Por Ricardo Filighera
@Rfilighera

Todo había sido preparado, rigurosamente, para hacerle otra zancadilla al debilitado gobierno. Aquellos sectores que, por tal o cual motivo, se habían visto afectados en sus intereses estaban llevando a cabo su generoso aporte para provocarle una caída.

El escenario de las acciones: la Sociedad Rural Argentina (inauguración de la 102ª Exposición de Ganadería y Agricultura), episodio del que se cumple, precisamente el próximo jueves, 32 años.

Luego de la agresiva alocución del titular de la mencionada entidad, Guillermo Alchouron, el presidente argentino Raúl Alfonsín fue silbado y hostigado durante los 10 minutos de su discurso en el que, estoicamente, había tratado de refutar las acusaciones del representante de la Rural.

El conflicto en cuestión remitía a dos cuestiones muy puntuales por aquellos tiempos: el gobierno nacional había lanzado un plan económico que entre otras cosas establecía, tal como se había comprometido en su plataforma electoral, mantener fijas las retenciones y desdoblar el mercado cambiario, a saber: un tipo de cambio fijo con el que liquidar las exportaciones agropecuarias y otro “financiero”, de flotación regulada.

A todo esto, la Sociedad Rural quería un dólar libre para sus exportaciones. Por otra parte, la dirigencia de Carbap (Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa) hablaba de la acción del gobierno como de la gestión de una especie de “socialismo trasnochado”. Aquí un detalle retrospectivo esclarecedor.

En septiembre de 1980, la cúpula de la Sociedad Rural había concertado una audiencia con el ministro del Interior, general Albano Harguindeguy, para solicitarle “que no se apresure en una salida política”. Y tal como mostraba la foto publicada en algunos medios, uno de los participantes de ese cónclave era precisamente don Guillermo Alchouron.

Todo un verdadero paradigma. Aquel 13 de agosto de 1988 el día había amanecido desapacible y la lluvia había puesto su marca desde las primeras horas. Precisamente, aquel sábado las gradas, como dato muy suspicaz, habían sido ocupadas, mayoritariamente, por la peonada, que pocas veces accedía a estos sitiales reservados para los grandes estancieros.

Ricardo Alfonsín, ex presidente de la Nación.

Sin embargo, estaba la peonada que había sido arreada, bajo amenazas, y así cumplir, en consecuencia, con el objetivo de ayudar a generar el clima, de la misma manera que se puede observar en un estadio de fútbol, desde la parcialidad local, en un encuentro por la definición de un campeonato. Alfonsín había sido advertido, en líneas generales, del gran “recibimiento” que se le iba a brindar en su visita al citado lugar y, en este sentido, se le había recomendado que no asistiera.

Sin embargo, el primer mandatario, fiel a su personalidad y convicciones inclaudicables, decidió hacer caso omiso a esta situación y puso cuerpo y alma, como lo había hecho en Semana Santa, al concurrir a Campo de Mayo para dialogar con los militares amotinados.

En tanto, los manifestantes radicales contaban con una pequeña tribunita que había sido destinada para el “equipo visitante”; tapados, en definitiva, por los gritos ensordecedores de los dueños de casa. Cada detalle había sido estudiado en la semana previa; solamente había que llevarlo a la acción.

Luego del discurso de Alchouron y como marco de fondo la silbatina y los insultos de la gente local, Alfonsín comenzó el discurso en estos términos: “Yo quiero comenzar por poner de relieve esto que está sucediendo esta tarde en la Sociedad Rural Argentina. Estas manifestaciones no se producen en tiempos de dictadura, aunque parece que algunos comportamientos no se consustancian con la democracia, porque es una actitud fascista no escuchar al orador". “No creo realmente que sean productores agropecuarios los que tienen este comportamiento, son los que muertos de miedo se han quedado en silencio cuando han venido acá a hablar en representación de la dictadura". “Y son también los que se han equivocado y han aplaudido a quienes han venido a destruir la producción agraria argentina, no son los productores agropecuarios. Si alguien tiene interés de sacar ventaja electoral de un acto fundamental de la economía argentina, como es esta Exposición Rural", se equivoca. “Yo le agradezco al señor presidente de la Sociedad Rural Argentina sus palabras críticas, sus vehemencias. Así es la democracia; continuamos en el diálogo de siempre y lo hacemos en esta discusión, que es la que no quieren escuchar los fanáticos en el país, la que no quieren escuchar los que se creen dueños de la verdad, la que no quieren escuchar quienes atentan en definitiva contra la convivencia de los argentinos.

