Por Roberto Di Sandro 
El Decano 
71 años en la Casa Rosada 

Hace cuatro años sorprendió a todos los argentinos con un "Ahora habrá pobreza cero". Inmediatamente después consolidó esa frase con otra que impactó también en el ánimo de la ciudadanía: "La inflación la eliminamos de inmediato". Casi "de taquito" añadió en voz más baja.

Quién hacía esas predicciones al iniciar su gobierno: Mauricio Macri, que después de un triunfo sobre el Frente para la Victoria, se sentaba por primera vez en el gran sillón del poder del edificio de Balcarce 50.

Había pasado los años anteriores en otro lugar de bastante volumen, como el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, haciendo cosas aceptables. Antes había sido titular de una gran institución del fútbol: Boca Juniors. Todo esto reunía este ingeniero sumamente neoliberal y muy poco amigo de los verdaderos arquitectos de un país, que son los trabajadores.

Buenos vientos

Ni bien asumió soplaron buenos vientos, teniendo en cuenta aportes del exterior que le daban la bienvenida porque había declarado conceptos próximos a políticas de cierta identidad con ajustes y demás disposiciones siempre alejadas del área laboral. Mauricio Macri comenzó ya a tejer una serie de alianzas con radicales que lo apoyaron desde un primer momento y también con ciertos peronistas que dejaron de lado al gobierno anterior.

Este cronista, decano de la Sala de Periodistas, vio con buenos ojos los movimientos que comenzaron a cristalizarse en torno a lograr información en sectores oficiales que habían sido prohibidos por el gobierno que se iba. Se logró mantener contacto con los ministros, ciertas visitas que se hacían a la Presidencia y un clima más alentador para la búsqueda informativa. Hasta se hacían conferencias de prensa con la presencia del primer mandatario, quien tenía días previstos para el contacto periodístico.

Se habló de los semestres que ya estaban consolidados para combatir la inflación. Se habló de la inclusión de puestos de trabajo para alcanzar la plena actividad. Pero se remarcó en cada discurso y en cada presencia presidencial o de ministros que la pobreza cero comenzaba a reducirse. Extraño que nada de eso se hacía visible.

De pronto el impacto más contundente del primer año: gran tarifazo. Subieron todos los servicios públicos y el agobio de la clase trabajadora comenzó a sentirse en sus primeros pasos. Las pymes comenzaban a recibir impactos permanentes que daban como resultado cierres de a poco. La inflación nunca bajaba.

Segundo año sin nada positivo, pero con un triunfo electoral que permitía al oficialismo entusiasmarse con seguir en el poder pese al ajuste. Después el tercero y entonces sí: falta de trabajo y precios en aumento. El Presidente comenzó a disculparse en varias oportunidades porque se había equivocado. Nunca logró obtener la baja de la inflación.

En las herméticas reuniones de trabajo del jefe de Gabinete, un joven era privilegiado por el Presidente para hacer y deshacer a destajo. Su nombre: Marcos Peña. Tanto es así que el propio mandatario lo bautizó así: "Es mis ojos". En medio de ellos, Durán Barba, el "gurú" que hacía números a cada instante.

Hubo rencillas que terminaron con el alejamiento de aquel que impuso su sello para destruir el bolsillo de más de medio país:  Juan José Aranguren. Era ministro de Energía y benefició a empresas privadas. El ciudadano ya pagaba cifras inalcanzables. En medio de engaños a la gente, Macri fue cayendo en el vacío de profundizar la gravedad de la situación socioeconómica, que no cejó en ningún momento.

Entonces vino lo que menos se esperaba. Un anuncio de impacto relevante que puso contra el suelo, otra vez, al pueblo argentino. Se llamó al Fondo Monetario Internacional para pedirle un gran préstamo. Desde entonces aparecieron las críticas desde radicales y, hasta de dirigentes del PRO. La desconfianza interna crecía.

La gran paliza

En el último año ese encuentro con los periodistas se terminó. No hubo ningún contacto más del Presidente con los cronistas acreditados. Hace poco, la debacle: se llamó a elecciones y primero debieron cumplir con un requisito que algunos no querían pero aceptaron: Las PASO.

Y el 11 de agosto de 2019 estalló la bronca a través de las urnas: el gobierno presidido por Mauricio Macri perdió por verdadera paliza. Hubo alguien que saltó del justicialismo con el que había llegado a su cargo Miguel Ángel Pichetto, un senador de talento que se abrazó a lo que siempre deseó y fue: un hombre muy cercano a las ideas de Cambiemos. No pasó nada.

Mauricio Macri se va dejando un tendal de ciudadanos sufrientes. En el principio mucha gente creyó en él. El tiempo fue devorando esa creencia y ahora deberá dialogar con el flamante mandatario para iniciar una transición calma, una vez más deberá sustentar el apoyo de todos. Lo que sí, y vale la pena exclamarlo a grandes voces: VOTAMOS, VIVA LA DEMOCRACIA.