La expansión del coronavirus por el mundo dejó el saldo de miles de personas contagiadas, entre ellas varias fallecidas, y cuando se investiga los "números trágicos" de esta enfermedad se encuentra con que un gran porcentaje comprende a personas con afecciones pulmonares previas, entre los que destacan los que padecían la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, más conocida como EPOC.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud ( OMS) prevé que para 2030 la EPOC será la tercera causa de muerte en el mundo. En nuestro país se estima que más de 2,3 millones de personas padecen esta enfermedad, por lo que hay que tener en cuenta su existencia y realizar el respectivo tratamiento. El EPOC se define como "una enfermedad pulmonar progresiva y potencialmente mortal, que puede causar lo que se denomina disnea (al principio asociada al esfuerzo) y que predispone a padecer exacerbaciones y enfermedades graves".

Sus subdivisiones

Esta enfermedad tiene dos formas principales diferenciadas: 1) bronquitis crónica, definida clínicamente por la presencia de tos que produce expectoración durante al menos tres meses al año por más de dos años; y 2) enfisema, que está caracterizada por la pérdida de la elasticidad pulmonar, la destrucción de las estructuras que soportan el alvéolo y la destrucción de capilares que suministran sangre al alvéolo. Los especialistas indican que la mayoría de las personas con EPOC tiene una combinación de ambas afecciones. Además, puede producir alta presión arterial en los pulmones (hipertensión pulmonar), la que puede dar lugar a un tipo de enfermedad del corazón, la cardiopatía pulmonar.

Se debe considerar que la principal causa de esta enfermedad tiene un tinte social, ya que es causada por la exposición al humo del tabaco (fumadores activos y pasivos) y otros factores de riesgo como la contaminación del aire de interiores (por ejemplo, la derivada de la utilización de combustibles sólidos en la cocina y la calefacción), la contaminación del aire exterior, la exposición laboral a polvos y productos químicos (vapores, irritantes y gases) o las infecciones repetidas de las vías respiratorias inferiores en la infancia.

Por otro lado, es importante destacar que la deficiencia de alfa-1 antitripsina, una proteína que circula en el flujo de la sangre, es un trastorno de carácter hereditario que puede llegar a causar EPOC y que afecta a entre el uno y el tres por ciento de quienes padecen esta enfermedad.

Síntomas del mal

A la hora de considerar cuáles son los síntomas de esta compleja enfermedad, hay que decir que tiene una evolución lenta y generalmente se hace evidente a partir de los 40 o los 50 años de edad, y sus síntomas más frecuentes son la disnea (dificultad para respirar), la tos crónica y la expectoración (con mucosidad). A medida que la enfermedad empeora, los esfuerzos simples, como subir unos cuantos escalones o llevar una valija, o incluso las actividades cotidianas, pueden hacerse muy difíciles.

De esta forma, los pacientes sufren frecuentes exacerbaciones, es decir, episodios más intensos de disnea, tos y expectoración, que pueden durar de días a semanas. Estos episodios pueden ser muy incapacitantes, requieren atención médica de urgencia (incluso hospitalización) y, en ocasiones, pueden ser mortales.

Por otra parte, la deficiencia de oxígeno y la acumulación de dióxido de carbono pueden dar lugar a dolores de cabeza, insomnio, irritación y alteraciones en el rendimiento intelectual.

A tener en cuenta

El diagnóstico de EPOC debe ser considerado en cualquier paciente que tenga síntomas crónicos de tos, expectoración, disnea, y/o historia de exposición a factores de riesgo para la enfermedad, como el tabaquismo. La presencia de EPOC se sospecha en las personas que padecen los síntomas descritos anteriormente y se confirma mediante una prueba denominada "espirometría", que mide el volumen de una espiración efectuada con un máximo esfuerzo y la rapidez con que se espira el aire. Algunas veces, es necesario hacer un examen de sangre para medir las cantidades de oxígeno y dióxido de carbono.

Cabe destacar, que el solo hecho de no fumar previene la mayoría de los casos de EPOC y por eso la OMS hace hincapié en que los países adopten el Convenio Marco para el Control del Tabaco (CMCT).

Por tal motivo, nuestro país cuenta con la Ley 26687, que regula la publicidad, la promoción y el consumo de los productos elaborados con tabaco. Esta normativa dispone la creación de ambientes libres de humo de tabaco en lugares cerrados de acceso al público; prohíbe la publicidad, la promoción y el patrocinio de productos de tabaco; y determina la obligatoriedad de que los productos de tabaco incorporen advertencias sanitarias gráficas, que ocupen al menos el 50% del envase, y que incluyan la línea 0800 de cesación tabáquica para ayudar a quienes quieren dejar de fumar, normativas que suelen verse en los atados pero cuyo potencial para que una persona deje definitivamente el cigarrillo se desconoce.

Es por eso que los especialistas indican que "el hecho de no fumar previene la mayoría de los casos de EPOC; existen diversos programas para dejar el hábito e, incluso, hay muchos medicamentos que ayudan y son más efectivos si una persona está motivada para dejar el cigarrillo".

Métodos para controlar la enfermedad

Es sabido que la EPOC incide por igual en ambos sexos y, si bien es incurable, un tratamiento farmacológico adecuado y la fisioterapia pueden aliviar los síntomas, mejorar la calidad de vida y reducir el riesgo de defunción.

En algunos casos, se indican corticosteroides inhalados y broncodilatadores y, dependiendo del cuadro general, en ocasiones también se recomienda la aplicación de vacunas contra la gripe y la neumonía y el uso de oxígeno suplementario.

Otras medidas a tomar son un tratamiento agresivo de las infecciones pulmonares (antibiótico), un programa de ejercicios supervisado, una dieta y la planificación de la alimentación para evitar tanto un sobrepeso como una desnutrición y la cirugía (reducción del volumen del pulmón y trasplante de pulmón).

En tanto, la pérdida de capacidad física y el desarrollo habitual de las tareas provocan alteraciones emocionales, por lo cual el apoyo psicológico y familiar es muy necesario para un paciente que atraviesa un tratamiento, al igual que la rehabilitación física, que es un punto clave en la recuperación.

G.A.

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