Por Marco Bustamante
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Caminando con rapidez, rebosante de alegría, Claudio Chiqui Tapia, actual presidente de la AFA, se mueve por el estadio Atahualpa de Quito, intentando evitar el asedio de la prensa; va rumbo al vestuario de un Seleccionado argentino que acababa de clasificarse para el Mundial de Rusia 2018.

En la puerta se encuentra con un hombre fácilmente reconocible, llevado especialmente a Ecuador para hacer un “trabajito” y ayudar a la celeste y blanca. Lo saluda y conjura un agradecimiento publico: “Más tuvo que ver Messi, pero él tuvo mucho que ver”.

Seguidamente, la máxima autoridad del fútbol argentino desaparece de escena dejando en la mira de las cámaras al sujeto que hasta ahora había pasado inadvertido y que observaba las corridas de todos, como quien espera para entrar a un consultorio dental.

Ahora el mundo se preguntaba sobre la identidad del hombre de pelo largo y camperón negro que, sin pronunciar palabra, pasó en dos segundos del anonimato a convertirse en el jugador número 12 del Seleccionado nacional. Porque, para muchos, Argentina jugará el Mundial de Rusia 2018 también gracias a su “actuación”.

Se trata del brujo Manuel Valdez. Su nombre es famoso en la zona del Gran La Plata. Nació en Tucumán en octubre de 1960 y hace varios años que ofrece su servicio, a voluntad, de videncia y curaciones. Cientos de personas lo visitan semanalmente en su consultorio donde tiene un equipo que trabaja con él.

Lo llaman Manuelito

Así lo conocen por el barrio. Tiene su escritorio decorado con imágenes de la Virgen Desatanudos, San Nicolás y Ceferino Namuncurá. Nos cuentan allegados que las personas no pagan por la consulta, sino que llevan alimentos no perecederos y donaciones; pocos minutos después, el mismo brujo confesaría que algo dejan, pero a voluntad.

Al llegar con parte del plantel que regresó en la semana de Ecuador, cuando se bajó del avión algo que agradeció a Dios dado que odia volar, el brujo ni se imaginaba lo que pasaba en la puerta de su casa de Gorina; por la calle de tierra, casi una decena de móviles de televisión y cronistas se movían buscando conocer más sobre el hombre detrás de la clasificación al Mundial.

Ramón, el hermano de Manuel, estuvo hablando literalmente en “cadena nacional” desde las primeras horas de aquella mañana del miércoles 11 de octubre. Pero también su cuñada y casi todo aquel vecino que pudiera revelar algún dato. Ni el cantante irlandés Bono, que esperaba para salir al escenario del Estadio Único esa noche, tuvo tanta prensa como el brujito.

Sus expresiones

En un momento comenzaron las corridas, una mujer se acercó y les avisó a los periodistas presentes en la casa de Manuel que “los de adelante son sus custodias, él viene atrás”. Pocos después estábamos charlando con un hombre que hacía casi veinte años que no daba una nota.

Todo el tiempo se lo sintió estresado por la situación, sufriendo el “favor” que la noche anterior le había hecho Chiqui Tapia al saludarlo. Era de manual, la primera pregunta tenía que ser sobre sus talentos.

"Veo las cosas. Nada más. Siento orgullo de hacer lo que hago y no me arrepiento", respondió. Consultado sobre como se gana la vida, el brujo dice que “atiendo a 800 o 900 personas por día y te dan 10 pesos, con eso vivís. La gente trae todos los problemas, amor, salud, de enfermedades. Por tristeza, angustia, depresión”.

Sobre el equipo de Jorge Sampaoli explicó que “siempre veo, veo todo. Estaba mal la Selección, había unas cosas hechas que no podían hacer goles. Fui, destrabé eso y nada más, listo”, afirmó con naturalidad.

Manuel dibujó dos arcos con la mano y exclamó: "¡Papá, jugaban bien pero no hacían goles! Ustedes lo vieron: venían jugando pero no hacían goles. Bueno, yo fui, destrabé eso y nada más”.

Y continuó su relato. “Con mis oraciones ayudé al equipo, y salió bien para la Argentina, porque venía mal. Yo no vi a los jugadores, hice lo que tenía que hacer calladito. No te voy a decir lo que hago. Es lo mismo que vos, que sos periodista, yo no te voy a descubrir lo que vos hacés. Ustedes hacen su trabajo y yo el mío”.

Cuando insistimos sobre la técnica que utiliza para hacer sus sanaciones, explicó que “voy, camino un cachito por ahí, por el vestuario, hago lo que tengo que hacer y nada más. Listo. Nadie me ve. Yo a los jugadores no los vi. Hice lo que tenía que hacer calladito (frase que repite), después me fui arriba, a la tribuna”, indicó ya con hartazgo

Sus apreciaciones

Según el brujo Manuel, la mala racha de la Albiceleste venía a raíz de una promesa quebrada por la Selección hace muchos años, pero también que "Brasil le dio duro para que no salga campeón contra Alemania".

Sobre el enfrentamiento de Argentina ante Ecuador, vio el partido en el palco con un campeón mundial de 1986, el Cabezón Oscar Ruggeri. Se quedó quietito, solo, no habló con nadie.

En nuestra conversación, tuvo unas palabras para el máximo ídolo del actual Seleccionado nacional, Lionel Messi, de quien dijo: “Es un ser humano que se merece todo. No hay que hablar mal de él, al contrario. Cuando no podía hacer goles sufría y lloraba. ¿Cómo no va a llorar el alma de él al querer hacer y no poder? Ahora gracias a Dios se le abrió el arco”. Pocos segundos después, se quiebra: "Nunca soñé esto. Todavía no puedo despertar del sueño".

Cansado y con ganas de abrazar a su familia tras regresar del viaje, un Manuel que mantuvo en todo momento la calma disparó: "Ya está. Después si querés saber, vení vos y te atiendo fuera de todo esto", y ya estuvo. Y se encerró en su vida, la de siempre, la que mantuvo hasta que, por imperio de la necesidad, algún allegado al equipo argentino le solicitó sus servicios.