpables a la hora de un enfrentamiento. Estamos cambiando esta doctrina de la culpa hacia el policía", aseguró la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, al anunciar la "mirada" del Ejecutivo, su nueva doctrina.

En el mismo sentido, el jefe de gabinete, Marcos Peña, dijo que uno de los temas pendientes es la "protección de derechos y de la vida de la gente". La gente. Ese colectivo impreciso del que funcionarios de todos los colores se agarran para justificar algo, a veces, sin el debido sustento. Quien delinque, mal que les pese a muchos, también es parte de "la gente". También tiene derechos, y matarlo por la espalda, como quiere "la gente", también es un delito.

El caso del policía Luis Chocobar reabrió el debate y exacerbó las posturas más cercanas a la mano dura policial. Esa policía que el propio gobierno acepta que debe estar mejor preparada. Esa policía que se envalentona fácilmente y es capaz de matar a un delincuente por la espalda o hacer "bailar" a cadetes hasta la muerte, como en La Rioja.

"No es una carta blanca para salir a disparar", aseguró el jefe de la Federal, Néstor Roncaglia. Pero la nueva doctrina pareciera acercarse. Y, entonces, la que pierde es la sociedad.