Aquella noche que se conocieron Perón y Evita

Se cumplen 75 años de ese histórico primer encuentro que tuvo lugar en el Luna Park.

Por Jorge Cicuttin
@jorgecicu

Aquel fue el día más maravilloso de mi vida”, escribió Evita en “La razón de mi vida”. ”Eva entró en mi vida como el destino”, describió el general Juan Domingo Perón, años después de ese encuentro. Fortuito. Casual. Cosas del destino, y de la tragedia. Porque el comienzo de la historia de amor que más marcó la política argentina del siglo XX se dio a partir de un hecho que conmocionó al país: el devastador terremoto en la provincia de San Juan.

Se cumplieron este martes, 75 años del primer encuentro entre Juan Domingo Perón y Eva Duarte. Fue en un sitio emblemático para los porteños, el estadio Luna Park. Allí comenzó todo, un 22 de enero de 1944.

Una semana antes, el 15 de enero, un fuerte terremoto había destruido casi la totalidad de la ciudad de San Juan, dejando más de 7.000 muertos, decenas de miles de heridos y una tierra arrasada. Fue entonces cuando el gobierno nacional de entonces, en manos del general Pedro Ramírez, desplegó un plan de ayuda para la provincia y sus habitantes.

Quien se puso al frente de la recaudación de fondos para los damnificados por el terremoto fue un coronel, que estaba al frente de la Secretaría de Trabajo de la Nación: Juan Domingo Perón.

Aquella noche que se conocieron Perón y Evita
Una imagen de la ciudad de San Juan, después del terremoto.

Entre las actividades para juntar esos fondos se decidió realizar un gran festival con la presencia de la colonia artística y músicos destacados de entonces. El lugar elegido fue el Luna Park, en Corrientes y Bouchard.

Fue un sábado a la noche, el 22 de enero de 1944. Allí, ante un estadio repleto, se escucharon las voces de Libertad Lamarque -con el tiempo, feroz antiperonista- y Hugo del Carril -un peronista inclaudicable-; también sonaron las orquestas de Francisco Canaro y la típica de Juan D’Arienzo. Artistas muy famosos, y otros no tanto. Entre estos últimos se encontraba una joven actriz de radioteatro de 24 años, Eva Duarte.

El coronel Perón la duplicaba en edad, con 48, y era viudo. En 1938 había muerto su primera esposa, Aurelia Eugenia Tizón.

¿Cómo llegaron a estar juntos en ese acto? Allí la historia de este amor presenta dos variantes. Una de ellas señala que quien los presentó fue un adjunto a la Secretaría de Trabajo y amigo de Perón, el coronel Domingo Mercante. Su hijo ha relatado que “yo escuché mil veces que Evita le decía a mi padre: ‘¿Se acuerda, Mercante, cuando usted en el Luna Park me llevó de la mano para hacerme sentar al lado de Perón? ¡Ay, el miedo que tenía! Y usted, mire que estuvo inspirado, ¿eh?’”. Esta es una de las dos versiones del encuentro.

La otra, quizá la que tiene mayor cantidad de seguidores, es la que tiene como protagonista al conductor y locutor Roberto Galán, quien fue el presentador de ese acto benéfico en el Luna Park. Esta versión señala que el propio Galán sentó a tres actrices junto a los coroneles que estaban en primera fila. Una de estas actrices era Evita. Y uno de los coroneles, Perón. ¿De qué hablaron? Esto es algo que quedó entre ellos. Pero Perón cuenta algo sobre esa situación en la obra “Del poder al exilio”, que une sus escritos después del golpe de 1955.

Sobre su charla con Evita, el ex presidente recuerda: “Hablaba de manera vivaz, tenía ideas claras y precisas e insistía en que se le confiara un cargo. Yo la miraba y sentía que sus palabras me conquistaban; estaba casi subyugado por el calor de su voz y de su mirada. Eva estaba pálida pero mientras hablaba su rostro se encendía. Tenía las manos escuálidas y los dedos ahuesados; era un manojo de nervios. Discutimos largo rato. Era la época en que en mí se abría camino la idea de dar vida a un movimiento político que transformase radicalmente la vida de la Argentina”.

Desde ese día, la relación floreció y fueron mucho más que una pareja. Fue una dupla que cambió la historia argentina. Se casaron por civil en la ciudad bonaerense de Junín otro día 22, pero de octubre de 1945, y el 10 de diciembre de ese año hicieron bendecir su enlace en una iglesia de La Plata.

Se cumplieron ayer 75 años de ese encuentro, que habrá pasado inadvertido para todos quienes estaban esa noche en el Luna Park. Pero lo que nació allí, en ese encuentro casual, no pasó inadvertido para la historia de este país y para los millones que siguen recordando a Evita como la abanderada de los humildes.
 

El encuentro, en palabras del General

Eva entró en mi vida como el destino. Fue un trágico terremoto que sacudió la provincia de San Juan, en la cordillera, y destruyó casi enteramente la ciudad, el que me hizo encontrar mi mujer. En aquella época yo era ministro de Trabajo y Asistencia Social. La tragedia de San Juan era una calamidad nacional. Para socorrer a la población movilicé al país entero; llamé a hombres y mujeres a fin de que todos tendiesen la mano a aquella pobre gente de aquella provincia remota. Entre los tantos que en aquellos días pasaron por mi despacho, había una joven dama de aspecto frágil, pero de voz resuelta, con los cabellos rubios y largos cayéndoles a la espalda, los ojos encendidos como por la fiebre. Dijo llamarse Eva Duarte, ser una actriz de teatro y de la radio y querer concurrir, a toda costa, a la obra de socorro para la infeliz población de San Juan”.

Vi en Eva una mujer excepcional, una auténtica ‘pasionaria’ animada de una voluntad y de una fe que se podía parangonar con la de los primeros creyentes. Eva debía hacer algo más que ayudar a la gente de San Juan; debía trabajar por los desheredados argentinos. Decidí, por lo tanto, que Eva Duarte se quedase en el ministerio mío y abandonase sus actividades teatrales”.

Al principio, aquella frágil mujer rubia no hizo hablar de ella. Me seguía como una sombra, me escuchaba atentamente, asimilaba mis ideas, las elaboraba en su cerebro férvido e infatigable y seguía mis directivas con una precisión excepcional. En dos o tres meses, Eva Duarte había sido capaz de transformarse en una colaboradora indispensable. Fue en ocasión de los sucesos de 1945 cuando demostró un valor fuera de lo común y una personalidad extraordinaria”.

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