No hay lógica que resista la argentinidad
Opinión por Analía Caballero.
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@analiacab
"Cambia el clima con los años, cambia el pastor su rebaño. Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño", cantaba Mercedes Sosa en un tema que hoy es un clásico no sólo por su belleza sino también por lo atinado de sus versos. Si alguien hubiera apostado dinero hace 12 meses porque Alberto Fernández sería nombrado por Cristina Fernández como su candidato a presidente; que Sergio Massa dejaría de lado sus ambiciones para sumarse al Frente de Todos, liderado por la ex mandataria a la que él tanto criticó -igual que Alberto, cabe recordar-, o que Martín Lousteau olvidaría su enojo con Cambiemos para alegremente pasar a ser primer candidato a senador por Juntos por el Cambio en la ciudad de Buenos Aires, en la actualidad sería millonario.
Ni que hablar si se le ocurría que Mauricio Macri elegiría como vice para la reelección a un peronista, parte del colectivo al que su partido siempre calificó como "lo peor que le pasó a la Argentina". Hace unos días hablábamos en esta columna sobre la muerte de los partidos como símbolo de identidad unívoca, como bandera que alinea voluntades.
Podemos ir más allá y confirmar que las elecciones 2019 plantean, como nunca antes, un tablero de ajedrez en el que el valor de las piezas cambia vertiginosamente, y las jugadas también; todo en búsqueda del tan ansiado jaque mate en octubre. En sintonía con esta idea, Miguel Ángel Pichetto tiene claro que su rol es hacer gala de su buen diálogo con los gobernadores y demás representantes provinciales, ganados en años de trajinar pasillos parlamentarios.
Es que el gobierno sabe que los meses por venir, con números deficitarios en las arcas nacionales, la cifra de dos dígitos de desempleo -por primera vez en 13 años- y las encuestas que no dan los resultados que el Presidente esperaba, serán duros. Por su parte, Cristina encontró en su homónimo de apellido la diplomacia que necesita para lidiar con los calores de la batalla preelectoral. Una prueba ya la sufrió Alberto este jueves con el malentendido que debió aclarar en San Juan. Lo cortés no quita lo valiente.

