Por La Chica Urbana

@ChicaCronica

Capítulo 24

Dios se fue al cielo y el mundo lo lloró en la tierra. Varias generaciones coparon las calles, las puertas de las canchas, los lugares emblemáticos, la Casa Rosada, para poder darle el último adiós al barrilete cósmico al que muchos, consideraron un marciano.  .  

Miles pudieron verlo por última vez y millones desearon poder hacerlo. El dolor era inmenso y el vacío tan tangible que hizo llorar sin parar a los más cercanos y a los más ajenos. 

Muchas veces se cayó y se levantó, muchas veces estuvo cerca de no levantarse,  pero su muerte concreta, real, esa que no llegaría nunca porque era inmortal, fue un golpe tan duro que arrasó con todos.

Dios es del pueblo y el pueblo lo lloró desconsoladamente. Esperando que ocurriera un  milagro, esperando que se levantara una vez más, como otras tantas veces.

Hijos consolando a padres y madres, hinchas de clubes rivales fundidos en un abrazo, mandatarios derramando en palabras sus lágrimas, compañeros empapados en su llanto, deportistas convirtiendo su juego en homenaje y su rito en un grito de desesperación. El mundo lo lloró y lo sigue llorando.

No hubo fronteras, ni guerras, ni religiones en esa pérdida. Todos de un mismo lado, compartiendo la misma angustia, el mismo vacío, la misma falta. Una falta tan cercana como la propia muerte de un familiar. Un dolor que atravesó al planeta de punta a punta y que no puso distancia, a pesar de las distancias y a pesar de la pandemia.

Hoy fui a saludarte a la cancha y al club que te vio nacer. Ser argentino y no querer a Argentinos Juniors es un poco...

Publicado por Fede Fichu en  Sábado, 28 de noviembre de 2020

Su imagen eterna enarbolada en gigantes carteles luminosos de grandes ciudades y en pequeños murales entre escombros de remotos pueblos. Su imagen ahora inmortalizada también en cientos que desearon llevarlo tatuado en sus cuerpos. La imagen de ese dios que siempre será eterno,  girando en el mundo de un punto a otro.

La humanidad en todas sus clases lo despidió como el más grande. Sin grietas, sin diferencias, sin nacionalidades. El mismo amor, la misma patria. 

Sólo se habló de él. Sólo se lo vio a él. Fue la tapa que nadie quiso publicar en todos los diarios del planeta, fue la noticia que nadie quiso dar un día como ese.

El mundo fue Argentina, gracias a él, otra vez. Él, que siempre estuvo orgulloso de ser argentino, y lo gritó. Le dio la espalda a los malos y le puso el pecho a los buenos.

El pibe de Fiorito, ese que conquistó a todos y tuvo el mundo a sus pies nunca sacó los pies del barro ni se olvidó de los embarrados. Con esos pies con los que danzó incansablemente, dio grandes pasos que hicieron historia.

No sólo jugó a la pelota. Jugó a la vida, con aciertos y desaciertos. Jugó a la política, jugó a la guerra, jugó contra todo lo que el mundo le puso en frente. Jugó a todo y en todas las posiciones. Jugó cada minuto de su joven vida y el planeta se lo reconoció.

Se fue Diego Armando Maradona pero quedará presente en este mundo como el más grande, aún cuando todos nosotros también nos hayamos ido. 

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