Crecimiento infantil: ¿cómo abordar las distintas etapas de la vida de un niño?
Más allá de que los niños estén sanos, hay que realizar consultas de forma periódica, ya que esto permitirá supervisar sus índices de crecimiento en altura, que es un indicador de salud general.
Un niño atraviesa por diversas etapas durante su desarrollo y tal vez, la más valiosa de todas tiene que ver con su crecimiento, tanto en el aspecto psicológico como en el físico, que debe ser acompañado por sus padres y supervisado por profesionales de la salud para garantizar su bienestar. El seguimiento médico de los niños está a cargo de los pediatras.
Las consultas deben realizarse de manera periódica, inclusive cuando están sanos, ya que esto permitirá, entre otros aspectos, supervisar sus índices de crecimiento en altura, que es un indicador de salud general. Si en los controles se detecta un problema de crecimiento, el profesional podrá diagnosticar precozmente la causa e indicar el tratamiento adecuado.
Con relación a este tema, la pediatra endocrinóloga Ana Keselman (M.N. 68.069 y doctora del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, relató que “los chicos tienen que ir a los controles pediátricos en salud. Allí, el médico los pesará, medirá su estatura y graficará una curva de crecimiento”, y agregó que si esta medición “se ve alterada, hay que ver qué está sucediendo”.
Cabe resaltar que en algunos casos, el desarrollo de los niños es afectado por la deficiencia de la hormona de crecimiento, lo que puede tratarse con una terapia de reemplazo. Pero existen otras patologías que también alteran la curva de crecimiento infantil.
Otra opinión sobre crecimientoAl respecto, la doctora Marta Ciaccio (M.N. 67.484), pediatra del Hospital Juan P. Garrahan, argumentó: “Hay causas nutricionales, como la enfermedad celíaca; también puede deberse a hipotiroidismo o enfermedades crónicas intestinales, renales, respiratorias, cardíacas o hematológicas. Otra razón posible es el retardo de crecimiento intrauterino. Sabemos que del total de niños que nacen con bajo peso para la edad gestacional, entre el 10% y el 15% no recupera la talla genética y puede necesitar un tratamiento”.
Esta condición, que en Argentina afecta al 7,3% de los niños (es decir, 1 cada 14 recién nacidos), consiste en que el bebé deja de crecer durante la gestación. Actualmente, existen métodos de diagnóstico (ecodoppler y ecografías) para identificar esta afección antes del nacimiento. Ciaccio señaló que “la causa más frecuente del retardo de crecimiento intrauterino es un problema placentario, que ocurre cuando, por algún motivo, la placenta no nutre bien al feto. Otras causas están relacionadas con las madres: si están desnutridas, si son madres muy jóvenes o madres niñas. El consumo de cigarrillos, alcohol y otras drogas durante el embarazo, algunas virosis y los embarazos múltiples también son posibles causas”, agregó.
Crecimiento alteradoPor otra parte, hay otros factores que alteran el crecimiento de los niños, como la desnutrición primaria, es decir la falta de nutrientes, y los trastornos genéticos o cromosómicos como los síndromes de Turner, de Noonan o de Prader-Willi, entre otros; muchos de estos síndromes presentan una prevalencia superior a la que registra el déficit de hormona de crecimiento.
Es por eso que la medición regular y precisa del peso y la estatura es la mejor herramienta para la detección temprana de los trastornos de crecimiento, lo que -a su vez- permite un diagnóstico precoz de la enfermedad de base que los genera y la indicación de un tratamiento oportuno.
Por ejemplo, un nene con celiaquía necesita una dieta libre de gluten, en un niño desnutrido hay que evaluar el manejo nutricional. En cambio, si es hipotiroideo, necesitará hormona tiroidea; la terapia con hormona de crecimiento, se indica tanto ante la falta de producción de dicha hormona por parte del organismo del niño/a como en otras condiciones puntuales.
