HISTORIAS

Informe especial: monjes de ciencia y lo paranormal

DETALLES. Cuando ciencia y religión “viajaron” hacia otra dimensión.

Por Carlos Parodi (*)
carlosparodi64@gmail.com

Durante la Edad Media, el Renacimiento y la Edad Moderna las sociedades eran profundamente supersticiosas y a la par de la doctrina eclesiástica también se mantenía viva la creencia en las visitas provenientes desde el “otro plano”.

En tal sentido, dentro de aquel contexto socio cultural científico y religioso, cobraron gran relevancia las figuras de monjes de distintas congregaciones que investigaban esas asombrosas manifestaciones sobrenaturales.

Es justo señalar que estos períodos de la Historia fueron signados por guerras y pestes que propiciaroan un entorno de mayor cercanía con la muerte, por lo que muchos sacerdotes, científicos y pensadores de raíz ocultista eran motivo de consulta por parte de los gobernantes.

Uno de los primeros registros corresponde al del monje domínico francés del siglo XIII Vincent de Beauvais (1190-1267) cuya principal obra, “Speculum Maius” (Espejo Mayor) era una enciclopedia en la que dedicaba un capítulo entero a desentrañar la esencia de esas figuras fantasmagóricas.

También el jurista y canónigo inglés Gervasio de Tilbury (1150-1228) hizo mención a la presencia de unas espectrales brujas-fantasmas llamadas “Lamiaes”.

Entre los años 1400 y 1700 en Europa se produjeron los movimientos conocidos como la Reforma y la Contrareforma, que convulsionaron el panorama filosófico, científico y religioso.

Paralelamente a ello, la aparición de la Imprenta (1440) provocó un fenómeno llamado tratadítica, que hacía referencia a la gran circulación de tratados que abordaban desde contenidos políticos y científicos, hasta temas esotéricos que eran calificados como “No aptos para todo público”.

El sacerdote protestante suizo Ludwig Lavater (1527-1586) publicó un libro titulado “De Spectris” en el cual desde un punto de vista científico argumentaba que la melancolía era un estado anímico que podía producir alucinaciones y visiones de espectros, aunque también ante casos inexplicables, el clérigo culpaba a las entidades diabólicas como fuente de dichas manifestaciones

 En 1584 se publicó una obra que vino a “patear el tablero” de los tratados esotéricos. Nos referimos al “Libro de los Lugares Poseídos” del Jesuita alemán Petrus Thyraeus (1546-1601).

En esta obra, el monje apelaba a la observación de casos sobrenaturales, pero bajo la rigurosidad de un tratado cuasi científico para lo cual dividió su trabajo en “visiones y “apariciones”, y en “posesiones demoníacas”.

Este particular Jesuita afirmaba que los espectros, o bien eran demonios que merced a poderes indescifrables para el ser humano, tomaban diversas formas, o también podrían ser almas desorientadas que “iban y venían” del Purgatorio.

Lo llamativo de Petrus Thyraneus fue que en un capítulo titulado “De los terrores nocturnos que suelen anunciar la muerte de alguna persona” hizo referencia a lo que años después se conocería como “poltergeits” (“duendes traviesos”).

Detectives de lo extraño
En España, el fraile y demonólogo Fray Antonio de Fuentelapeña (1628-1702) también hizo su aporte para los siempre intrincados y fascinantes compendios medievales. Escribió “El Ente dilucidado, un tratado de monstruos y fantasmas” en el que indagó acerca de la existencia de “elfos”, y de otras presencias sobrenaturales.

También afirmaba que eran seres con “su propia e incognoscible esencia, totalmente ajena a la comprensión humana”. Por su parte, el clérigo y filósofo inglés Joseph Glanvill (1636-1680) en sus tratados se inclinó por darles un enfoque empírico para abordar los hechos que escapaban a toda lógica racional, tales como “el retorno de los muertos” o la visión de evanescentes figuras de procedencia ignota.

Lo novedoso de las prácticas de este singular monje/detective de lo insólito fue que basaba sus investigaciones en trabajos de campo en los que entrevistaba “in situ” a testigos de las apariciones.

Para profundizar su trabajo, Glanvill formó “dupla” hacia el final de su vida con el catedrático y filósofo inglés Henry More (1614- 1687) cuyo pensamiento oscilaba entre el más puro “racionalismo cartesiano” y la creencia en espíritus. Este apelaba al término “Spissitude” para describir una cuarta dimensión que contenía al espacio espiritual.

De esta forma, ambos estudiosos conformaron el primer “Dúo dinámico” de investigadores paranormales que se ocuparon de recopilar muchos de los más espeluznantes hechos indiscernibles acaecidos durante la “Edad Moderna.”

Por su parte, en Inglaterra, el arzobispo de Canterbury, Edward White Benson (1829-1896) cimentó en Cambridge las primeras investigaciones de la “Ghost Society”, que es considerada el antecedente directo de la famosa “Sociedad de Investigaciones psíquicas”. Sus estudiosinfluenciaron al escritor Henry James (1843-1916) para escribir una de sus más importantes obras, “Otra vuelta de tuerca”(1898).

INSPIRADOR ANTECEDIÓ A DRÁCULA
Uno de los libros más importantes del siglo XVIII sobre hechos paranormales lo escribió Antoine Agustin Calmet ( 1672- 1757) abad de un monasterio de la región de Senones, Francia.

Se trata de “El mundo de los fantasmas” (1746), tenebrosa obra en la que ofreció una auténtica exposición acerca de todo tipo de espectros, brujerías y entes demoníacos. También dedicó un capítulo a vampiros.

Precisamente a raíz de estas alimañas, el reverendo Calmet recopiló todas aquellas noticias que llegaban desde las zonas más inhóspitas de Hungría sobre esos “no muertos” que se desempolvaban de sus tumbas en busca de sangre fresca de humanos y animales.

Muchos investigadores señalan que la labor de este monje francés fue uno de los que inspiró al escritor irlandés Bram Stoker (1847-1912) para su maravillosa obra literaria: “Drácula”(1897).

(*) Investigador paranormal y ufológico

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