Por Daniel Beylis
paranormales@cronica.com.ar

Un experimento científico de la Universidad de Física y Astronomía de Glasgow, Escocia, confirma una teoría de hace 50 años, en la que se revelaba cómo una civilización alienígena podría captar energía valiéndose de un agujero negro. ¿Muy loco? O Quizá la clave para comprender cómo harían esas enigmáticas naves extraterrestres de diferentes formas que visitan cada tanto la Tierra, viniendo desde remotos lugares, desconocidos para los humanos. La investigación salió a la luz tras el informe publicado en "Nature Physics", y que expone Marion Cromb, estudiante de doctorado en dicha casa de estudios, en el que indica que se pudo comprobar dos teorías de larga data.

La primera se remonta a 1969 cuando el físico inglés Roger Penrose sugirió que la energía podría generarse al bajar un objeto a la ergósfera del agujero negro (la capa externa del horizonte de eventos de ese espacio) donde un objeto debería moverse más rápido que la velocidad de la luz para permanecer inmóvil. Según indica el medio meganoticias.cl Penrose predijo que "el objeto adquiriría una energía negativa en esta área inusual del espacio. Para esto debe ser necesario que, al soltar el cuerpo, se divida en dos partes para que una mitad caiga en el agujero negro mientras la otra se recupera". Así se produciría una acción de retroceso que mediría la pérdida de energía negativa, mientras que la mitad recuperada ganaría energía extraída de la rotación del propio agujero negro. Por entonces, Penrose sugirió que solo una civilización muy avanzada, "quizá de origen alienígena", sería capaz de realizar una escala de semejante ingeniería.

Otro físico, el bielorruso Yakov Borísovich Zeldpóvich, aprobó como potencialmente probable esa teoría, "con un experimento más práctico y terrestre", al decir que las ondas de luz "retorcidas", que golpearan la superficie de un cilindro de metal "en rotación" y que terminen siendo reflejadas con energía adicional extraída de la rotación del cilindro, bien podrían generarlo. Pero su prueba en 1971 nunca se pudo comprobar, ya que era necesario que el cilindro de metal rotara al menos mil millones de veces por segundo, otro desafío insuperable para los límites de entonces.

Ahora, mediante experimentos los investigadores de Glasgow hallaron cómo probar el efecto que anticipaban en teoría Penrose y Zeldóvich. "Al retorcer el sonido en lugar de la luz, una fuente de frecuencia mucho más baja y por eso mucho más práctica para demostrar en el laboratorio", la prueba sí es posible. Así, Cromb y el resto del equipo, apoyados en la teoría de Zeldóvich, presentaron el estudio, "Amplificación de ondas de un cuerpo giratorio". Allí se describe cómo construyeron un sistema que utiliza un pequeño anillo de altavoces para crear un giro en las ondas de sonido análogo al giro en las ondas de luz. Potencialmente, una de las formas en que las naves alienígenas se cargarían de energía para realizar sus travesías interestelares.

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