Ciaccio relató que “el trastorno en el crecimiento puede presentarse en cualquier momento a lo largo de la vida. Por ejemplo, un niño que crecía normal, a partir de un momento, baja la velocidad de crecimiento; si eso se da en forma sostenida durante la evaluación por parte del pediatra, quien, si es necesario, lo derivará al especialista, a un pediatra endocrinólogo”.
El Ministerio de Salud de la Nación indica que los controles pediátricos deben realizarse con una frecuencia que va cambiando a medida que los niños crecen: los recién nacidos reciben un primer control entre los 7 y los 10 días de vida; los bebés de entre 1 y 6 meses, reciben controles todos los meses; luego, entre los 6 meses y el año, los chequeos se realizan cada 2 meses.
Cuando los chicos tienen entre 1 y 2 años, deben concurrir al pediatra cada 3 meses; después, entre los 2 y los 3 años, cada 6 meses y, a partir de los 3 años, 1 vez por año. Además de la medición periódica de la estatura por parte del pediatra, hay señales que podrían indicar que un niño o niña tiene un problema de crecimiento, a las cuales el entorno familiar puede estar atento en casa.
De acuerdo a las recomendaciones de los especialistas, los padres deben estar atentos a las siguientes señales: si el niño gasta la ropa antes de que le quede pequeña, si es mucho más bajo o baja que los otros nenes o nenas de su edad, si lo confunden con un chico de menor edad, si es más bajo que sus hermanos menores y, cuando pasa el tiempo y el ruedo del pantalón no cambia, es importante consultar al médico.
Si bien es habitual que haya una diferencia de estatura entre niños de la misma edad, existen tablas de crecimiento validadas que utilizan los pediatras que establecen cuáles son los parámetros normales, teniendo en cuenta la etapa de la vida (abarcando desde el nacimiento a los 19 años), el peso y el género.
Palabras mayores sobre el crecimientoLo cierto, es que según el Manual de Crecimiento elaborado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la etapa que va del nacimiento a los tres años, es decir la primera infancia, “se caracteriza por un crecimiento rápido”; mientras que, en la segunda infancia, que llega hasta el comienzo de la edad puberal, “la velocidad de crecimiento se mantiene constante”.
Luego, en la etapa de “aceleración o empuje puberal”, ocurren “rápidas transformaciones” que incluyen “crecimiento del esqueleto y de los músculos y de la cantidad y distribución de la grasa”, y en estos momentos son en los cuales también se debe estar alerta para ver su evolución.
La psicología del desarrollo infantil es fundamental para evaluar el comportamiento y las habilidades de un menor, en relación con los patrones de desarrollo comunes. Esto les permite a los profesionales identificar posibles retrasos o problemas en su progreso. Así como también, les faculta para proporcionar consejos o estrategias para el abordaje de desafíos de comportamiento y crianza.
Acceso a los tratamientos a tiempoDetectar los trastornos de crecimiento a tiempo es clave para los chicos y sus familias, no solo por la necesidad de tratar las patologías que los desencadenan, sino también porque durante la niñez y la adolescencia los tiempos de desarrollo -por ejemplo en la estatura- influyen en la autoestima y pueden traer consecuencias negativas para los chicos en el aspecto psicosocial.
Si bien es normal que los menores puedan experimentar frustración por el ritmo en que están creciendo, no se deben subestimar las señales. El asunto es que algunas personas adultas se lamentan por no haber hecho un tratamiento a tiempo que pudiera influir en los años de mayor desarrollo.
En los casos en los que la indicación es suplementar con hormona de crecimiento, la medicación debe indicarse cuando se hace el diagnóstico de la deficiencia de la misma. En otros síndromes, como el retraso de crecimiento intrauterino o el síndrome de Turner, se suelen indicar tratamiento medicinal a partir de los 3 a 4 años y en otros varía de acuerdo al síndrome y estado del paciente.
POR G.A.

