"Cociné empanadas de humanos": el "Gitano" Acuña, uno de los "12 Apóstoles" dio detalles del motín en Sierra Chica
A 27 años del inicio del motín de Sierra Chica, que duró ocho días, uno de los integrantes de la revuelta que fue condenado y ya pasó 17 años preso, brindó detalles de uno de los episodios que quedará para siempre en la historia penitenciaria.
El “Gitano” Ariel Acuña, uno de los 12 apóstoles del sangriento motín de Sierra Chica, que duró ocho días: del 30 de marzo al 7 de abril de 1996, fue uno de los cocineros de las empanadas de la masacre en la que fueron asesinados ocho presos liderado por el presunto violador Agapito Lencinas.
A 27 años del inicio del motín, “El Gitano”, que fue condenado y pasó 17 años preso, brindó detalles de uno de los episodios que quedará para siempre en la historia penitenciaria. Es que Acuña, fue uno de los cocineros que hizo "diez empanadas, con las nalgas de algunos presos decapitados y las dieron a probar a los guardias".
"Es algo que uno va a cargar toda la vida. Pero en ese momento éramos leones enfurecidos. Todo empezó como un intento de fuga, pero Agapito era botón de la yuta y además violaba pibes, a sus madres y a sus hermanas. Eso no lo podíamos permitir. Era un sanguinario de alma. Debía varias muertes. Por eso se armó una guerra entre presos. No murió ningún guardia", agregó.
Además, Acuña se hizo conocido y cobró mayor popularidad por narrar historias carcelarias en Youtube y en Tik Tok. Sus cuentas, donde sus apariciones y entrevistas que él mismo hace suelen tener 50 mil visualizaciones por video, son El Gitano (Youtube, con más de 20 mil suscriptores) y @elgitano166 en Instagram con más de 77 mil seguidores. En TikTok es @elgitano167.
El motín de Sierra Chica, catalogado como uno de los más salvajes del último tiempo, se gestó después de una fuga fallida. "Lo que iba a ser un escape derivó en una cacería feroz. Los que se iban a fugar usaron un arma de fuego y las facas para tomar el penal y también ir contra los presos que, según ellos, habían “botoneado” la fuga", contó Acuña, quien puntulalizó que los Doce Apóstoles, no fueron doce, sino muchos más.
Según los apóstoles, Agapito Lencina, el líder que solía andar con sus soldados, era informante de las autoridades penitenciarias.Incluso le habían encomendado que encontrara el arma o que informara sobre quién podía tenerla. Había llegado a Sierra un mes antes del motín.
Uno de los mayores enigmas es quién logró entrar la pistola Ballester Molina 11.25 que fue clave para que los Apóstoles pudieran dominar al penal. “Vamos a romper mitos. La entró una abogada que tuvo una visita íntima con un preso pesado”, reveló Acuña. Ese preso fue lugarteniente de Luis El Gordo Valor en la superbanda y fue trasladado una semana antes del motín a otro penal hacia la cárcel de Batán.
Para Acuña, no hay dudas que el líder de los Doce Apóstoles fue Jorge Pedraza y no Marcelo Brandán Juárez, alias Popó. Más allá de eso, el encargado de sentenciar a muerte a Agapito Lencina, el cabecilla de la facción enemiga, fue Brandán, pero primero falló porque no montó bien el arma.
Agapito Lencinas estaba detenido en Sierra Chica y fue ferozmente asesinado por Brandán en la toma de la cárcel. Lo mataron de dos balazos y de varios facazos. Le cortaron la lengua y los ojos y los pincharon. Su cuerpo, antes de ser descuartizado e incinerado, recibió facazos y escupitajos de sus enemigos. El mito dice que con su cabeza jugaron al fútbol, Acuña lo desmiente. Sin embargo, era señalado como el villano del motín. Su pasado incluye haber matado a un policía, además sus mismos compañeros lo acusan de violarlos a cambio de protección y hasta de pedir que entreguen a sus madres, a sus mujeres o a sus hermanas para no terminar violados o muertos.
Las autoridades están convencidas que los Doce Apóstoles, líderes de la revuelta, se rindieron porque estaban agotados. “Sin drogas, sin dormir y con el riesgo de que la cárcel se les volviera en contra, decidieron plantar bandera”, dice una fuente penitenciaria.
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