Por La Chica Urbana

@ChicaCronica

Capítulo 15

Si el General José de San Martín supiera lo que hemos hecho con la frase que le adjudican: “Seamos libres y lo demás no importa nada”, se levanta de la tumba, se pone un barbijo y sale de la Catedral Metropolitana de Buenos Aires rumbo a Plaza de Mayo para decirnos algunas cositas en nuestras propias caras. Esa imagen si bien nos impresionaría un poco, bien que la mereceríamos.

¡Lo que hemos hecho con el concepto de libertad! Lo que a ese hombre lo convirtió en el gran héroe americano, lo hemos deformado sin ponernos colorados, en defensa de lo trivial, de lo banal, del egoísmo extremo.

Todo por hacer un asadito con los amigos, salir a correr en manada, tomarnos una birrita amontonaditos, juntarnos en la puerta con un cafecito en la mano o hacer una fiestita clandestina. Para algunos “revolucionarios” lo que sería una prevención sanitaria contra los riesgos de contagio por una pandemia, sería lo mismo que estar presos.

Mostrar lo revolucionarios que somos mientras negamos la existencia de un virus y nos grabamos muy contentos bailando música electrónica desde un centro de esquí rompiendo la cuarentena, nos hace creer grandes héroes de la historia. ¿Estamos o no presos, en qué quedamos?

Un aislamiento social, preventivo y obligatorio, es la excusa para salir a gritar en defensa de una libertad que nada tiene que ver con aquella por la que luchó el General.

Un manifestante anticuarentena se expresa en el último  Banderazo. (Crónica: Nahuel Ventura)

Pero nadie se sonroja si en se suma a esas manifestaciones por el derecho a ser libres, mientras se deben fortunas en patente de autos, en impuestos o si se fugan divisas descaradamente para que hagan esnorquel en las Islas Caimán.

Dispuestos a no cumplir una norma, una regla o una medida de convivencia, salimos desaforados a no aceptar acá lo que en otros países acataríamos calladitos la boca y sin chistar, y hasta también justificaríamos. ¡Esto en Suecia no pasa!

Eso que no queremos cumplir acá, nos saca de nuestras casillas, nos descoloca, nos pone loquitos y a las puteadas contra todo y contra todos. Esa libertad que defendemos, esa que afecta la de otros, esa misma es la gran motivación que nos lleva a expresar fervientemente nuestros grandes destellos de odio.

Gritamos por libertad en el Obeslico, mientras el resto se permite disfrutar de la vida al aire libre. ¡Algo estamos revolucionando mal!

Uno de los participantes a la manifestación anticuarentena el pasado 9 de julio (Crónica: Nahuel Ventura)

El imaginario de un mundo controlado, estricto, encerrado, sin libertad para hacer lo que se nos canta cuando se nos canta, aunque le hagamos mal a los demás, se contrapone con la realidad y nos hace explotar la cabeza.

Esa libertad que cada vez gira más a la derecha, esa libertad que tanto se defiende odia a la propia patria y desea ser otra. No importa cuál mientras sea otra que no sea esta. Una liberal, que nos deje hacer lo que queremos cuando queremos, sin controles, sin reglas, sin normas. Que nos deje mirar nuestro propio ombligo y que los demás no importen nada.

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