La lluvia golpeaba cada vez con mayor fuerza; la silbatina no cesaba y los ingentes esfuerzos de Raúl Alfonsín para que su voz no quedara opacada cobraban una relevancia enorme; solamente ese puñado de manifestantes radicales trataba de poner la nota de disonancia en esa desigual conformación de fuerzas.

“No coincido, señor presidente, pero le pido que continuemos esta discusión. Creo que estamos trabajando para la nación, en circunstancias muy difíciles. Creo que vivimos una crisis aguda, de la que es necesario salir. Creo que América latina nos da, a través de las más diversas manifestaciones en los distintos países, la característica de algo que padecemos, que es la caída de los precios por una parte y la deuda externa por la otra. Por doquier y en todos lados, disminución de la calidad de vida, aumento de marginalidad, disminución de los índices sociales que ponen de relieve un estado de desesperación, que realmente sufren los pueblos del continente. Aquí de una u otra forma, frente al egoísmo de los que no entienden, estamos realizando un esfuerzo que nos muestra con orgullo como quizás el único país que, en estas circunstancias, a pesar de la crisis, a pesar de todos los problemas, ha logrado revertir los índices sociales; hay menos desnutrición infantil, hay menos deserción escolar, hay menos mortalidad infantil y en esto está desde luego la acción de todos, está la acción del sector agropecuario, está la actividad de los trabajadores argentinos, está la acción que desarrolla el sector industrial y el gobierno también que pretende acompañar este esfuerzo de la sociedad toda”.

Alfonsín, solo contra el mundo, con su voz ajada por la inclemencia del tiempo, empero, no dispensaba tregua; el presidente sacaba fuerza de flaqueza y arremetía sin bajar la guardia: “Es la solución lo que queremos. Queremos encontrarnos entre todos para terminar con estos espectáculos que me avergüenzan, no como radical o como Raúl Alfonsín, sino como presidente de la Nación Argentina. Sé, señor presidente, que muchas veces nos equivocamos. ¡Cómo no lo voy a saber! Muchos años de dictadura en el país impidieron que quizá tomáramos la lección de lo que es gobernar en la Argentina. Les pido disculpas a todos por mis equivocaciones; pero tengan la seguridad de que hay una pasión argentina que me mueve y que nada me va a convencer de que no es necesario seguir adelante, no me importan los votos, me importa el futuro de nuestros hijos, señor presidente. “Estamos para esto y de todos nosotros depende. Hubo tiempos difíciles en otras naciones del mundo”. La lluvia se manifiesta, ahora, con total crudeza, el manto negro cubre la inmensidad del cielo y esa oscuridad infinita parece convertirse en un verdadero símbolo de aquellos trágicos y cercanos tiempos del país. ¿Pesadilla, ensueño o realidad? Una enorme garra parece surgir desde la profundidad de esa oscuridad con el objetivo de atrasar el reloj de la historia y ubicarlo diez años atrás. Alfonsín continúa esforzándose; cada palabra, cada gesto tiene el valor de la defensa de nuestros principios democráticos.

Se dirige, con algunas pausas, hacia el lugar donde se encuentra el titular de la Sociedad Rural; este continúa impertérrito y de brazos cruzados. Sus pensamientos traducen, seguramente, marcado desagrado. Apenas un rictus en sus labios manifiesta esta circunstancia. Y prosigue Alfonsín: “Recuerdo de qué manera, a través de las lecturas -claro-, Thomas Mann criticaba a la recuperada democracia alemana en los años veinte y en los años treinta, y recuerdo de qué forma de esta manera, sin quererlo, este gran demócrata le abrió en definitiva las puertas a Hitler.Recuerdo también de qué manera sucedía lo mismo en Italia y sé perfectamente que aquí estoy entre hombres de la democracia. “Les pido que tengan cuidado en sus mensajes. Podría sumar, señor presidente, críticas a las que usted me formula. Sé y comienzo por decirles a todos, como hombre humilde de esta Argentina que me ha elegido presidente, que he cometido errores, pero estoy persuadido de que solamente con el esfuerzo equitativo y del conjunto es como se han de lograr las soluciones. Sigamos el diálogo, sigamos encontrándonos. Los invito a seguir discutiendo. No vamos a cambiar nuestras posiciones, pero estoy seguro de que pueden ser perfeccionadas, que pueden ser enriquecidas. Pongámonos a discutir entre todos la manera en que podemos construir mejor la Argentina. Hablemos de la ley agraria, sumemos racionalidad a nuestra acción. Porque este es el tiempo del análisis sereno, este es el tiempo del reclamo serio, este es el tiempo de la búsqueda entre todos para que de una vez por todas se acaben los que con fanatismo pretenden llevarse por delante la nación”.

