Por Florencia Bombini
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Los tiempos cambiaron. La tecnología avanzó, los hábitos son otros y el día a día de los chicos no es el mismo que veinte años atrás. La escondida, el elástico, jugar a la pelota en la calle son costumbres desconocidas para las nuevas generaciones, que hoy mantienen otro estilo de vida.

Redes sociales, WhatsApp, PlayStation, YouTube, todo el entretenimiento es a través de una pantalla. Y esto viene de la mano de graves consecuencias como el sedentarismo, una término muy repetido por los profesionales para evitar que los chicos caigan en él.

Este nuevo modo de vivir genera grandes alertas en los médicos, dado que la adicción a lo virtual, sumada a una mala alimentación y la ausencia de la actividad física en los niños, tiende a incrementar diferentes patologías, según informó la Federación Argentina de Cardiología (FAC), que afirma que el estrés también afecta a los más chicos.

Entonces, esto hace que se pueda hablar de “nuevas enfermedades”, de síntomas conocidos que no necesariamente tienen una causa orgánica estructural. Al respecto, la doctora Sandra Romero (MP Córdoba N° 21400, MP Neuquén N° 6848 y MP Río Negro N° 7126), médica cardióloga infantil, especialista en hemodinamia y ex presidenta del Comité de Cardiología Pediátrica de dicho organismo, sostuvo que “irritabilidad, terrores nocturnos, falta de aire, palpitaciones, taquicardias, son síntomas que los especialistas estábamos acostumbrados a tratar como manifestaciones secundarias de alguna enfermedad de base. Pero hoy sabemos que muchas veces la solución pasa por disminuir la situación de estrés que el niño está atravesando”.

Asimismo, la profesional explicó que hay determinados hábitos diarios de los menores que hacen que terminen en un consultorio con sus padres: “Hay un montón de enfermedades que vienen de pasarse entre seis y ocho horas diarias frente a una consola de videojuegos: constipación, palpitaciones, dolores en las piernas, trastornos del sueño y, muchas veces, una situación de mayor vulnerabilidad emocional en sus relaciones”.

La sobreadaptación

Pero, ¿qué es el estrés? Es una reacción natural que predispone al organismo a la acción, y por lo tanto no es malo en sí mismo. Las tensiones emotivas a la hora de rendir un examen, querer ganar en un juego o enfrentarse a una situación novedosa son pasajeras, son parte de la vida misma y es necesario experimentarlas.

Lo patológico se da cuando los niños se ven obligados a sobreadaptarse a situaciones que no pueden resolver, porque les son transmitidas por su propia familia o su ámbito cotidiano.

“Algo que la persona no puede tolerar y que se vuelve persistente en el tiempo, y que enferma tanto a un chico como a un grande”, señaló la doctora Romero.

Las situaciones de bullying, las sobreexigencias impuestas por el medio escolar o familiar, a veces presentes también en los ámbitos de juego por la presión hacia la competencia que suele existir en los clubes donde se practican deportes, la discriminación y otros problemas imbricados en la vida cotidiana, a veces invisibilizados por la propia rutina que los hace parecer “naturales”, tienen peso propio en la salud y manifiestan, incluso, su propia sintomatología, explicó esta especialista.

Recolección de datos

Entonces, este panorama implica que cuando un niño llega a un consultorio, el médico deba realizar una anamnesis (recolección de datos) de manera cuidadosa y detallada. “Nosotros debemos ser capaces de realizar interrogatorios ampliados para encontrar la base del problema, porque si el niño tiene palpitaciones pero el electrocardiograma da un resultado normal, se vuelve a su casa, pero con un problema. Para hallar la causa es necesario preguntar cómo duerme el niño, cómo se lleva con sus compañeros en la escuela, cuáles son sus hábitos, aunque eso lleve más tiempo del que normalmente demoran las consultas”, explicó la doctora Romero.

Situación familiar

La otra cara de este fenómeno tiene que ver con la influencia del estrés en la salud de los chicos, que desde luego, trasciende el ámbito particular de cada familia: “Está claro que unas condiciones socioeconómicas deficitarias en edades tempranas predisponen a un mayor riesgo enfermedad cardiovascular en la adultez”, señaló el doctor Gustavo Alcalá, médico cardiólogo, actual secretario de la FAC.

Y agregó: “La interacción entre el entorno vivido en la niñez y la trayectoria de los factores de riesgo con sus consecuencias cardiovasculares influye en la adopción y el mantenimiento de los comportamientos relacionados con la salud”.

Según el doctor Alcalá, existen factores sociales que influyen en esto: “Además de ser obvio que los chicos en condiciones de pobreza y mala alimentación sufren mayores niveles de estrés crónico, hay estudios, por ejemplo, que relacionan el tipo de ocupación y el nivel educativo de los adultos con el índice de masa corporal, fibrinógeno, tabaquismo, sedentarismo, consumo de alcohol, niveles de presión arterial y colesterol en sangre de sus hijos”.

Pero ese condicionamiento, coinciden los especialistas, no implica que no haya acciones posibles –a nivel de cada familia y a nivel de la sociedad– que permitan revertir esas tendencias. Son múltiples los factores que pueden generar estrés en los chicos y, por ende, diferentes enfermedades. Por ello, es importante no desatender las conductas de los niños. Es decir, advertir y no “naturalizar”.