@egodoyvallejos
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El nivel de la educación argentina sufre un constante retroceso desde hace décadas. Todos los gobiernos, sin excepción, subestimaron, desatendieron, flexibilizaron y faltaron el respeto a la comunidad educativa del país.

La administración de Mauricio Macri, ya en su tercer comienzo de año lectivo, mostró más de lo mismo. Sin atacar en ningún momento los problemas de fondo, se dispuso a recibir a los representantes gremiales a pocos días de iniciar las clases. Consecuencia: huelgas, movilizaciones, paros. Todo, menos los chicos en las aulas.

Desde noviembre que la discusión sobre las paritarias estaba planteada y los sindicatos solicitaron reuniones. Pero, claro, el gobierno estaba más preocupado en ver cómo "metía" la reforma previsional, que cubrió de violencia a la ciudad de Buenos Aires como casi no se tenía recuerdos.

Siempre es bueno tener presente cuáles fueron las promesas electorales presidenciales. Cambiemos, que vino "a llevarse puesto todo" y mostrar una forma distinta de hacer política, sigue en el debe: "Nos proponemos lograr que los estudiantes cumplan con las metas curriculares en todo el país (...) Hay que ir a fondo, además, con la enseñanza de idiomas, de cálculo y de educación digital desde el nivel primario para avanzar hacia una educación de siglo XXI", dice la plataforma del PRO. Y otra más, que brilla en ausencia total: "Volveremos a impulsar la autonomía universitaria". Nada de nada.

Mientras perdura la discusión miserable entre gobiernos y gremios, el objetivo de desprestigiar a los docentes con la abyecta vieja frase "laburan 4 horitas y tienen 3 meses de vacaciones por año", la calidad educativa empeora de forma irremediable.

Sería mucho mejor que los gobernantes se plantearan si un docente puede vivir con 15.000 pesos por mes, en escuelas que carecen de recursos básicos como el gas para la calefacción. ¿Alguien, por favor, quiere pensar en los niños? Sería bueno.