Como en 2015, si la oposición se organiza, gana

Opinión por Javier Carrodani. 

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@JavierCarrodani 

Aunque las encuestas marcan que la coalición gobernante Cambiemos tiene chances de retener el sillón de Rivadavia en las elecciones de este año, lo real es que su gestión económica hace que no dependa sólo de sí misma para lograr ese objetivo. De mínima, requiere que toda esa constelación de sectores y dirigentes vinculados de alguna manera con lo que se llama peronismo no encuentre la forma de articular una propuesta electoral única. Claro está, esa es la parte bien difícil del asunto.

Tal como se describe en los distintos relevamientos de intención de voto, la dirigente por lejos más votada del peronismo -y de la oposición en su conjunto- es la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Los otros que podrían proyectarse, como Sergio Massa o Juan Manuel Urtubey, hoy por hoy no tienen chances de pelearle en una eventual PASO.

Habría que ver qué sucede si al menos todo el peronismo no kirchnerista acordara un programa y una precandidatura para competir con CFK, ya fuera en una interna o por separado, buscando el segundo lugar en la general para llegar al balotaje con el presidente Mauricio Macri u otro postulante de Cambiemos.

En tanto, los obstáculos para Cristina son dos. Dentro del peronismo, dirigentes que tienen una relación directamente cortada o al menos muy distante con ella y no estarían dispuestos a volver bajo su conducción. Fuera del peronismo, el alto grado de rechazo que tiene su figura en un sector de la sociedad, el cual encontró en 2015, en el frente Cambiemos, la opción electoral para impedir el triunfo de Daniel Scioli, el hombre que presagiaba una cierta continuidad del kirchnerismo en el poder.

En ese momento, agrupaciones como el PRO, la UCR y la Coalición Cívica, que tenían fuertes diferencias entre sí, se unieron y ganaron la elección. Le toca ahora al peronismo pasar esa misma prueba.

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