Por Damián Juárez
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De momento hubo caras felices, declaraciones cordiales y gestos de buena voluntad. Pero la letra chica en la negociación entre los gobernadores y Mauricio Macri por el reparto de la plata seguirá con capítulos más ásperos.

Ya está pactado que el conflicto con María Eugenia Vidal por el Fondo del Conurbano bonaerense no se resolverá por vía judicial, sino a través de este mega acuerdo político que está proponiendo el Presidente y que incluye la discusión de todos los impuestos.

La parte más ardua, la que viene ahora, es que todas las provincias -para obtener el dinero que les tienen que mandar desde la Casa Rosada- tienen que hacer los deberes, ajustarse el cinturón, y nadie quiere aparecer ante su electorado como la imagen de un achicamiento.

Hay provincias que están mejor ordenadas y pueden apretar un poco las clavijas, pero otras que necesitan dinero urgente de la Nación y cuyas arcas están en llamas, caso Santa Cruz.

Los gobernadores peronistas fueron a Casa de Gobierno porque es la única forma de obtener los fondos que necesitan. Pero no pasaron ni 24 horas desde esa reunión que ya comenzaron a mostrar la hilacha.

Por ejemplo, desde La Pampa, Carlos Verna advirtió que no va retirar las demandas de la provincia contra la Nación, argumentando que la reforma de Macri implicará en la práctica una reducción de sueldos para miles de sus comprovincianos.

También indicó que no está en sus planes retocar la edad jubilatoria ni los montos que cobra el sector pasivo. Lo que planteó el gobierno en la reunión es que habrá fondos para todas las provincias en la medida que las provincias se comprometan con uno de los objetivos del gobierno, que es bajar el déficit fiscal, la diferencia entre la plata que entra y la que se gasta.

Los gobernadores escucharon el mensaje, pero ya comienzan a especular con que eso se parece bastante a un ajuste, y quieren que el costo político lo pague el gobierno nacional y no los estados provinciales.

Marchas y contramarchas

El paquetazo de reformas impulsado ya tuvo sus primeros contratiempos. En pocos días, el gobierno tuvo que dar marcha atrás con el anunciado impuesto al vino, luego de que el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, explicara que si esto se llevaba adelante, la provincia crujiría, ya que a nadie se le escapa que es su producto principal.

También surgió una alarma amarilla en el gobierno, cuando una multinacional como Coca Cola anunció que suspendería una millonaria inversión si el gobierno insistía con su idea de cobrarles más impuestos a los fabricantes de bebidas gaseosas.

Estos primeros chisporroteos son la antesala de muchos otros que vendrán. La economía versión Cristina estaba desbocada de gastos, esto es una realidad, pero, a la hora de hacer el ajuste de ese diagnóstico compartido, todos miran para otro lado.

La discusión seguirá el próximo jueves, aunque antes de esa fecha habrá más charlas entre funcionarios del gobierno y gobernadores. En el paquete de negociación están los impuestos y las obras, que los gobernadores necesitan como el agua.