Por Karina Limura
paranormales@cronica.com.ar

Muchas son las religiones en todo el mundo, pero pocas se encuentran basadas sobre cimientos certeros y confiables ante el simple conocimiento. Una de las tantas religiones que aún no termina de cerrar un ciclo con respecto a sus comienzos es el Islam. La religión abrahámica monoteísta basada en El Corán, cuenta con una rama mística: los sufíes. Hasta el momento, con sus raíces en las tradiciones y en los cultos milenarios de Asia, los sufíes siguen siendo una rama desconocida que ha influenciado de manera determinante el devenir del islam. No solo eso, sino también la concepción que los musulmanes de todo el mundo tienen sobre su propia religión, aunque en regiones del norte de África, principalmente en Marruecos y Túnez, así como en varios puntos de Turquía y en Granada, España, hay grandes concentraciones que sorprende.

Chamanes de la religión

En el furor de la Edad Media, es decir hace más de 1.500 años, un chamán proveniente de oriente, Haci Bektas Veli, predicó ideas revolucionarias en plena península de Anatolia, que se encuentra en la actual Turquía. Durante el mensaje que le dirigió al pueblo, absolutamente novedoso para aquel entonces, el predicador anticipó en 700 años lo que representa la carta universal de los derechos humanos y, con su sensibilidad mágica, logró cautivar a cristianos y musulmanes por igual.

Estas personas librepensadoras resultan marcar un antes y un después y ser verdaderos misterios humanos, ya que no parecen pertenecer al tiempo que les tocó vivir y sus enseñanzas se anticipan varios siglos a las del momento en que predican. El venerado Haci Bektas Veli vivía en la península de Anatolia, se lo reconocía como chamán sufí medieval y fue reconocido, posteriormente, como el verdadero precursor de los Derechos Universales del Hombre, siete siglos antes de que fueran aprobados y en un momento de la historia, cuando dichos derechos no tenían demasiada cabida. Sucedió entonces que de repente, a aquellos poderes corrosivos de su palabra amable, se les sumaron los hechos portentosos que adornaron una vida absolutamente mágica.

Debido al mensaje que predijo el chamán turco, hoy en día se piensa que quizás, una de las mayores causas de mortandad en la historia de los seres humanos no sea ninguna epidemia, plaga o veneno que provenga de algún origen desconocido. La humanidad comenzó a pensar que fácilmente esa causa podría provenir de por parte de los pensamientos colaterales o diferentes que se tienen respecto a quienes sujetan, con firmeza, las riendas del poder. Es así que los mártires del pensamiento y de las discrepancias suman infinitas víctimas, imposibles de calcular, y las encontramos en toda clase de religiones excluyentes o así también, en regímenes políticos totalitarios.

Los sufíes musulmanes tienen un templo en Estambul, Turquía. 

Los comienzos

En el siglo XIII, Anatolia se había convertido en una cuna de culturas y sensibilidades extranaturales. En aquel pequeño pueblito habían encontrado su lugar varios pueblos llegados de Oriente. Por ejemplo algunos de esos fueron los turcomanos que, luego, dieron nombre al moderno país del Bósforo y que procedían originalmente de Asia Central.

Como solían en aquel entonces al conquistar las tierras, las personas no só0lo trasladaron sus pertenencias sino también sus costumbres seminómadas y sus desconocidos cultos y creencias radicalmente distintos de aquellos monoteísmos derivados de la Biblia, como el cristianismo o el Islam, con los que tuvieron que compartir el mismo territorio.

Apenas llegados a un territorio nuevo, los turcomanos comenzaron a practicar el chamanismo y el animismo (creencia religiosa que atribuye a todos los seres, objetos y fenómenos de la naturaleza un alma o principio vital. El animismo es una creencia muy arraigada en culturas y pueblos primitivos), por lo que adoraban a Tengri, una deidad superior que había conseguido expulsar a las otras divinidades rivales.

Además, intervenía decisivamente en los asuntos humanos, ya que la inteligencia y poder celestial se encontraba en cada uno de los rincones de la Naturaleza. Este tipo de culto confía en que el fuego, el aire, el agua, los seres vivos y las rocas contenían su presencia, ya que, en algunas instancias, Tengri lo impregnaba y controlaba todo. Es tan importante el punto, que hasta llegaba a decidir el destino de los hombres. Sin embargo, en aquel gobierno metafísico del mundo, ese tipo de divinidad no se encontraba sola. La Tierra se hallaba poblada por un variado elenco de espíritus de diversa condición y talante, aunque su influencia fuera más limitada. No obstante, estos seres menores e invisibles eran capaces de enviar mensajes a distancias sorprendentes, hacer profecías, ganar batallas provocando violentas tormentas o causar enfermedades a las personas. Granjearse su confianza y apoyo, sabiendo contactar con ellos, permitía resolver problemas, devolver la armonía a un mundo caótico o restaurar el equilibrio de las cosas. Un mundo mágico, manejado por chamanes como Haci Bektas Veli.

La misión a cumplir

La vertiente del Islam, conocida como “sufíes”, vendrían a desarrollar una perspectiva esotérica, mística y metafísica de la religión, que busca la unidad directa con la divinidad a través de la meditación y la purificación del alma, desarrollando un arte, una literatura y unos ritos particulares y diversos con el precepto islámico de “hacer lo que es bello”, como principio fundamental.

A lo largo de los años, el sufismo ha adquirido una flexibilidad y capacidad muy notable, potenciando el sincretismo. En consecuencia, las distintas órdenes sufíes han ido absorbiendo influencias de otras religiones, tales como el animismo africano, el chamanismo de las regiones centrales, el budismo, el hinduismo e incluso el sikhismo. Todas estas son religiones con las cuales han intercambiado conceptos filosóficos y prácticas rituales y de meditación a lo largo de los siglos.

FUENTES: elordenmundial.com espaciomisterio.com

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