La egolatría de algunos contribuyentes

Opinión por Javier Carrodani. 

@javiercarrodani 
jcarrodani@cronica.com.ar 

El término egolatría, significa exagerada valoración que tiene una persona de sí misma. Es un concepto que le viene a la mente de quien escribe estas líneas cuando escucha frecuentes latiguillos como "mis impuestos", "no quiero que la plata de mis impuestos se destine a tal o cual cosa", "que los políticos no se roben mis impuestos", etc.

Más allá de que se trate de una forma de decir, el hecho de referirse a "mis impuestos", en lugar de "los impuestos" que pagamos todos los contribuyentes o "lo que se recauda" por impuestos en general, sugiere que hay quienes que -al menos inconscientemente- creen ser contribuyentes "especiales" o más importantes que el resto.

Parecen desconocer que, en realidad, todo el mundo paga impuestos. En diferentes proporciones, según sea el caso, claro está. Pero incluso hasta quien no genera ingresos o no tiene propiedades de las cuales cobrarle impuestos, los paga cuando, por ejemplo, compra artículos de primera necesidad en un supermercado, o cuando carga la tarjeta para viajar en transporte público, o cuando, eventualmente, compra algún electrodoméstico, así sea en cuotas, para lo cual tiene que haber un registro con factura, y en ese precio está incluido el IVA, por ejemplo.

Ahora bien, volviendo a la mentalidad de los contribuyentes referidos, es de imaginarse qué harían si -en una hipótesis muy poco probable, es cierto- tuvieran la chance de influir en el uso específico de los montos que aportan, como si cada ingreso al Estado nacional, provincial o municipal fuese computado de manera separada e identificable, para que cada contribuyente pudiera al menos vetar algunos rubros presupuestarios.

Eso permitiría concretar ideas como "no bancar con mi plata a los que cobran planes sociales y viven sin trabajar, ni sostener hospitales públicos a los que van muchos extranjeros, ni tampoco mantener escuelas nocturnas para adultos que en su momento no quisieron estudiar", entre otras tantas por el estilo que también implican un menoscabo social hacia los que dependen de fondos y servicios públicos para sobrevivir.

Con esa mentalidad, resulta difícil pensar en que esas personas se sumen a un proyecto de país que, además de generar crecimiento, verdaderamente priorice el bienestar general e incluya a todos.

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