Por Carlos Stroker

Es uno de los cuarenta nietos del legendario dirigente peronista Antonio Cafiero. Es hijo del ex embajador en la Santa Sede, Juan Pablo Cafiero, y es uno de los hombres de mayor confianza del presidente electo Alberto Fernández. Tiene 40 años, tres hijos, no le gusta acostarse muy tarde y aún mantiene la ilusión de ser intendente de San Isidro. Pero el destino le puede jugar un lugar distinto, aunque de mucho poder. Santiago Cafiero puede estar en una oficina pegada a la que ocupará su jefe en la Casa Rosada. Aún no lo sabe, pero por las dudas suele decir “voy a estar donde me necesite”.

Cafiero conoció a Fernández hace dos años, en una cena que se realizó en un restaurante porteño. Llego junto a un amigo en común, Gabriel Katopodis, líder comunal de San Martín. Pero su militancia arrancó hace 25 años. Con apenas 15 acompañó a unos amigos a la iglesia Santo Domingo Salvio de San Isidro. Allí ayudaba y le daba de comer a aquellos que el sistema había dejado a un costado. Veía, de cerca, la desigualdad. Allí en un enclave de pobreza dura como el barrio La Cava. Se casó, tuvo hijos (tres  en total, de 13, 10 y 6 años) y se metió de lleno cuando se afilió al partido justicialista cuando cumplió 23. Antes de eso había logrado un ingreso económico importante cuando ingresó a trabajar a un banco, pero le tiró, como a su padre y a su abuelo, la política. Y comenzó a incursionar en la administración pública bonaerense bajo la gestión de Daniel Scioli.

Mientras tanto deseaba cumplir con un sueño, vivir de un negocio. Se puso una librería, pero los vaivenes de la economía local y los constantes aumentos en el alquiler de su negocio hicieron que, con dolor, bajara la cortina. Hoy, en su casa, duermen innumerables libros de política, economía y ficción. Ya volverá un día a ese hobby que ama y que aún no logra concretar en el tiempo. 

Pero la amistad con Fernández también la impulsó otro amigo en común el ex ministro Florencio RandazzoCafierito, como le dicen algunos dirigentes del PJ, había apostado por el hombre de Chivilcoy para llegar a la Rosada, pero en aquel momento perdió la interna y se fue a su pueblo de origen. Pero Fernández entabló una amistad y ahora es un hombre de confianza. Ambos ya elaboran una serie de medidas que deberán tomar apenas desembarquen en Balcarce 50. No será un trabajo menor y les demandará un tiempo importante. Santiago no se preocupa mucho. Es algo que desea y que mamó desde niño en su casa. Aún recuerda cuando su abuelo habló con él y le empezó a regalarle libros de historia y de política. Las dos pasiones de este dirigente que pensó en lagar todo cuando en 2015 Macri ganó en La Cava. Hoy, la historia, cambió. Alfred, como lo llama a Fernández, logró vencer. Y Santiago está a su lado.