LOS SEIS MESES DE ALBERTO

Alberto y Cristina no lo habían visto todo

Por Florencia Golender

@flopa01

Basta decir "sabemos como hacerlo", "ya lo hicimos una vez", para que el mundo declare una pandemia y que todo aquello que parece un saber formado de la experiencia sea "sólo sé que no se nada", un humilde punto de partida del discurso que supieron reforzar con argumentos científicos para gestionar sobre lo desconocido. Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner reconstruyeron su relación política y, según dicen de amistad, para encarar un período de desendeudamiento, consumo y producción nacional.

Era el plan y una mirada posible es que fueron los más votados porque, además de un montón de cuestiones sobre las urnas que se explican en el plano de las ideas, ambos dirigentes, ya lo habían hecho post 2001. Entonces las propuestas resultaron suficientes para el triunfo en octubre 2019: "como estaban antes y como están ahora", "con Néstor llegamos con caída del PBI del 10% y nos levantamos", y todo eso que se dice en campaña.

Y unos meses después, bueno, lo impensado. El nuevo panorama mundial y local a raíz de la emergencia sanitaria por el COVID-19, puso a prueba la destreza de los dirigentes a pocos meses de desembarcar en la Casa Rosada. Algunos analistas dicen que con la cuarentena obligatoria van bien. Algunos analistas dicen que están demasiado cómodos por haber hecho bien. Algunos analistas sostienen que el escenario favorece a los recién retornados al poder para acallar las estimaciones mediáticas sobre cómo está el vínculo entre el presidente y la vicepresidenta. Un poco sí, aunque no tanto.

Parece que la cuestión que preocupa a sus opositores y que fue señalada a la hora del debate político, desvela aún más en momentos de debate sobre el impacto del capitalismo en las sociedades modernas que aún no tienen resueltos derechos esenciales de acceso a la salud, a la vivienda y a una vida digna. Aún más cuando los líderes europeos cuelan en sus discursos públicos la anomalía moral que evidenció la llegada del coronavirus a un planeta profundamente desigual en su distribución de la riqueza. Un problema para los pobres y también para los ricos, contagiarse sin distinción de clase de un virus que ha costado la vida de miles. Entonces, Alberto y Cristina, no lo habían visto todo.

 

El contexto pone a prueba la cintura del Presidente más que la batalla electoral y que la negociación de la deuda. Está claro, a esta altura, que es él quien, acompañado o no, lleva el peso de la historia sobre sus hombros. Y está claro que todos los que imaginaban un año difícil pero sin perder contra la inflación, a pensarlo otra vez. No se la ha escuchado a Cristina opinar del asunto, excepto en lo que a ella compete como presidenta del Senado. Respuesta, rápida para algunos lenta para otros, fue el armado de las sesiones virtuales.

Juega también, a su favor y a su desgracia, la síntesis de haber cumplido dos mandatos como Presidenta que facilitan supuestos sobre su postura ante lo desconocido. A seis meses de llegar, de toda esa épica de campaña que desplegó la fórmula Alberto - Cristina y de aquella foto el 10 de diciembre en el Congreso y de la otra en el discurso de apertura del año legislativo en marzo y de la otra caminando entre los árboles de Olivos, nomás queda el álbum.

En tiempos de pandemia los únicos héroes del pueblo son los médicos, los científicos y el personal que los rodea; y para la fórmula ganadora sólo queda espacio para aquello que el peronismo dice hacer mejor: gestionar en pos del bienestar social.

 

VIDEO: Por Fedra Abagianos.  

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