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La Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), en el sur de nuestro país, activó el descomunal operativo con fuerzas federales dispuestas para evitar, y desalojar, cualquier tipo de tomas de tierras o protestas de mapuches ligados al grupo violento. "Son terroristas", dijo la vicepresidenta de nuestro país, Gabriela Michetti. En similares términos se expresó la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

La "escalada" verbal y las definiciones llegaron para justificar la muerte de un joven de 21 años, Rafael Nahuel, de un tiro por la espalda, proveniente de un arma como las que usan los efectivos que buscaban terminar con la toma de un predio de Villa Mascardi, el 25 de noviembre.

¿Quiénes son los líderes de la RAM? ¿Qué armamento tienen? ¿Cómo operan, se financian y atacan? ¿Qué hicieron o planean en nuestro país? Hasta ahora, el gobierno sólo aportó una versión. Ni una sola evidencia.En un caso en el que se apela a la violencia extrema, en el que se asegura que la muerte de un argentino es producto de un enfrentamiento armado con un grupo casi terrorista, las pruebas son claves. Son lo que separan los relatos de cualquiera de los involucrados con la Justicia, encargada de revelar la verdad de lo que sucede.

En Chile, los enfrentamientos entre mapuches y el gobierno costaron numerosas vidas. Allí se encierra a las personas en sus casas y las prenden fuego. Si un grupo así estuviera operando en Argentina, bastaría con señalarlo e identificarlo para encolumnar a todos contra el enemigo del Estado y del pueblo.

Hasta ahora, eso no se vio. Ni los atentados ni las pruebas. Apenas un grupo armado con piedras y palos, que no produjo ningún daño considerable. Y hay ya dos víctimas fatales. Son Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. La realidad tiene el poder de definir apoyos y rechazos. La obligación de todo Estado es mostrarla y trabajar para mejorarla.

Pero si la reacción a cada hecho es ver en cada dificultad un complot opositor, y si se toma como verdad sin pruebas apenas una versión, buscarla se convierte en una traición para los que viven y piensan en la grieta. Pero ser Estado exige más. Y la sociedad también.