El polémico Eugenio Zaffaroni

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El 10 de febrero de 2010 moría Wanda Taddei quemada por su pareja, Eduardo Vázquez, quien sería condenado a cadena perpetua. El uso de inflamables para prender fuego a mujeres fue adoptado por otros femicidas. Ese caso sacó a la luz una estadística invisibilizada por la anestesia moral de una sociedad sin seguridad ni justicia.

Por aquellos días, en Irak, Abu Bakr al Baghdadi se ponía al frente de la yihad, o “guerra santa”, inspirada en una versión coránica del Siglo XVIII. Bajo su mando, la banda terrorista del Estado Islámico ( ISIS) se expandió vertiginosamente a ambos lados del estrecho de Ormuz. Rapto, cautiverio y masacre de mujeres fueron sistemáticos bajo el dominio de esos fanáticos.

También hubo matanza de cristianos, forzados a probar el fruto de la semilla plantada desde que “la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre” (Pablo, carta a los Corintios). O sea: la mujer no piensa, es un animal; los cristianos de hoy ya no lo creen, pero yihadistas y femicidas, sí.

La confusión se agrava si un gobernador del norte, con aspiración a la Rosada, sostiene la enseñanza religiosa obligatoria en las escuelas públicas; peor, si un notorio rockero publicita su idilio “cultural” con un ex candidato neofascista derrotado el domingo 13. “En casi todos los casos el femicida es mucho más grande que ellas. "Las manipula, las va alejando de su entorno”, explicó la presidenta de la Casa del Encuentro, Ada Rico.

Los femicidas hacen lo mismo que los yihadistas, pero en criollo. Las presuntas casualidades distraen a las feministas de memoria frágil. Tanto, que muchas olvidaron que el Vatayón Militante de CFK autorizó al verdugo de Wanda a tocar la batería en una plaza. Y que el ex ministro de la Corte, Eugenio Zaffaroni, predicaba que los delincuentes eran “víctimas sociales”.

Ese “garantismo” fortaleció a los femicidas, y las que aplaudían a su predicador después salieron a denunciar inacción policial y judicial ante los femicidios. ¿Qué esperaban? La inseguridad, ¿no era un invento mediático? Zaffaroni defendió a un juez sacapresos, que había liberado a un femicida que volvió a matar.

Cada 30 horas, aquí, una mujer es asesinada por motivos de género. El ISIS se replegó en Oriente, pero los “lobos solitarios” acechan a Occidente. Los femicidas son “soldados del califato”, aunque lo ignoren. Matan por motivos que los yihadistas rotulan como “crímenes de honor”. Los “lobos solitarios” argentinos no saben de elecciones; pero, a su modo, ya “votaron”.