Nada une como el espanto. El odio es una fuerte amalgama que potencia coaliciones quizás impensadas hace un tiempo, pero que el enemigo común justifica perfectamente. La dupla Hebe de Bonafini-Roberto Baradel promete, y mucho. Al menos garantiza repercusión mediática de sus respectivas arremetidas contra el gobierno: la titular de Madres de Plaza de Mayo por su férrea oposición al modelo macrista -y con Hebe, por "férrea" debería entenderse "encarnizada e intransigente"- y el dirigente docente porque la lucha paritaria de su sector es un clásico sin fin.

Ese jueves, Bonafini encabezó la tradicional ronda a la Plaza de Mayo, esta vez acompañada por Baradel. Además de pegarle a la gobernadora María Eugenia Vidal, uno de sus blancos favoritos, amplió su lista negra con el doctor Alberto Cormillot. Es que según ella, Vidal les da "comida podrida" a los alumnos bonaerenses, y en ese sentido se enojó con Cormillot, por haber recomendado a las autoridades provinciales que "saquen las paneras de los desayunos y las reemplacen por tres gajitos de mandarina y un cuarto de manzana".

Con su habitual sutileza, dictaminó que el nutricionista "tiene dos opciones, que lo desmienta o que lo echen". De paso, lo calificó de "fascista". Pero la virulencia de Hebe, que la caricaturiza frente a los que rechazan su violencia constante en -no se discute aquí en qué "tiene razón" y en qué no- contó con el apoyo de Baradel que, lejos poner un cachito de cordura sostuvo que "un gobierno como el que tenemos hoy no puede gobernar más en la Argentina".

He ahí el llamado al combate: "estoy absolutamente convencido que los vamos a derrotar". Fascismo, combate, resistencia y derrota. Conceptos bélicos que flaco favor le hacen a este país en problemas.