Por @melina_okk @GCalisto

"Siempre me emociono al escuchar la voz de Evita, me inspira rebeldía. Fue tan creadora y única. Me hubiese encantado conocerla, no puedo plantearme si hizo o no algo mal, no soy objetiva con ella”. Quien dice estas palabras es Cristina Álvarez Rodríguez, sobrina nieta de la abanderada de los humildes, quien además de ser diputada nacional, es directora del Museo Evita.

Recrear la Evita íntima es uno de los desafíos del Museo, que además, obviamente, la muestra en su tarea social y política. A Álvarez Guerrero se le mezclan los testimonios históricos con los recuerdos familiares. "Conozco a Evita desde que tengo uso de razón. Cuando era chiquita siempre me quedaba mirando un cuadro gigante que estaba en la casa de mi abuela. Me llamaba la atención que, en la imagen, Eva aparecía con un pergamino en su mano. Al preguntar de qué se trataba, todos me daban respuestas distintas. Algunos me decían que era el voto femenino, otros los derechos, cada uno nombraba una obra distinta. Me contaron su historia con un amor incondicional. Luego, estudié su vida y me enamoré profundamente de Evita".

-¿Le contaban cosas sobre su infancia?

-Cuando era chiquita, Evita se disfrazaba de payaso o de bailarina, y jugaba al circo con sus hermanos. Utilizaban elementos rudimentarios, con restos de telas, ramas de árboles, hacían columpios con sogas. Esos juegos infantiles fueron aliviando las dificultades económicas de la familia.

-Durante su infancia su familia no pasaba un buen momento económico 

-Así fue. Me contaron que se acercaba la fecha de Reyes y la mamá de Eva, Juana, no tenía nada para comprarle a sus hijas más pequeñas. La mujer buscó y buscó hasta que consiguió una muñeca muy barata, era barata porque le faltaba una pierna. Eva, al ver su juguete, se quedó impactada y le preguntó a su mamá por qué su muñeca estaba sin pierna. Su mamá, le contestó que los Reyes le trajeron la muñeca más especial. Desde ese entonces, Evita la cuidó y la atendió el doble que cualquier otro juguete porque era el que más la necesitaba. Era una nena muy amorosa y sensible.

Evita junto a los niños (Foto Archivo Crónica)

-Uno camina por el Salón de Pasos Perdidos y hay placas homenaje a Eva, uno va a cualquier gremio y está su figura, en cada unidad básica también, ¿cuál es el lugar en el que te sorprendió encontrar algo de ella?

-Me sorprendió siempre cuando la veo en las casas, porque uno ve en los barrios muy humildes imágenes de Evita, de Cristina o de Néstor también ahora, y es muy impactante. También sí me sorprendió encontrarla en una muestra fotográfica de París, en uno de esos museos monumentales que hay, en la Ópera de Berlín. Pero es tan amplia que abarca eso, desde las exhibiciones globales a la intimidad más familiar que se pueda pensar. Y vuelve todo el tiempo desde la historia porque las banderas que ella levantaba no flamean todavía, está en deuda, y de ahí su presente.

-Para muchas familias ese componente casi religioso además se pasa de generación en generación. Quienes tuvieron su primera bicicleta, pelota o máquina de tejer gracias a ella no lo olvidaron nunca…

-Son historias que conmueven, porque cuando la ves en una casa, o la gente te cuenta que todavía tiene una muñeca –porque algunos todavía las guardan- o una carta que ella les respondió. El otro día un señor me mostraba una alcancía en forma de casa, que ahí depositaba y juntaba la plata del mes para pagar las viviendas del plan Eva Perón. Es muy conmovedor, porque es una cuota de realismo que no pueden evitar los odiadores. En mi casa estuvo siempre en la cómoda del living, y frente a ese cuadro se festejaban los cumpleaños, se armaba el pesebre, entonces para todos nosotros es algo presente, siempre.

Evita en todos lados (Foto Archivo Crónica)

-¿Otras anécdotas que recuerde?

