Por Noelia Barral Grigera
@nbg_

En medio del vendaval de la crisis económica y la consecuente caída presidencial en las encuestas, algunos funcionarios con despacho en Casa Rosada respiraron aliviados en los últimos días. No fue por los datos (durísimos) que les llevó Jaime Durán Barba, sino por las circunstancias que explican su presencia en Gobierno: el ingreso del equipo de gobierno en modo campaña electoral. La gestión al servicio de ganar las elecciones entrará en caminos más equilibrados que los que tomó Mauricio Macri en los últimos meses. "Acá adentro las campañas siempre nos ordenan", graficó un funcionario ante BAE Negocios, a un piso de distancia del Presidente.

Como parte de esa inercia proselitista que al PRO y a Cambiemos se le dan tan bien, comenzó a delinearse el lunes el segundo paso de una campaña que Macri había puesto en marcha el 1ro de marzo con el adelantamiento de los aumentos en la AUH. La novedad, pronto a ser anunciada, volverá a hacer foco en la población que atraviesa el temporal bajo el paraguas de la Anses: beneficiarios de la AUH, jubilados y pensionados. Las 17 millones de personas que integran ese universo tendrán descuentos de hasta el 15% en cadenas de supermercados, a cambio -según reveló Letra P- de que el Estado utilice los datos que tiene sobre ellos para hacerles llegar publicidad de esas tiendas.

En el Instituto Patria hay una sola premisa para negociar: “Todo lo que sirva para ganar”

A dos años de haberlo firmado, Marcos Peña sigue encontrándole utilidades al convenio que su oficina firmó con la Anses para utilizar las bases de datos del organismo en estrategias de comunicación segmentadas. Ese convenio de acceso irrestricto y periódico a datos específicos de los beneficiarios de la Anses vence en julio. Ante esta decisión, no sería extraña una prórroga.

Es Peña, justamente, quien centraliza las decisiones finales en esta nueva etapa del cambiemismo electoral. Esa "máquina de ganar elecciones", según algunos analistas, que en los dos turnos provinciales del año se mostró lejos de sus mejores performances: terceros en Neuquén y Río Negro. Hay quienes encuentran explicaciones en que los candidatos eran radicales y no del PRO. Justificación no válida para Carlos Mac Allister, macrista pampeano vencido por el radical Daniel Kroneberger.

A diferencia del esquema de campaña 2015, organizado por Emilio Monzó, esta vez Peña no designó responsables electorales en cada una de las provincias. En cambio, quedó él mismo como instancia de decisión última. En el medio, aportan al proceso los diferentes partidos (el PRO, la UCR y la Coalición Cívica, además de algún otro partido aliado según el distrito) y el Ministerio del Interior. Esa dinámica, de eficacia aún no comprobada, comenzó por estos días a ordenar a la tropa. Es que Cambiemos ya está inmerso en la negociación y el cierre de algunas listas provinciales. Los lugares para candidatos a diputados, senadores y legisladores del Parlasur se convirtieron en el principal tema de conversación.

Monzó la mira de afuera. Integrante de la línea sucesoria presidencial, reacio a romper, mantiene alguna esperanza -dicen los que lo rodean- de que la crisis económica y la baja de la imagen presidencial en las encuestas termine obligando al Gobierno a abrirle el juego nuevamente. Como pasó en septiembre, cuando los convocaron a él y a Ernesto Sanz para la foto de (luego inexistente) apertura de toma de decisiones en Olivos en medio de la crisis que terminó con el FMI adelantando los fondos del acuerdo stand by original.

La encerrona de los radicales es parecida a la que enoja a la tropa de Monzó: todos corren según la suerte que tengan decisiones que son sólo del PRO. Incluso cuando el hoy presidente de la Cámara de Diputados integra el macrismo desde 2010. Una década de desencuentros. Se sonríe un "monzoísta" paladar negro. "Cuando vemos a los radicales reclamando es todo lo que ya vivimos nosotros. Yo pienso: a la cola radicales, ustedes llegaron recién en 2015". Descreído, el hombre no espera respuestas para ninguno de los dos reclamos. Ni siquiera con la mentada ofrenda de la candidatura a la vicepresidencia para la UCR, después de las presiones del sector nosiglista del partido. "Hagamos el ejercicio. Le damos la vice a un radical en arreglo con el 'Coti'. ¿Cuánto tiempo pasa hasta que reacciona Carrió?", pregunta.

Pero la campaña ya está en marcha y trae con ella algún tipo de orden. Hubo, por caso, rumores de ofrecimientos de reubicación para algunos de los "monzoístas" disconformes, que decidieron no aceptar ninguna propuesta si el resto del grupo no está de acuerdo. Muchos de ellos, de todas formas, ya tienen Plan B si la relación con el PRO sigue empeorando. El de Massot es público: ganó una beca para estudiar en Yale desde agosto. Los planes de algunos otros son reservados. Pero existen.

En medio de las rispideces aplacadas por la campaña, el Gobierno analiza y sobreanaliza la situación de la ex presidenta y asegura que no puede no ser candidata. "¿Por qué se discute esto? Si está a un punto de ganar", se asombran en Casa Rosada, donde también monitorean las chances de Roberto Lavagna. En el caso del ex ministro, dicen, es un tema de tiempo. Las encuestas de mayo serán clave.

Encuestas que alrededor de Lavagna analizan casi con lupa. El equipo del ex ministro lo ve fuerte en Santa Fe y en Córdoba, aunque todavía esperan el despegue en la provincia de Buenos Aires. Apuestan al mismo esquema de votos que quedó configurado después de la crisis del campo y que les dio las victorias a Esteban Bullrich en 2017, María Eugenia Vidal en 2015, Sergio Massa en 2013 y Francisco De Narváez en 2009: la primera sección electoral (el norte del Gran Buenos Aires) y el interior bonaerense. El resto de esa ecuación, la tercera sección electoral (el conurbano sur), está blindado y es de Cristina Kirchner.

Extramuros de la provincia, Lavagna apuesta a que los gobernadores comiencen a respaldarlo públicamente a medida que se aseguren los resultados en sus distritos. Cuenta como propios al santafesino Miguel Lifschitz (uno de los grandes promotores de su candidatura, junto a Eduardo Duhalde), al entrerriano Gustavo Bordet, al sanjuanino Sergio Uñac (que allá por febrero le orquestó su presentación en sociedad, con casi toda la dirigencia política presente para verla en la Fiesta del Sol) y al misionero Hugo Passalacqua, un ex aliado cada vez más distante de Macri. Por caso, el presidente de su bloque en la Cámara de Diputados, Hugo Franco, votó junto al resto de la oposición para tratar proyectos sobre tarifas y despidos la semana pasada. Sueña Lavagna desde su nuevo despacho en Cerrito y Paraguay con que el cordobés Juan Schiaretti, pasada la elección del 12 de mayo, lo unja como el candidato presidencial estrella de Argentina Federal.

Mientras tanto, no tan lejos de esas cavilaciones, Sergio Massa promociona ante los intendentes bonaerenses su plan de un candidato unificado con el kirchnerismo en la Provincia. Cree posible replicar la fórmula de dos postulantes a la Presidencia con un mismo postulante a la Gobernación que le garantizó el triunfo a Gerardo Morales en Jujuy en 2015. Se basa en un fallo de la Cámara Nacional Electoral de 2011 a pedido del entrerriano cambiemita Atilio Benedetti. Cristina, dicen en el Instituto Patria, no rechaza de plano la idea. Hay una sola premisa en sus negociaciones: "Todo lo que sirva para ganar".

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