La tapa de Crónica sobre el citado episodio.

El primer mandatario elabora su rúbrica y la asesta: “Este es el tiempo de la racionalidad, es el tiempo de la seriedad, es el tiempo de la moderación, es el tiempo de la mesura, para que no vuelva la magia, para que no vuelva el fascismo, para que no vuelva el encierro, para que no vuelva la demagogia. Esa es mi apuesta y estoy seguro de que será la apuesta de la gran mayoría de los argentinos”.

Imprevistamente, Alchouron se levanta, toma el micrófono y se dispensa la palabra final, traicionando todo tipo de protocolo. Alfonsín lo mira marcadamente disgustado, la mente lo incita, en esos instantes, a lanzar un insulto sanador, de alivio, pero no sucede; muerde sus labios y apenas se observa en Alfonsín un leve movimiento de cabeza que lo dice todo. En tanto, la lluvia y el eco de la intolerancia no cejaban su intensidad en aquel predio de Palermo.

"La agresión fue organizada"

Por Juan Manuel Casella

No fue la primera vez que un gobierno radical fue agredido en la Rural. Ya el ministro de Agricultura de Yrigoyen padeció un trato similar, poco antes del 6 de septiembre del ’30. En esta ocasión, la excusa fue el desdoblamiento del mercado de cambios, medida a la cual los voceros del ruralismo atribuyeron una pérdida de 20% en la cotización del dólar para el sector.

El clima de las tribunas, claramente agresivo, fue instalado de manera premeditada y organizada, incluyendo la participación de grupos peronistas y de la UCeDé. Pero el ataque principal provino de los convocados por la Sociedad Rural. Alchouron, su presidente en ese momento, criticó severamente la política económica del gobierno a partir de una cerrada defensa corporativa de los intereses que representaba.

El ministro de Agricultura -segundo orador-, en la práctica no fue escuchado, tapado por los silbidos. Alfonsín reaccionó con indignación. No por la discrepancia del sector con las decisiones económicas de su gobierno, sino con “la actitud fascista de no dejar hablar al orador”. Su planteo fue coherentemente democrático: es lícito -y hasta necesario- disentir. Lo que no puede admitirse es la violencia de impedir la opinión ajena, ignorar los argumentos del otro.

Esa violencia continuó después de su discurso: rompiendo el protocolo, el presidente de la Rural intentó contestarle. Los que a fines de los ’60 aplaudieron a Onganía, a fines de los ’80 silbaron a Alfonsín. Pero ya se había producido un cambio definitivo en un aspecto central de nuestra realidad: habíamos terminado con la tutela militar. Habíamos instalado definitivamente la democracia. Han pasado 32 años.

Hoy, el cambio es otro. Una nueva generación de productores impulsa la modernización, incorpora tecnología, superada la visión corporativa. Las condiciones son otras, porque la democracia es nuestra forma de vida.

"Se consideraban más importantes que Alfonsín"

Por Federico Storani

Sabíamos previamente que habría protestas y expresiones críticas a las políticas de Raúl Alfonsín con el sector. Pero nunca imaginamos que fueran de la virulencia antidemocrática que manifestaron y expusieron.

Estábamos listos para apoyar al presidente y pronto se hizo evidente que el sector más conservador y recalcitrante no tenía ni siquiera la intención de escucharlo.

El presidente trató de guardar compostura haciendo honor a su investidura y representación, pero su dignidad se vio amenazada y él la defendió. Tildó de “fascistas” a quienes no escuchan e interrumpen y les recordó dónde estaban las airadas protestas por parte de ellos durante los peores actos de la dictadura.

Así, ese discurso se convirtió en una pieza histórica que puso al desnudo los intereses que representaba la Sociedad Rural.

En lo personal creo que lo más grave ocurrió al final, cuando el presidente de esa entidad tomó la palabra nuevamente después de que ya había hablado el presidente de la Nación, es decir claramente y con la mayor impudicia se consideraban más importantes que el propio presidente de los argentinos. Todo lo acontecido es una lección ineludible de nuestra historia.

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