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El caso de Nahir Galarza, la joven de 19 años que se autoincriminó en el asesinato de su ex novio, Fernando Pastorizzo, promete ungirse en uno de los más emblemáticos de la historia policial argentina. Un homicidio en el que la víctima recibe dos balazos muy certeros, uno por la espalda y otro en la frente, con el arma reglamentaria de un policía de Entre Ríos.

Nahir, hija de ese uniformado que, horas después del crimen, fue a trabajar con esa pistola 9 milímetros, confesó la autoría. La Justicia sospechó desde un principio del padre de la muchacha. Según el reconocido perito balístico Rubén Martín, es difícil de creer que una joven de esa contextura haya podido accionar el arma con tanta precisión.

Y dio otro dato muy cierto: en los crímenes de tipo pasional, lo que se evidencia es la saña manifiesta. No hubo nada de eso. Un crimen casi quirúrgico. Hasta el día de hoy no se pudo establecer el vínculo entre Nahir y Fernando. Que fueron novios, que no. Hay evidencias de que veranearon juntos, pero la Justicia no pudo determinarlo. No es un dato menor, porque, de comprobarse que eran pareja, la posible condena para Galarza sería mucho más contundente.

Lo que vino después no reconoce antecedentes. Una acusada de asesinato que tiene un representante artístico de famosos, galería de fotos desde su infancia y un tratamiento casi de estrella o de modelo, que intentan llevar el caso a cualquier parte. Y la última: Nahir tiene club de fans.

Un crimen con muchas dudas que hace pensar en que el verdadero autor material está en libertad. Pero se confirme la autoría o haya un giro de 180 grados, el caso Nahir Galarza seguirá escribiendo las páginas sangrientas con detalles únicos.