"Me decidí a contar la historia de como fui estafada con mi vestido de novia", escribió la usuaria Pau Arevalos (@pauarevalos) el lunes pasado en su cuenta de Twitter. Fue el puntapié ideal para enganchar a millones de internautas a lo largo de su largo relato sobre el día en el que un reconocido diseñador le robó miles de dólares por un vestido para su boda, que terminó siendo botado a la basura.

La twittera empezó contando su tragedia de forma cronológica para que todos los que la leyeran se situaran en tiempo y espacio, y comprendieran la euforia que se siente en los momentos previos al día de un casamiento cuando las cosas no salen como se esperaban.

Me comprometí el 15 de agosto, pusimos fecha para el 19 de junio. Yo quería mi vestido cuanto antes para poder librarme de ese "estrés".

Arevalos indicó que el 27 de agosto del 2020 le escribió a Fernando Preda, un reconocido diseñador paraguayo que vive en la ciudad mexicana de Tulum, para que diera forma al vestido de sus sueños. "Un 'amigo' a quien siempre admiré mucho", resaltó. Siempre se comunicaron por WhatsApp, dado que la prometida se encontraba viviendo en Miami.

Bocetos del vestido que le había enviado Fernando Preda a su clienta. Fuente: ( Twitter @pauarevalos)

El modista le envió imágenes de los primeros bocetos y le encargó que comprara las telas en una lujosa tienda de Nueva York para que se las enviara y así, poder iniciar con el proceso de confección. No obstante, de un momento a otro, Preda le cambió los planes y le informó que él se haría cargo de todo.

"El 12 de septiembre me envía el boceto del vestido y el presupuesto. El total eran USD $2,870, acordamos que le pagaría mes a mes hasta diciembre", sostuvo la usuaria, que remarcó que era "mucho dinero" para desembolsar, teniendo en cuenta que en "Miami conseguís un vestido hermoso por USD $600".

"Pero bueno, iba a ser mi vestido soñado diseñado para mí, y ya tenía mis ahorros para esto", fue su razonamiento. Sin embargo, aquel fue un grave error. Pocos días después, el diseñador le pidió USD $800 más para comprar más materiales. Y ella, sin cuestionarle nada al profesional, cumplía en menos de un día. "Confiaba en que me decía la verdad y estaba muy emocionada con mi vestido", justificó.

Fernando Preda le anuncia que el valor del velo sería aparte del presupuesto, y que tendría un valor de 800 dólares.

El 30 de septiembre me envía un boceto explicándome detalladamente el diseño. También me envía un "plan de pago mensual" que a mi me pareció súper.

Mensualmente, Preda le pedía que le pagara un adelanto del vestido. En octubre le había enseñado un video de las telas que le había comprado a su clienta, pero también le aclara que el costo del velo sería aparte del presupuesto, valiendo unos USD $700 más. A la semana, le aumentó el precio a USD $800.

"El 6 de noviembre me escribe diciendo que el velo ya está prácticamente listo y que necesitaba USD 600 para terminar. (En eso justo me quedo sin trabajo por la pandemia y no pude transferirle en el día. Pero le pido que avance con el vestido que era lo que me importaba)", explicó Arevalos sobre su situación económica.

El 23 de noviembre le deposito USD $300 y me dice que están trabajando "a full" con el corset del vestido, que me enviaría fotos cuando monte en el maniquí. 

A fines de noviembre, cuando Fernando Preda terminó su famosos desfile, la clienta vuelve a escribirle, motivada porque entonces, el diseñador podría trabajar exclusivamente en su vestido. Mientras le seguía pagando adelantos en dólares por el diseño, el modista le envió una "referencia de un corset que ya había hecho para su marca" y le explicó que "así sería más adaptable" a su cuerpo.

"Y le pregunto para confirmar: '¿LLEVA BALLENAS?', porque era en lo que quedamos, y él me responde "SÍ, MUCHISIMAS" (Sic), resaltó la twittera.

La twittera aseguró que siempre "respondía con buenísima onda, confiando en él".

Con el correr de los días, Arévalos comenzó a quedarse sin respuestas por parte del diseñador, a quien le escribía insistentemente en medio de la preocupación, ya que para enero de este año, aún no había visto "ni media foto".  

"Cada vez más preocupada porque nunca aparecía" a menos que ella le escribiera, la usuaria contó que ya había abonado casi la totalidad del vestido y aún no tenía noticias del mismo. Hasta que, en febrero, finalmente le envía las primeras fotos, y allí empezó el verdadero terror. 

"Me dice que TODAVÍA FALTAN LAS BALLENAS pero que ya me muestra como va quedando", escribió, indignada. "19 de febrero me vuelve a cambiar la fecha de entrega para el 10 de marzo, y me pide el dinero pendiente (USD $20) para poder "acelerar"", añadió.

Las excusas no tenían fin. Además de pedirle dinero para acelerar el proceso, le reclama una foto de un zapato para ayudarlo a inspirarse. "Me dice que finalmente ya armarían el vestido completo y me enviaría fotos, que necesitaba mis medidas finales. Vuelve a reconfirmar que el corset lleva ballenas", remarcó.

Arévalos compartía las capturas de pantalla de su conversación por WhatsApp con el modista paraguayo, para demostrar que en todo momento le respondió con buena fe y que había despositado todas sus esperanzas en aquel diseño. Pero su paciencia tuvo un límite.

El 13 de abril de este año, le anuncia que un amigo suyo iría a recoger el vestido en el estado en el que estuviera a Tulum, y le aclara que necesitaba que lo prepare y asegure en su caja para poder trasladarlo.

El 20 de abril me envía la PRIMERA foto del vestido y ¡¿me pide dinero por la caja?! Finalmente le pago, ¡quería que se termine esta PESADILLA! Quería mi vestido y nunca más tener que hablar con él.

Al día siguiente, el martirio de Arévalos continúa, porque Preda le confiesa que aún no estaba terminado, y que se lo llevaría al otro día a Playa del Carmen, donde esperaba una amiga de la novia. 

Me manda fotos del vestido y ME AVISA que no hizo el ruedo y que me enviaba un vestido "de regalo" que faltaba coser.

Cuando su amiga en México recibió el vestido y conversaron por videollamada para ver el resultado final, la twittera aseguró que se quedó "sin palabras": no solo no estaba guardado delicadamente en una caja, sino que además estaba sucio con tierra y manchado con tinta.

Los reclamos no sirvieron de nada. Ah, y el vestido no tenía NI UNA SOLA BALLENA.

Además, cuando tuvo el famoso vestido en sus manos, se enteró que le quedaba gigante, insitió en que "no tenía ni media ballena" de las que tanto anhelaba, y remarcó que "el largo del vestido era ridículo".

Así todo, con una impresionante templanza y actitud superadora, la usuaria indicó que su historia tuvo un "final feliz": "Dos días antes de la boda, fui a un outlet y compré mi vestido por muchiiiiiiiisimo menos y me quedó perfecto", concluyó, enseñando la imagen del vestido que lució el mes pasado.

La twittera presumió su vestido final, mucho más barato y hermoso que el que le había encargado al famoso diseñador que la terminó estafando.

Su "hilo" en Twitter cosechó más de 80 mil "corazones" y recibió miles de mensajes de aliento de seguidores. Muchos repudiaron la estafa del reconocido diseñador y contaron anécdotas similares, otros intentaron levantarle el ánimo afirmando que el vestido final fue mucho más lindo que el que se imaginaban. 

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