Debajo de la almohada de Mía aparecieron 30 pesos hace algunas semanas. Fue un regalo del Ratón Pérez, que pasó por su casa en San Martín, Mendoza, mientras dormía. Ese dinero que obtuvo por la caída de un diente de leche tenía destino de alcancía. Llevaba meses ahorrando para comprar pinturas para hacer manualidades. Hasta que se enteró de que un compañerito de su escuela necesitaba la plata con urgencia.

Tomó un papel, una fibra negra y escribió de puño y letra: "Hola, soy la hermana de Jazz y adentro está la plata de la donación para la cirugía de Mateo. Cantidad de plata: 100 pesos". Puso el dinero en una bolsita con la nota y la depositó en la urna solidaria que colocaron en la Escuela General José de San Martín.

El gesto de Mía conmovió a la maestra de 3º C, Noelia Muressi, la creadora de la colecta. A los padres los tomó por sorpresa porque no comparten el aula. "Me emocioné mucho al leer la cartita", contó Mariana Villa, madre de las dos chicas y otros cuatro niños. "Jazz, mi otra hija, tuvo un papel muy importante. Ella es la compañerita y amiga de Mateo. En la mesa durante la cena contó que su amiguito no tenía plata para la operación y que en el colegio habían organizado esta cajita. Así que es mérito de ambas", agregó.

 

El caso de Mateo

La situación de Mateo requiere de atención, el tiempo apremia. Desde los cinco años fue diagnosticado con miopía degenerativa en ambos ojos y estrabismo en el izquierdo. "Los ojitos se alinean en la misma dirección, entonces no puede enfocar. Si bien desde hace un tiempo lleva un parche en su ojo derecho para fortalecer los músculos de su vista, ese tratamiento no alcanza. El oftalmólogo le sugirió una cirugía", cuenta Agustina, la madre del niño.

La familia no cuenta con el dinero para costear la intervención quirúrgica, que cuesta alrededor de 85.000 pesos. "A medida que pasa el tiempo el cuadro empeora. Va perdiendo visión. En la escuela, si bien es buen alumno, precisa de asistencia porque no siempre llega a ver", agrega. Mateo es hijo de Agustina Sosa y Vicente Cabañez. Tiene dos hermanos, Jeremías y Neitan. Viven en un barrio humilde. "Nunca nos faltó nada, pero no nos sobra... A veces no llegamos a fin de mes", reconoce Agustina. La familia no tiene la posibilidad de alquilar una casa y comparte la vivienda con la madre de la mamá. "Mi marido no tiene trabajo fijo. Para traer algo de dinero a casa hace changas de carpintería, albañilería, o en la cosecha. Nada fijo ni formal".

Agustina está preocupada por la salud de su hijo. Imparable, desde julio organizó rifas, bingos y venta de empanadas para llegar a la cifra necesaria, que aún no alcanzó. "Es una intervención larga, de casi tres horas. Ninguno de mis hijos pasó por algo así, pero hay que hacerlo para mejorar su calidad de vida", destaca.

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