Por Gabriel Arias
salud@cronica.com.ar 

Todo tipo de hipertensión suele traer dificultades a nuestro organismo, algunas de carácter curable y con diversos tratamientos, y otras de manera casi desconocida o mal diagnosticada, que pueden llevar a un trágico desenlace.

Una de estas enfermedades es la hipertensión arterial pulmonar (HAP), que tiene una tasa de mortalidad alta y debe ser considerada por pacientes y profesionales.

La hipertensión arterial pulmonar es una enfermedad crónica y progresiva que se caracteriza por el aumento de la presión en las arterias pulmonares. Dichas arterias se vuelven más estrechas, dejando menos espacio para que circule la sangre, por lo que de no ser diagnosticada y tratada a tiempo puede dar lugar a una insuficiencia cardíaca, una de las causas más frecuentes de morbi-mortalidad en este tipo de pacientes.

Opinión autorizada

“Es importante diferenciar la hipertensión común de la hipertensión pulmonar. Lo que se conoce como hipertensión arterial común es una patología muy prevalente que aumenta con la edad; es la hipertensión que nos miden cuando nos ponen el manguito, el tensiómetro en el brazo. En cambio, la hipertensión arterial pulmonar se trata de una enfermedad rara que afecta la vasculatura pulmonar”, señaló el doctor Nicolás Atamañuk (jefe de Insuficiencia Cardíaca e Hipertensión Pulmonar del Hospital Austral y Responsable de Hipertensión Pulmonar en el Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández).

Es importante saber que la hipertensión arterial pulmonar tiene un fuerte impacto en la calidad de vida de las personas, ya que quienes viven con la enfermedad se fatigan y agotan ante situaciones cotidianas como lavarse los dientes o caminar dentro de la vivienda, y pueden sufrir mareos o episodios de desmayos.

Estos síntomas se van agravando con el paso del tiempo y se presentan con mayor frecuencia a medida que la enfermedad avanza, incapacitando paulatinamente a quienes la padecen hasta que dejan de llevar una vida normal para permanecer en reposo permanente.

Los síntomas son solapados y comunes a muchas enfermedades y se presentan en pacientes de todas las edades incluyendo los jóvenes. La consulta y el diagnóstico se suelen hacer en forma muy tardía. Datos epidemiológicos estiman que la hipertensión arterial pulmonar tiene una prevalencia de 5 a 25 casos y una incidencia de 1 a 2,4 casos al año, en ambos por cada millón de habitantes. Pese a que puede presentarse a cualquier edad, es más frecuente en mujeres, viéndose estas afectadas dos veces más que los hombres, y usualmente suele manifestarse entre los 30 y los 60 años”, agregó.

Cuestiones asociadas

Dicho mal puede producirse por causas desconocidas o hereditarias, asociarse al uso de cierta medica ción para adelgazar o a cardiopatías congénitas presentes al momento del nacimiento; también en pacientes que padecen otros males como trastornos del tejido conjuntivo (esclerodermia, lupus), infección por VIH o enfermedad hepática crónica (cirrosis), entre otras. Se resalta que la detección precoz conlleva mejores resultados en su tratamiento.

Sin embargo, es una enfermedad difícil de diagnosticar, pudiendo demorarse desde el inicio de los síntomas hasta su diagnóstico alrededor de dos a cuatro años. “Es una enfermedad progresiva, que avanza permanentemente y que si no es diagnosticada de forma correcta, el tratamiento va a ser inadecuado. Si bien es una enfermedad que no tiene cura, el diagnóstico precoz y correcto va a permitir una mejor evolución. La buena noticia es que hoy existen tratamientos que cambian el curso de la enfermedad y mejoran la calidad de vida de los pacientes.”, relató Atamañuk.

Una enfermedad incapacitante

Debido al perfil de sus síntomas y la limitación que su avance puede generar en las actividades diarias, la hipertensión arterial pulmonar es una enfermedad incapacitante.

Un relevamiento realizado a nivel mundial sobre el impacto de la enfermedad en pacientes y cuidadores demostró que: 1) más de la mitad (56%) de los pacientes y una proporción similar de cuidadores (57%) afirmaron que la enfermedad tuvo un impacto “significativo” en su vida diaria, asociado al avance de los síntomas; 2) empleo, trabajo e ingresos surgieron como áreas de particular preocupación para ambos. El 85% de los pacientes y el 29% de los cuidadores dijeron que su trabajo se vio afectado por la enfermedad; 3) casi tres cuartos (73%) de los pacientes afirmó que su ingreso se redujo a partir de las consecuencias de la enfermedad; 4) muchos pacientes y sus parejas confirmaron que sus vidas sexuales se vieron severamente afectadas; 5) más de la mitad (55%) de los pacientes y un tercio de los cuidadores informaron sentirse aislados por falta de comprensión de la enfermedad, y 6) casi el 25% de los cuidadores se sintieron estresados al cuidar a sus familiares y cumplir en paralelo con sus otras responsabilidades, lo que aumentaba con la evolución de la enfermedad.

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