-Hay muchas lindas, a mí me gusta una en especial. Cuentan que un día, de esos miércoles de filas interminables de gente, y llega una mujer que decía ser lavandera. A pedirle a Evita, mediante su secretario Emilio Renzi, que quería jubilarse. Entonces Renzi le cuenta que habían pedido información para constatar dónde había trabajado. Y Eva le agarra las manos a la señora y se las muestra a su colaborador y le dice “¿qué otra prueba necesitás?”. Tenía ese atrevimiento, del sentido común, era sensibilidad pura. Después hubo cosas de chiquita que ya la perfilaban. Había garita de policía en la esquina de su casa, y siempre le decía a su mamá que le lleve algo si hacía frío. O por ejemplo la nena vecina se enfermó de algo contagioso y terminó muriendo, y Juana que tenía miedo que sus hijos se enfermaran les prohibió cruzar la verja. Y a las dos de la mañana Eva se escapó para visitarla. Y fue la única de todo el pueblo que estuvo en el velorio con la madre y la hermana de la nena. A la mañana siguiente se ligó una paliza y el reto de su madre, pero ella insistía en que la nena era su amiga, y que ella la tenía que acompañar. Esa era ella.

Cristina Álvarez Rodríguez en el Museo Evita.

-Si la hubiera conocido en vida ¿Qué le hubiera pedido?

-Le hubiera pedido que cuidara más su salud. Dedicaba tanto tiempo a su trabajo y a su vocación que no se cuidó. Trabajaba de forma enloquecida, dormía muy poco, de 4 a 6 horas por día. Además, vivía momentos muy intensos, de amor y de odio. Cuando estaba moribunda en su casa, le escribieron "viva el cáncer" en su paredón. Pero eso le hubiera pedido, que se cuidara más.

- ¿Cómo estás viviendo estos primeros cien años de Evita?

-Desde el lugar de lucha, pensándola desde el rol de una mujer en la década del 40, en un mundo de hombres, una mujer que fue una creadora, que permanentemente promovía a las mujeres. No solamente con el voto femenino, sino que también hizo los hogares para mujeres en riesgo, que hoy llamaríamos víctimas de violencia; o el hogar de la empleada, la escuela de enfermeras, los hogares de ancianos mixtos, que antes estaban separados. Reivindico su lucha, su condición femenina y su capacidad creadora para las mayorías.

-Hay distintos mitos de Evita a lo largo de la historia: está la “Santa Evita”, la “ Evita capitana”, ¿la Evita más actual es la feminista?

-Están todas esas, pero siempre es una, que tuvo una realidad arrolladora. En sólo siete años de vida pública y política –que fue entre los 26 y los 33- hace todo lo que hizo que es la única razón por la que seguimos hablando de ella. Todas esas construcciones son sobre la misma Eva: la chica de Los Toldos a quien vamos a homenajear. Era una Evita insurrecta, que no toleraba el capitalismo salvaje y lo combatía desde cada lugar, la que entendía que tenía que haber un mundo con mayor igualdad para todos. Esa provocadora atravesó todas las historias y todas las épocas y llega a hoy muy vigente por su palabra y su ideario.

-Las distintas versiones, ¿son por momentos históricos, por la vivencia de sus protagonistas, o porque se las genera cada uno?

-Creo que entró en el corazón del pueblo peronista y en la memoria de todos los argentinos, ocupando un lugar único. Y desde ahí se dan distintas resignificaciones. Para los peronistas como yo su figura tiene que ver con el amor. No la conocimos pero la amamos. Y en mi caso tengo el honor de tener su sangre, pero entiendo que la familia de Eva me excede a mí y a mi familia de sangre. La persona que la pudo conocer, que tiene el cuadro de Eva en la entrada de su casa, ¿sabés la cantidad de gente que te dice que su madre o su abuela fallecieron con la estampita de Evita en las manos? Ella, para esa gente, es una santa. Pero detrás de todas estas construcciones: el mito rojo, de la Evita montonera, el mito negro, de Evita demoníaca, el mito blanco, la Santa, está una mujer argentina que se plantó en la década del 40 y 50 y que junto a Perón hicieron una revolución en paz que se llama Peronismo. Y está bueno que a 100 años la volvamos a pasar por el corazón, que es recordar, y que discutamos con juicio crítico, pero inspirados en ella, que provoca a discutir las cosas que aún no están resueltas.

