A tener en cuenta: fibromialgia y síndrome de fatiga crónica en mujeres

Crónica Salud Si bien el coronavirus preocupa y mucho hoy en día, hay otros males urgentes que atender. Las recomendaciones de los expertos.

Mientras se espera una vacuna contra el Covid-19, otras enfermedades crónicas afectan la vida y la posibilidad de inclusión de los pacientes: ellas son la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica, y ambas se asocian con la mujer, ya que afectan mayoritariamente al sexo femenino. En el caso de la primera, en una proporción de veinte mujeres por cada varón.

En el contexto actual, marcado por la pandemia del coronavirus, se vio que las personas con dolor crónico o síndrome de fatiga crónica son consideradas como "vulnerables", por lo que es aconsejable reforzar las medidas de seguridad preventivas.

"La buena noticia es que algunas personas logran llegar a ser asintomáticas y llevar una buena calidad de vida. Es una enorme alegría volver a sentirnos bien. El rótulo de enfermedad crónica parece indicar que para siempre se van a sufrir los síntomas; esta expresión sólo determina que se observó la patología por más de seis meses. En algunos pacientes con cierta predisposición genética no hay que descartar las posibilidades de mejorar, de volver a incluirse socialmente, volver a trabajar y a compartir la vida", explicó la Blanca Mesistrano, presidenta de la Asociación Fibroamérica, asociación civil que defiende los derechos de pacientes con estas enfermedades.

La fibromialgia afecta con mucha mayor frecuencia a las mujeres y se caracteriza por dolor generalizado, fatiga, trastorno del sueño, alteraciones gastrointestinales, dolor de cabeza y hormigueos, entre otras manifestaciones. Sin embargo, como son manifestaciones que no se ven, con frecuencia es común que, en el entorno laboral, los amigos, inclusive las familias, no les creen a los pacientes lo que relatan. Esto contribuye a que ellos se sientan incomprendidos, lo que no hace más que añadir más carga a la enfermedad que padecen.

Por su parte, el síndrome de fatiga crónica es multisistémico y se produce por el trastorno en la regulación de los sistemas inmunológico, neurológico y endócrino. Esta anomalía genera dificultades en la producción y el transporte de energía y de iones, reduciéndola hasta el 30%, y dificulta su reposición. Principalmente, se caracteriza por la dificultad para recuperar energía después de realizar un esfuerzo, que puede ser mínimo, como caminar, hablar o, simplemente, ponerse de pie. También ocasiona febrícula, confusión, enlentecimiento de la memoria, trastornos cognitivos e hipersensibilidad.

Otro efecto nocivo de este cuadro se produce a partir del estrés, que está bien alto por estos días, debido al extenso tiempo de encierro, bien de salidas controladas.

Con un tratamiento, se sabe que cerca del 65% de los pacientes mejora al menos el 40% de los síntomas en seis meses o más, pero conseguirlo depende de diversos factores: su constitución genética, acceder y persistir en un buen tratamiento personalizado, familiarizarse con la información necesaria para comprender los mecanismos y las reacciones fisiológicas del cuerpo, identificar y evitar los detonantes de sus síntomas, conocer los recursos para prevenir o minimizarlas crisis, cambiar determinados hábitos y afrontar la rehabilitación.

 

El estrés complica

 

Uno de los males más complicados durante la cuarentena es el estrés, que cumple un rol clave en la fibromialgia: la aparición de los primeros síntomas puede estar precedida de un detonante, como una enfermedad, un accidente, la proximidad de sustancias químicas tóxicas, un sobreesfuerzo, una situación muy angustiante o algún trauma. En cambio, cuando la enfermedad ya está manifiesta, al experimentar episodios que generen malestar emocional, cambios climáticos, nutrición inadecuada o grandes esfuerzos se pueden despertar nuevos brotes, por lo que a los pacientes se les recomienda asistir a terapia para poder reconocer estos patrones.

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