Por Gilberto Manuel Ortega
paranormales@cronica.com

Sin duda no existe nada más atemorizante que una figura fantasmal en forma del ser más inocente: un niño. Esto, debido a que muchas culturas asocian a seres malignos que toman esta forma pura e indefensa para causar mal a las personas. Otras, en cambio, consideran que son el alma de niños que tuvieron una muerte muy prematura y no pueden descansar en paz y hay los que aseguran que esta forma inocente puede ser tomada incluso por el mismo diablo.

Algo muy similar a lo que se puede ver en el filme “La última tentación de Cristo”, donde un chico asume la forma de un ángel consejero de Jesús, hasta que al final se revela que es el mismo demonio. Justamente, se puede encontrar una historia similar en la leyenda relatada por un habitante del pueblo de Todo Santos, La Paz, en la región de Baja California, México, que sucedieron hace más de 40 años y que aún a veces acecha.

Imagen de como era La Paz con antiguos edificios y poca iluminación de noche.

Una narración comienza con el regreso a casa de un hombre, casi a medianoche. Hay que tomar en cuenta que estos sucesos acontecieron hace más de 40 años, así que generalmente el traslado de un lugar a otro era de a pie. Además, en aquel entonces casi no había luz eléctrica en muchas calles, así que la penumbra y el silencio nocturno eran mayores en Todo Santos.

Hasta que de pronto el hombre observó a un niño cerca de un canal de riego. Instintivamente preocupado al ver que el chico se podía caer y ahogar, salió corriendo, pero al llegar frente a él, vio que tenía ojos rojos, dientes grandes y como cuernos en la frente. El hombre salió corriendo, asustado al llegar a su casa les contó lo sucedido a sus familiares, quienes le dijeron: “Ese niño es el mismo diablo que sale a llevarse gente por las noches”. El hombre contó entonces que ya nunca volvió a salir solo tan de noche por las calles del pueblo.

Posible origen

Esta leyenda, con variantes, probablemente tiene su raíz ante el temor de esa época a tener hijos con malformaciones o a la muerte prematura de niños, que era algo frecuente en aquellos tiempos. Incluso en ese entonces, el ver un pequeño con malformaciones podría ser causa de temor o incluso superstición, lo cual provocaba el aislamiento de los más chicos que tenían la mala fortuna de nacer con alguna deformación física, como podría ser un labio leporino, que actualmente puede corregirse considerablemente con una simple cirugía.

En cambio, por entonces generalmente los padres preferían mante nerlos ocultos durante el día, para evitar los señalamientos y las críticas, y los dejaban salir durante las noches, cuando ya no había gente en las calles. Pero estos niños crecían con sus malformaciones y aún así permanecían ocultos, con la disciplina impuesta por aquellos padres. De ahí el riesgo de toparse con alguno de ellos cuando anochecía, confundiéndolos con fantasmas o seres de ultratumba.

Apariciones recurrentes

Las continuas apariciones de El Niño que Enseña los Dientes en La Paz tiene variados relatos y no todos son iguales. Algunos se pueden leer en “La Paz de antaño, relatos, cuentos, leyendas y anécdotas”, escrito en 1973 por el autor mexicano Rogelio Olachea Arriola. Uno de estos textos, muy impactante, es el siguiente, que publicamos en forma textual:

 “Una vez, en altas horas de la noche, caminaba por la calle Reforma una señora de condición humilde y sus pasos eran lo único que se escuchaba en esa soledad. Al llegar al cruce de la calle Ramírez, donde se encontraba la tienda de los descendientes de don Martín Avilés, vio que venía a su encuentro un niño de aparentes 7 años, el cual pasó de largo sin tomar en cuenta en lo más mínimo a la señora. La luna llena iluminaba absolutamente todo el lugar y la mujer vio cómo el niño se ocultaba en la sombra de una casa; como estaba de espaldas, le preguntó: ¿Qué haces aquí niño?. Te llevaré a tu casa con tu mamá. El niño no respondió nada, entonces volvió el rostro y enseñó a la señora unos enormes dientes y una sonrisa macabra, sin ojos y con una cara brillante como la losa. Entonces el fantasma se desvaneció en medio de unos ruidos extraños y la señora se desmayó”.

Poco después, la mujer señaló que al despertar se encontraba rodeada de muchos curiosos, los cuales huyeron cuando les contó lo que le había sucedido. Por esa época se siguieron relatando apariciones del fantasma del infante, siempre con variantes, incluso algunos llegaron a afirmar que en el lugar se encontraba un tesoro enterrado y eso ocasionaba tal aparición.

¿Desapareció?

Dicha leyenda se ha ido apagando paulatinamente, por la urbanidad y el bullicio de la ciudad, las luces que todo lo iluminan y nuevas generaciones que parecen despreocuparse de tales historias. Aunque, si llega a viajar al noroeste mexicano y recala en Baja California y recorre Todo Santos, en La Paz, recuerde que si usted llega a circular solo por las calles en la zona centro, deberá tener cuidado porque El Niño que Enseña los Dientes cada tanto reaparece. Y puede estar al acecho.

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