-¿Hay una interna, o celos, dentro del peronismo? Muchos sienten que se destaca algunas veces su figura más que la del propio Perón.

-Nunca tuve esa discusión. En mi casa me educaron fanáticamente peronista, pero entendí con los años y leyendo también la historia del peronismo repasando los que opinaban a favor y en contra, entre esas tensiones su figura es central pero inseparable de la de Perón. No puedo pensar a Evita sin Perón, pero tampoco a Perón sin Evita. Es algo indisoluble. Habrán tenido sus diferencias, porque eran personajes de la vida real, más allá de las extraordinarias circunstancias de sus vidas: él fue presidente de la Nación, y ella innovó el rol de primera dama, como puente entre los que buscaban sus derechos y el líder.

-Si hay algo novedoso en su figura es el protagonismo de la primera dama, no sólo en lo social sino también en la participación política. ¿Falta la versión de la Evita como dirigente política?

-Siempre hace falta volver a estudiar a los personajes que nos pueden ayudar a entender el presente y mejorar el futuro. Eva cambió la historia junto a Perón. En el primer peronismo hubo gente maravillosa, que dio su vida por esta revolución social en paz, que después fueron presos por haber sido peronistas, que son poco destacados también, pero hubo todo un ejército de hombres y mujeres cimentando al peronismo. Y sí creo que hay que visitar su pensamiento, para no permitir que surja una construcción de una Evita light, y para encontrar qué de todo lo que hizo y pensó nos activa ahora.

-Mencionabas uno de los aspectos clave: fue una generadora de oportunidades. Desde que un padre pueda darles un regalo de Navidad a sus hijos a la educación, la capacitación laboral, el empleo…

-Su vida era la búsqueda permanente y desenfrenada por la igualdad, por que todos pudieran llegar a la universidad pública y gratuita, por que todos tuviesen salud pública a disposición, por que los niños fueran los privilegiados y pudieran tener el juguete, o la sidra y el pan dulce para tener una navidad compartida. Que no era ni el populismo, como algunos lo quieren bastardear, ni la captación del electorado. Era algo tan básico como poder compartir el pan todos juntos. Hoy, pese a lo lejano de la historia, su lucha está más vigente que nunca, con un mundo partido en dos: entre los muy ricos, que son muy pocos, y las mayorías, que son muy pobres. Y también en esta Argentina sufriente que tenemos. Cuando ella habla de igualdad, de derechos para las mujeres, cuando ella cuestiona el neoliberalismo que en esa época era el capitalismo salvaje, y también señalando a los vendepatria, se refiere a eso. Era muy dura, muy verdadera en su transmisión de verdad, y ese discurso nos interpela.

-El “capitalismo salvaje” es un discurso que suele utilizar mucho el papa Francisco 

-Sí. Están los que creen en el sistema financiero global, que piensa que la renta importa más que el hombre, y estamos los que no, que importa el humanismo y el bienestar general. Y es una puja que sigue, y Evita claramente está de un lado.

-¿Qué sentís cuando en el Ministerio de Desarrollo Social las luces se apagan justo cuando empieza su figura y vuelven a encenderse cuando termina?

-Me da lástima, porque eso muestra que todavía la mediocridad y el odio también están presentes. Que alguien crea que apagando una obra de arte van a apagar la memoria, o que sacándola de un billete la van a borrar de la historia argentina, va en contra de lo que está diciendo la sociedad argentina. Incluso negando los consensos logrados por fuera del peronismo, porque mucha gente de familia antiperonista con el paso de los años reconoció la obra que se hizo.

-¿Te sorprende que Cambiemos quiera hacerle un acto homenaje?

-Creo que lo que deberían hacer como homenaje es que la escuela agraria de Los Toldos tenga agua potable. Si gobernás una provincia, creo que no hay mejor homenaje que ese.

-El país tiene un tercio de la población en su pobreza, y es una cifra que más allá de pequeñas bajas y subas se mantiene estable hace muchos años. Más allá de este gobierno, ¿no hay una deuda del peronismo?

-Nosotros en el peronismo nos hacemos cargo de las cosas y las deudas, pero no puedo comparar el tiempo nuestro con el presente. El plan de Macri fue destruir la economía de los argentinos, venir por la industria, es un plan perverso. Entonces no me parece comparable. Con todos nuestros pendientes, que los tenemos, siempre intentamos beneficiar y gobernar para las mayorías, y esta es la diferencia central. Ellos gobiernan pensando que algunos deben estar bien y los demás mal. Y esa no es la Argentina. Nuestro país es el del obrero que consigue que su hijo tenga un título universitario.

-Ese dato también es fuerte. Durante el peronismo en sus distintas etapas suele crecer la cantidad de familias que pueden poner por primera vez a sus hijos en la facultad 

-Pero son políticas. No se logra sin el Progresar, que era un incentivo para que estudien, o sin las nuevas universidades nacionales que se hicieron, o con lo que se trabajó para evitar el abandono de la escuela secundaria… Cuando nosotros llegamos al gobierno las clases estaban paralizadas.

-Se dice mucho en estas semanas que lo que pasa en el país es culpa de “los 70 años del peronismo”...

-Y… es buscar excusas para no hacerse cargo. Está claro eso. Podemos buscar excusas en la historia, o hacer políticas de cambio y no de maquillaje como esto que están haciendo ahora con los precios, que hace unos días vino Marcos Peña a decir que ellos no creían en eso y no lo iban a hacer. Son improvisadores. Y lo peor es que pifian.

-El centenario de Evita ¿tiene que reconfigurar a la oposición en esa división entre capitalismo salvaje y los demás?

-Tiene que servir para juntarnos a todos los integrantes del campo popular que podamos confluir en un nuevo proyecto, pero también para pensar sobre un personaje central de nuestra historia y para entender algo que ella tenía muy claro: que primero está la patria, segundo el movimiento y después los hombres y las mujeres. Los intereses nacionales tienen que estar muy por encima de lo que hacen hoy muchos peronistas, que priorizan su vocación frente al conjunto, aún sabiendo que no podrán liderar un cambio.

-Cerramos con alguna anécdota que la defina

 -Hay muchas lindas, a mí me gusta una en especial. Cuentan que un día, de esos miércoles de filas interminables de gente, llega una mujer que decía ser lavandera. A pedirle a Evita, mediante su secretario Emilio Renzi, que quería jubilarse. Entonces Renzi le cuenta que habían pedido información para constatar dónde había trabajado. Y Eva le agarra las manos a la señora y se las muestra a su colaborador y le dice: “¿Qué otra prueba necesitás?”. Tenía ese atrevimiento, del sentido común, ella era sensibilidad pura. Después hubo cosas de chiquita que ya la perfilaban. Había garita de policía en la esquina de su casa, y siempre le decía a su mamá que le lleve algo al hombre si hacía frío.

O por ejemplo la nena vecina se enfermó de algo contagioso y terminó muriendo, y Juana, que tenía miedo de que sus hijos se enfermaran, les prohibió cruzar la verja. Y a las dos de la mañana Eva se escapó para visitarla. Y fue la única de todo el pueblo que estuvo en el velorio con la madre y la hermana de la nena. A la mañana siguiente se ligó una paliza y el reto de su madre, pero ella insistía en que la nena era su amiga, y que ella la tenía que acompañar. Esa era ella.